200 niños emulan a Víctor Barrio en Sepúlveda

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«La tauromaquia, más que defenderla, hay que enseñarla». Esta frase, repetida en numerosas ocasiones por el torero fallecido el pasado año en la plaza de Teruel, Víctor Barrio, es el eje y el sentido del programa de la Fundación Toro de Lidia que lleva su nombre. Santander, Málaga, Huelva y Bilbao ya acogieron el proyecto de difusión de la tauromaquia, con el objetivo de acercar y enseñar a los niños la tauromaquia. Este domingo le ha tocado el turno a Sepúlveda, lugar de residencia del difunto torero, cuyo recuerdo sigue muy presente en todos sus vecinos y así lo han demostrado.

Más de 200 niños se han inscrito y participado activamente en los talleres que tuvieron lugar en los soportales de la plaza sepulvedana, ya que el cielo amenazaba con lluvia. Para una mejor organización, se ha divido a los jóvenes por edades. Los más pequeños han coloreado unas caretas de toros y toreros; el siguiente grupo se ha encargado de la fabricación manual de banderillas, y por último los niños a partir de diez años se han dedicado a confeccionar su primera muleta.

Con todo listo, algunos de ellos participaron en una demostración de toreo de salón a manos del novillero de la localidad, Eusebio Fernández y la novillera, Beatriz Gómez.

Por último, se sortearon treinta entradas entre los niños inscritos en el programa gracias a las que, los afortunados, han podido disfrutar de las faenas de por la tarde en el Mini Palco Víctor Barrio, acompañados de un profesional que les explicaba lo que ocurría en el coso del municipio. El único inconveniente fue la formidable tormenta que se desató minutos antes del comienzo del encierro infantil que fue suspendido.

Contra viento y lluvia

Lo que no se ha suspendido, a pesar de los elementos, es la novillada con picadores. Los truenos y la lluvia no han amedrentado al cartel ni a los taurinos que se han acercado a la plaza sepulvedana.

También se vieron algunos rostros conocidos que no quisieron perderse el evento como la popular chef televisiva, Samantha Vallejo-Nájera, acompañada de sus dos hijos, Diego y Roscón. Este último, gran aficionado del mundo taurino, fue la mano inocente del sorteo de entradas.

Se cumplió, así, el propósito que, en vida, tenía el torero de acercar la tauromaquia a los pequeños.

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