Segovia, frontera y repoblación

Desde esta ciudad hoy Patrimonio de la Humanidad es difícil aproximarse al estado de semiabandono de lo que era Segovia en 1085, cuando la conquista de Toledo por Alfonso VI permitió poblar y anexionar toda la frontera del Duero al reino de León.

Es cierto que en las últimas décadas, estudios basados en una investigación crítica de las fuentes arqueológicas y toponomásticas han dejado arrinconadas visiones legendarias de Segovia en los siglos altomedievales anteriores al XI. En este sentido, los estudios arqueológicos desechan el vacío demográfico, el abandono total de la ciudad tras el 711, destacando una pervivencia más o menos residual, pero continuada, que no generó una producción urbana y cultural con perfiles de una comunidad floreciente. Más bien, era “una ciudad con escasa densidad y de aspecto rural” pero de la que da testimonio el uso del “acueducto subterráneo” por sus habitantes (Martín Blanco), similar al resto de asentamientos de la frontera.

Esta poca relevancia de Segovia también se expresa por su ausencia en fuentes documentales cristianas de estos siglos y aún más en las fuentes musulmanas durante el dominio de Córdoba. Así se comprueba cómo Almanzor (977-1002) con más de cincuenta campañas contra las ciudades cristianas desde Santiago hasta Barcelona, no dirigió ninguna contra Segovia, ni se la menciona. Tampoco en las aceifas contra las principales villas al sur del Duero, ya repobladas por Ramiro II, como son las de Cuéllar (977), Salamanca (977), Ledesma (978), Sepúlveda (979), Simancas (983), (Sacramenia (983), Portillo (989).

Segovia no fue objeto de ninguna campaña de Almanzor, lo que habla de su escasa importancia como centro urbano y de nulo peligro. Es posible que la fundación de Madrid y Talamanca por Muhammad I en el siglo IX, controlase e impidiese cualquier protagonismo segoviano. Hasta que Toledo no fue conquistada, Segovia permaneció en la frontera como lo demuestra la aceifa del rey toledano Al-Mamun en el año 1071.

No mejor documentada se encuentra la repoblación de Segovia, proceso por el que se incorporó a la corona de León. De éste habla el fuero de Sepúlveda y hablaría el posterior “Primer fuero” de Segovia, no conservado, similar a otros como los de Cuéllar, Peñafiel, Sacramenia, Íscar, Portillo, repobladas por primera vez tras la victoria de Ramiro II en Simancas en 939. El esfuerzo investigador se ha dirigido especialmente a la repoblación por segovianos de la Trassierra a partir del siglo XII.

Ya durante el reinado de Fernando I y Sancha de León (1037-1065), es muy probable que al amparo del fin del califato andalusí (1031) y de la estabilidad del reino leonés, grupos de pobladores se asentaran en Segovia. Ha de tenerse en cuenta que las grandes villas al sur de Duero medio, de Olmedo a Maderuelo, habrían consolidado antes su segunda repoblación y no hay que desdeñar a fronterizos que desde aquí buscaran nuevas tierras más al sur y más altas, a medida que se debilitaba la frontera andalusí sobre las cumbres del Guadarrama y Gredos.

Ha de tenerse en cuenta que Segovia no formó parte del Condado de Castilla y que cuando los obispos “in partibus infidelium” la añoraron en el siglo X, se hizo desde Simancas, guardiana del Duero, tierras del Condado de Monzón. Su repoblación se logra al tiempo que el condado castellano mudaba a reino cuyo titular ya era Alfonso VI de León, entre los siglos XI y XII, tiempo en que la nueva frontera del Tajo estuvo en un desequilibrio constante, convirtiéndose Segovia en un centro de resistencia y baluarte, foco generador de caballeros y gentes de armas, lo que favoreció su fortalecimiento urbano, eclesiástico y social.

