Un viaje a la Sepúlveda del pasado

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Es una delicia oírle hablar. Siempre se aprende algo de él. La noche del jueves, en la librería Ícaro de Segovia, Antonio Linage Conde (Sepúlveda, 1931) presentó su última obra, ‘El Hospital de Sepúlveda y la Cofradía de la Cruz’. (Bueno, última, última... no exactamente, porque en el horno tiene otra sobre el escultor Emiliano Barral y sus hermanos que promete). Posee Linage un verbo ágil y acelerado y es un pozo de sabiduría. Nada de lo que dice es huero. Presume de ser un «fanático» de su tierra, de las cosas de su villa, de su querida Sepúlveda, pero a la vez es hombre de mundo, de mirada inquieta y mentalidad abierta. Todo le interesa y a todo presta atención.

Su libro sobre el Hospital de la Cruz es una pequeña joya, especialmente para los sepulvedanos. Funcionó aquel hospital durante el Antiguo Régimen y daba cabida a forasteros y transeúntes, porque los vecinos eran atendidos en San Cristóbal, casa de expósitos y de caridad, mediante socorros a domicilio. El Hospital de la Cruz –se llamaba así por la cofradía del mismo nombre que lo sostenía– subsistió hasta mediado el siglo XX, aunque la cofradía fue suprimida cien años atrás, durante la Regencia de Espartero. Víctima de la fiebre desamortizadora de aquellos tiempos, la actividad del hospital fue decayendo a medida que la beneficencia provincial se hacía cargo de las atenciones que prestaba.

A través de una extraordinaria labor de documentación, Linage nos sumerge en la Sepúlveda de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, así como en el devenir de una cofradía similar a otras existentes en la villa, con su fiesta anual, la Cruz de Mayo, y su protagonismo en las procesiones de Semana Santa. Ese día a día le sirve al autor para reconstruir la historia local, pues rescata datos que revelan mucha información. En las actas consultadas aparece, por ejemplo, una primera mención al cordero asado, ahora emblemático y afamado. Es solo un indicio del interés del cronista oficial de Sepúlveda por conocer la vida cotidiana de nuestros antepasados.

Las defunciones en el Hospital de la Cruz fueron constantes y numerosas. Por ello, el libro de Linage es también una fuente para conocer esta parcela de la historia, la muerte, que tanto ha atraído a los investigadores en los últimos lustros. «Dicen que no se puede elegir la manera de morir, pero yo creo que, en cierto modo, sí lo hacemos; porque nuestra muerte está estrechamente relacionada con la vida que elegimos. Barral, por ejemplo, murió alcanzado por la metralla en el frente de Usera, en plena Guerra Civil. Es una muerte no elegida, pero aquella manera de morir que tuvo Barral sí tiene mucho que ver con su vida», reflexionó Linage durante la presentación, en la que estuvo acompañado de Juan Antonio del Barrio y Juan Luis García Hourcade, académicos de San Quirce, y Pablo Alonso, nieto de Tiburcio Alonso, recordado médico de Sepúlveda a quien Linage dedica el libro.

Por el origen de las personas acogidas en el hospital se corrobora la mayor intensidad de las relaciones de Sepúlveda con el norte de la sierra que con el sur, a pesar de la atracción de Madrid. De Cantabria y Galicia consta incluso la presencia de cuadrillas de canteros. El historiador sepulvedano ha elaborado el trabajo a base de fuentes inéditas, pues no existía ninguna biografía al respecto. Esas fuentes se encuentran en el Archivo Municipal, aunque también ha sacado Linage datos de los archivos de las iglesias y del Archivo Histórico Nacional. Un libro imprescindible.

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