Pedro de Frutos Cristóbal y Miguel Velasco Postigo: POPstigos Rock

Los suyo no fue premeditado pero se encontraron formando un dúo que terminó por gustarles y prepararon más de 60 canciones que comparten con un público entregado. Sus familias han sido las impulsoras para que encontraran la música en su vida y ya no pudieran desprenderse de esa atracción que les hace olvidarse y disfrutar con los demás.

Sepúlveda es su centro de operaciones y allí les encontramos, en un local familiar situado en una de las calles más acogedoras de Sepúlveda. Juntos, con la batería, la guitarra y la voz de Pedro, logran esa magia de versionar canciones y hacerlas suyas.

¿Cómo y dónde os aficionasteis a la música?

Pedro: “Yo lo tengo relativamente sencillo porque es familiar. Desde pequeñito he escuchado música con mi padre, grupos de los 80 y 90 que escuchaba él y me han gustado a mí, como Fórmula V o Los Diablos. Con 10 años, empecé a tocar la bandurria en la Rondalla del pueblo y luego en la charanga ya con Miguel”

Miguel: “Yo creo que fue al apuntarme, como casi todos los chavales, a la Banda de Sepúlveda con 9 años. También me apunté al equipo de fútbol y, muchas veces, cuando los chicos iban al partido, yo tenía que ir a ensayar o no me gustaba. Como no hay mucha gente que toque la percusión, tenía que dar la cara, ir a todas las actuaciones. Casi sin saber, tenía que tocar los pasodobles en las Pucherillas o en los Toros, yo solo o con Mario”.

¿Cuándo comenzasteis como dúo y por qué?

“Fue un poco curioso porque nunca lo habíamos comentado entre nosotros. Hace tres años, los Encierros Infantiles celebraron el 25 aniversario y querían hacer una fiesta que durase todo el día en la plaza con gente del pueblo y nos propusieron que preparásemos unas cuantas canciones y actuáramos juntos: uno cantando con la guitarra y otro con la batería. Así empezamos. A raíz de ahí, lo pasamos bien y decidimos juntarnos de vez en cuando a ensayar”.

¿Por qué el nombre?

“Los dos somos Postigos, somos familia y el pop rock por el tipo de música que hacemos”.

¿Cómo visteis esa primera actuación? Porque la gente estaba entusiasmada.

“Fue un recibimiento muy bueno, muy agradable. Fue tocar por primera vez en un escenario y nos encantó la experiencia”.
A partir de ahí, vino su primer “bolo” en Grajera y siguieron otros en Cedillao, Urueñas, Castroserracín y los bares de copas de Sepúlveda hasta dar el salto a Madrid donde llenaron.

¿Cómo surgen las actuaciones?

“En nuestras páginas de Facebook e Instagram se ponen en contacto con nosotros y a través de amigos y compañeros. Estamos abiertos a todo pero somos conscientes de nuestras limintaciones”.

¿Cómo es vuestro repertorio?

“Empezamos con canciones de los 80 y 90 que pudieran gustar a la gente y así seguimos aunque ahora también hacemos versiones de grupos más conocidos.

Tenemos más de 60 canciones ensayadas. Estamos renovando y volviendo a cantar algunas. Dependiendo del ambiente, tiramos a grupos más actuales o los de toda la vida. También preparamos repertorio específico para fiestas sobre una década concreta o una pre-boda pero tenemos diez o doce que sabemos nunca fallán”.

¿Qué os traéis ahora entre manos?

“A los sitios que vamos nos suelen llamar al año siguiente. Buscamos sitios que nos cuadren que no estén lejos de Sepúlveda o tenga sonido propio porque hay que venir aquí a por el equipo. También nos gustaría volver a tocar en Madrid.

¿Qué papel juega Sepúlveda en vuestro dúo?

“El 80% de las actuaciones son aquí. Es nuestra casa. Aquí ensayamos las pocas veces que nos juntamos y tenemos todo el equipo”.

Los ensayos, sobre todo con la batería, son difíciles fuera de este local. A Miguel le gustaría llevársela a su piso compartido de Madrid pero piensa que daría mucha guerra y se tienen que conformar con tocar en el club de música de la universidad donde estudia Ingeniería Aeroespacial.

Pedro lo tiene más fácil aunque su problema es la falta de tiempo libre con un trabajo intenso de comercial y su vida familiar con una niña pequeña.

La hora de la actuación y los espectadores imponen. Al principio siempre cuesta más, sobre todo a Miguel: “De pequeño me ponía muy nervioso, pero ahora solo un poco antes y es un nerviosismo bueno”.

Bueno porque es un público entregado, dispuesto a divertirse, a cantar y a crear una energía y disfrute sanos. Allí está su familia cuando puede, apoyándoles, llevando esa camiseta que, un siempre despistado Miguel, a veces ha tenido que pedir prestada a su madre, tras un “No me la pierdas”.

Desde la batería su mirada entre tímida y traviesa se entiende y sincroniza con la de Pedro a la guitarra, que destila madurez y seriedad y lidera con su voz este dúo vital.

¿Cuándo estáis en el escenario, qué dais y qué recibís más?

Nos gusta cuando ves a la gente implicada y te pide otra. Cuando tocamos ciertas canciones y está todo el mundo cantando, te quedas alucinado… Absorbes la energía de la gente y estás, más que tocando para ellos, tocando con ellos, disfrutando con ellos. Tu cerebro está plenamente enfocado a eso, te dejas llevar, te olvidas de todo, problemas personales o de trabajo, y la gente igual. Es simplemente disfrutar, son más sentimientos que pensamientos y esa alegría te la llevas”.

Después de 2 horas y 30 ó 35 canciones, después de esa evasión compartida… es hora de recoger y recordar a ese niño que dejaron tocar, a esa persona mayor desconocida que insistía en cantar y sobre todo ese pasarlo bien.

Para terminar, nos regalan dos canciones que nos transportan a esas actuaciones en las que jóvenes como ellos se llenan de sensaciones y lo pasan bien gracias a la música que crean con una guitarra, una batería y una voz que llenan la noche. 

 

Artículo escrito por Estrella Martín Francisco para El Nordeste de Segovia, noviembre de 2019

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