Hasta el presente, la historiografía exhibe como hecho establecido que la repoblación de Segovia fue dirigida por Raimundo de Borgoña, por encargo de Alfonso VI, tras los acontecimientos de 1085-1088. Esta repoblación no se refiere a la progresiva y discontinua llegada de grupos, en una repoblación espontánea, que se sumaron a la población segoviana anterior, residual. Ésta no se puede ponderar cómo se desarrolló ni cómo le afectó el fluir de los grandes acontecimientos que en lucha por el territorio generaron el reino leonés y el califato cordobés.

Aunque Alfonso VI encomendara repoblar toda la cuenca sur del Duero –Segovia, Ávila, Salamanca- a Raimundo de Borgoña, por el hecho de ser el futuro esposo de la entonces única heredera la princesa Urraca de León, es difícil documentar que lo realizara él solo, como lo sugiere la historiografía del reinado de Alfonso VI.

Cuando llegó en 1087, era un joven guerrero de diecisiete años, sobrino de la reina Constanza, con un desconocimiento total de la corte, de los problemas del reino que le acogía y de los procesos pobladores en la frontera. Su primera presencia documentada es de 1092, relacionada con su gobierno en Galicia, lo que constata el escaso desarrollo investigador en torno a esta faceta pobladora de Raimundo de Borgoña, quizá por carencia documental y por la importancia de su protagonismo en la sucesión de Alfonso VI y su gobierno en Galicia con la princesa Urraca entre 1090 y 1107.

Entre la repoblación de la última frontera del Duero y el acceso de Urraca y Raimundo al gobierno de Galicia, la corte estuvo dominada por el problema sucesorio debido a la falta de un heredero varón; por la lucha contra el nuevo poder enemigo de los almorávides que detuvo el avance leonés en el Tajo; y del esfuerzo por la hegemonía leonesa en el norte cristiano y entre las taifas musulmanas. Esta coyuntura hacían difícil que la repoblación emprendida por Raimundo fuera de ciclo largo: Elección de destino, búsqueda de pobladores, traslado, asentamiento, reparto de tierras y gobierno local. Como una repoblación ex novo.

Solamente era posible si esta repoblación suponía un proceso reorganizador de los asentamientos al sur del Duero, que mediante un pacto con la monarquía leonesa –el fuero- los pobladores la reconocían a cambio de protección real, autogobierno y propiedades. Esto favorecería la llegada de nuevos pobladores que se arriesgasen a vivir en Segovia cuando la guerra con los almorávides y las derrotas de Alfonso VI en Sagrajas, Consuegra y Uclés, estuvieron a punto de hacer saltar la frontera y volver a situarse en las cumbres de las sierras carpetanas. La repoblación de Segovia estuvo ligada a toda esta coyuntura.

Este proceso más institucional, por lo perentorio del momento, era el único posible de realizar por Raimundo de Borgoña, como representante real pero asesorado por nobles de la Curia Real. Éste, en una hipótesis, podría ser Pedro Ansúrez. Es muy significativo que este conde, primer noble del Aula Regia durante décadas, fuera tutor de la princesa Urraca y cabeza del partido pro Raimundo de Borgoña en la brega palaciega por la sucesión de Alfonso VI. Se ha afirmado que este noble pertenecía a la nobleza “europeizante, pro-navarra y cluniacense”, poseedor de numerosas propiedades civiles y eclesiásticas en tierras del alto Carrión y Pisuerga, en la Tierra de Campos y del Cea, “tenente” de Valladolid, Simancas, Portillo y Cuéllar.

Parece apoyar esta hipótesis el hecho de que el documento más antiguo conservado en el Archivo de la Catedral de Segovia sea una donación de este conde de fecha 1115; que Pedro Ansúrez conocía perfectamente la frontera del Duero desde mediados del siglo XI; que Alfonso VI le encomendó la tutoría de la princesa Urraca por lo que Raimundo de Borgoña tuvo estrecha relación con Pedro de Ansúrez. También hay que apuntar que la celebración del matrimonio entre Urraca y Raimundo tuvo lugar Santa María de Monzón de Campos, donde Pedro de Ansúrez actuó de anfitrión como señor de la villa.


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