«El acoso en mi perfil o en el de Víctor ha sido constante, aunque descendió desde la muerte de Bimba Bosé»

«Ojalá se legisle para que esa gente no se base en el anonimato», afirma Raquel Sanz, viuda de Víctor Barrio

La familia de Víctor Barrio muestra su satisfacción contenida por el anuncio de la Fundación Toro de Lidia de interponer una batería de demandas contra todas las personas identificadas por la Policía y la Guardia Civil. El anonimato de las redes sociales no les ha servido para escapar de la justicia, esperan los allegados del malogardo diestro. Su viuda, Raquel Sanz, se felicita por la labor del colectivo taurino, de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y por aficionados y particulares que siguen mandándole ánimos diez meses después de la fatal cornada. Y es que el acoso en las redes sociales no ha desaparecido. Ayer mismo recibía otro insulto.

Tanto la labor de identificación que ha ayudado a «desenmascarar a los cobardes» que se escondían detrás de un perfil anónimo, como el planteamiento de una ofensiva judicial, ya con nombres, apellidos y domicilios, vienen a demostrar «que hay cuestiones que son ilegales en las redes sociales y que no por ocultarlas vale todo».

Raquel Sanz quiere que ahora, quienes hayan cometido un delito, «respondan ante la justicia». Recuerda la conversación que mantuvo por teléfono con Mariano Rajoy, cuando el dolor por la muerte de su marido estaba reciente y se agravaba por el caudal de insultos y vejaciones difundidas en Internet. Entonces, pidió al presidente del Gobierno que se persiguieran estos comportamientos y le reclamó la regulación de los mensajes que se difunden a través de las redes sociales.

En estos diez meses de denuncias y de investigación, insiste en manifestar su deseo: «Ojalá se legisle para que esta gente no se base en el anonimato» para verter sus injurias sin aparente impunidad. Hace hincapié en que «la comunicación y sus medios han cambiado», por lo que «las leyes también han de adaptarse» a esa nueva coyuntura para «garantizar el mismo respeto que hay en una conversación en la barra de un bar, en la calle o en el parque».

«Durante muchos meses, a diario, se han vertido comentarios ofensivos en mi perfil o en el del propio Víctor», subraya la persistencia de la crueldad anónima. Sin embargo, matiza que «la frecuencia del acoso descendió desde el fallecimiento de Bimba Bosé».

Con un tono en el que solapa la indignación con la ironía, la joven confiesa que «me llama la atención que cuando he recibido esos comentarios en las redes sociales, lo he reportado a Twitter o Facebook; pero simplemente me dan las gracias por colaborar y añaden que no pueden intervenir porque no infringen ninguna de sus normas». Está convencida de que estas empresas «tendrán que revisar sus reglamentos, aunque la regulación debe venir de lo más alto, de estancias mayores, de la justicia española».

En referencia a lo ocurrido con su marido y, por extensión, con el gremio taurino, apostilla que «la incitación al odio está estipulada en ciertos casos como la religión o la raza, pero no por ejercer una profesión. Habría que sentar una jurisprudencia y actualizar el Código Civil».


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