La ‘Noche en Blanco y Negro' supera todas las expectativas y llena Sepúlveda

La primera edición de ‘La Noche en Blanco', celebrada en la tarde-noche de ayer en Sepúlveda e impulsada desde el Área de Cultura y Juventud de la Diputación, hace predecir que vendrán muchas más detrás, después de haber cosechado un éxito total y atraer hasta la villa a miles de personas.

Durante cerca de seis horas, las notas de piano invadieron cada rincón de una Sepúlveda que, gracias a la colaboración de Ambientair, que prestó centenares de velas para la ocasión, lució más bonita aún si cabe según fue cayendo la noche.

El público fue descubriendo y redescubriendo a lo largo de toda la velada los cuatro pianos de cola situados en la Plaza de España, el Museo de los Fueros, la Iglesia del Salvador y el Santuario de Nuestra Señora de la Peña, cuyos alrededores también acogieron el concierto final ofrecido por once pianistas profesionales que anteriormente se habían ido alternando en los distintos instrumentosdesde las 20:30 horas.

De forma previa a la participación de estos músicos profesionales que pusieron el broche a la ‘Noche en Blanco y Negro', la villa ya había experimentado el sonido de los jóvenes aprendices. Y es que alrededor de una veintena de alumnos del Conservatorio de Música de Segovia, y varios espontáneos más, quisieron aprovechar la hora de piano libre dispuesta en el programa para dar a conocer su talento.

La implicación de la gente que llenó Sepúlveda fue esencial en el transcurso de una noche en la que vecinos y foráneos pudieron descubrir la pasión a la hora de tocar de Lorenzo Moyá, la elegancia de Andrea García o Puerto González o la majestuosidad de la voz de Haydeé Arizala.

Durante las más de cinco horas de música sonaron boleros, fandangos, bulerías, farrucas, escenas románticas y piezas fácilmente reconocibles para cualquier oído. Las notas de Albéniz o Granados se alternaron con las de otros grandes maestros como Paco de Lucía, y durante el recital final se llegaron a escuchar temas tocados a cuatro, cinco y seis manos, y creaciones propias de los participantes como el ‘Inspirao' de Pablo Igualada o la ‘Sonata a la luz de las velas' de Luis Fernando C. Macías, una elección muy propia para la ocasión.

 

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