Ángel de Antonio Jaramillo: "Parte de la historia de la Cofradía de la Vera Cruz"

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Sentado en la mesa camilla de la tienda, al lado de la ventana, presenta una estampa entre el sosiego y la resignación. Su mirada parece ausente, quizá sus problemas de oído le hacen aislarse en muchos momentos pero su mente se mueve suelta hablando de su cofradía, la Veracruz, a la que dejó de acudir hace 3 años porque como dice: "Si llego, cumpliré 88 años en mayo y ya no puedo ir".
 
Quizá es de las personas más mayores que quedan en las cofradías, de los últimos de una generación que ha llevado el peso para que el pasado de estas asociaciones, se hiciera presente y merece nuestro reconocimiento y respeto.
 
En sus palabras están las personas que estuvieron unidas a la cofradía y sucesos que ha vivido o le han contado sobre el mundo que heredó de su padre, que fue alcalde antes que él y le decía siempre: "Te llegas por allí a ver si haces falta" y muchas veces hacía falta, me dice orgulloso. Recuerda muy bien su ayuda para la bajada de los pasos de Semana Santa desde el Salvador, para la oración en el Huerto eran necesarios dos tornos y la ayuda de Severino o la hermana de Andrés.
 
Nos explica que el nombre de Plagas, por el que también es conocida la Veracruz, viene de una que hubo en el campo y sacaron a la Virgen de la Peña en procesión por San Justo, Trascastillo hasta la sede de la cofradía y allí se murió la plaga.
 
Cuando se construyó la residencia de ancianos, cedieron la casa que tenían en ese terreno y que compartían con la cofradía de La Transfiguración del Señor porque, al tener la cueva en el Puente Grande, se quedaron sin ella al hacer la carretera. Las dos cofradías se trasladaron a la Casa del Señor donde actualmente comparten el lugar con el Carmen y el Corpus.
 
Precisamente cuando hicieron la residencia nos dice que se terminó con la figura de los veladores, que han estado presentes en las cofradías y se ocupaban de atender a las personas enfermas que no tenían familia. Cuando Ángel era abad, llevaba el turno de los hermanos a los que correspondía esta tarea.
 
Otra figura desaparecida en estas hermandades es las del casero que se ocupaba, entre otras cosas, de la limpieza del local después de la fiesta cuando el alcalde tocaba la esquila al anochecer para que los hermanos fueran a sus casas porque no había luz.
 
Recuerda con claridad que antes había dos esquilas en las cofradías para los entierros: una la tenía la cofradía del Corpus y la robaron; la otra, la Veracruz. Entonces su padre se la llevó a casa para que no corriera la misma suerte y allí la dejó. La tienda del Herrerillo, además de tener la esquila, es un apoyo para las cofradías por su cercanía con la iglesia de San Bartolomé.
 
Cogemos la pesada esquila que se libró de los robos y es como un símbolo fúnebre del rito de la muerte que, con su toque plañidero, acompaña el dolor de un pueblo.
 
Dejamos a Ángel con ganas de hablar, con historias que le han contado y que vienen de un tiempo indefinido, adentrándonos en este mundo mágico, de hermandad y misterio de las cofradías sepulvedanas.
 
Fuente de la noticia: Programa de Semana Santa de Sepúlveda Año 2018
 

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