El cuellarano que apresó a Juan Bravo

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A las puertas del quinto centenario de la Guerra de las Comunidades, sigue siendo debate recurrente qué significó en realidad el movimiento comunero derrotado en Villalar. Si fue una reacción de los privilegiados contra un monarca moderno o un ideal de lucha por la libertad y contra el despotismo.

Junto con la Revolución francesa, era el tema de las Comunidades delegado sistemáticamente por los profesores de Historia en sus alumnos para que estos lo prepararan por su cuenta. Así que a aquellas generaciones de las décadas finales del siglo pasado les costó la interiorización del auténtico significado de este hecho. Habiendo recurrido en este desamparo docente, como referente, al romance que escribió en 1972 Luis López Álvarez, luego musicado por el Nuevo Mester de Juglaría: 'Los Comuneros' y, dentro de esta obra, el 'Canto de Esperanza', himno oficioso de aquel naciente castellanismo.

Frente a las interpretaciones partidistas de las Comunidades, la obra del historiador Joseph Pérez, siguiendo el trabajo iniciado por Maravall y otros autores, demostró la trascendencia revolucionaria del movimiento comunero, sobre cuya modernidad no cabe duda. Dejaba claro el rechazo a la idea imperial, por considerarla perjudicial para el bien común, por la sangría económica que supondría para Castilla, sostenedora de ese proyecto. Se proponía, además, una participación directa en los asuntos políticos del reino; la reivindicación de unas Cortes más representativas y capaces de controlar al poder real. Finalmente, la puesta en práctica de un sistema de poder municipal organizado más democráticamente, dispuesto a restringir el abusivo control que en este terreno venían detentando los grupos privilegiados, monopolizadores de los cargos en los regimientos.

En lo que respecta a la provincia de Segovia solo la capital, con su tierra, y Sepúlveda se adhirieron al movimiento comunero. En Cuéllar y su comunidad los vecinos siguieron ocupados en sus quehaceres del campo. El tejido social de la villa era bien diferente al de Segovia y no existía, en suficiente número, esa burguesía urbana en la que prendiera el espíritu de la revuelta. Los hidalgos cuellaranos tampoco estarían por perder el control exclusivo que tenían sobre el Ayuntamiento y se mantuvieron distantes con las ideas defendidas por los comuneros.

Por otra parte, la fidelidad a la corona que manifestó desde el principio el señor de Cuéllar, Francisco Fernández de la Cueva, II duque de Alburquerque, condicionó que sus vasallos pudieran tomar otra opción. Al duque le espantaba, al igual que a la mayoría de los nobles, que triunfaran los comuneros, porque las ideas de estos diferían por completo de las suyas. Así, manifestó al cardenal regente estar con su persona, casa y gente donde el real servicio le reclamase. Todos los miembros de la familia Alburquerque estuvieron al servicio del emperador con sus tropas cuellaranas. Los hijos del duque, don Beltrán y su hermano don Luis, tomaron parte activa en la lucha, hallándose ambos en la toma de Tordesillas, donde don Luis fue herido de una pedrada. Pero estos servicios se prestaban pensando en las mercedes que se solicitarían posteriormente como pago de los mismos.

De las hazañas de los grandes, los Alburquerque, da cuenta la historia general. De las obras de la gente de a pie, queda algún rastro y hay que seguirlo para confirmarlas, de ello se encarga la microhistoria. Ese es el caso de Alonso Ruiz de Herrera, hombre de armas nacido en la villa de Cuéllar, perteneciente a una familia abolengo, tal vez llegada a la villa siguiendo la estela de don Beltrán de la Cueva. La pista la da don Melchor Manuel de Rojas y Rábago, erudito del siglo XVIII que dejó en sus 'Apuntaciones' el primer conato de historia de Cuéllar: Alonso Ruiz de Herrera fue el soldado que prendió a Juan Bravo en la batalla de Villalar. Había quedado recogido este mérito en los memoriales de la familia Ruiz de Herrera que usó como fuente. Sin embargo, dato insuficiente viniendo de don Melchor, que no siempre es historiador de crédito.
Hacia Cuba

Hoy sabemos que Alonso Ruiz de Herrera estaba en 1519 emplazado y dispuesto a cruzar el océano camino de Cuba para ponerse a las órdenes de su paisano, el adelantado Diego Velázquez de Cuéllar. Había servido hasta entonces como soldado en la compañía de don Diego de Castilla y ganado méritos para esta merced que se le daba.

Pero los acontecimientos políticos y militares que se produjeron inmediatamente después (Guerra de las Comunidades) lo retendrían en la península. Su participación en Villalar, capturando al capitán segoviano, parece demostrada. Se recoge también en el informe de los méritos de don Agustín Velázquez y Rojas, biznieto cubano de Alonso Ruiz de Herrera, que al citar a su antepasado, reitera que había tomado prisionero a Juan Bravo, persona de cuenta del bando contrario. Y este documento no lo conoció don Melchor Manuel de Rojas.

El mismo año de Villalar, Ruiz de Herrera siguió en campaña con los ejércitos castellanos que subieron al encuentro de los franceses que, aprovechando la coyuntura de guerra en Castilla, invadieron Navarra. En el encuentro de Noaín, el cuellarano volvió a adelantarse realizando una acción singular en el campo de batalla, arrebatando el estandarte del general francés, André de Foix, al que también hirió. Pero como el Señor de Lasparre, el general, acabara en manos de don Francés de Beaumont, fue este quien le usurpó el mérito de su captura al de Cuéllar, que protestó por este robo. El soldado obedece a sus jefes, pero se indigna y se rebela cuando le usurpan los méritos que le corresponden.

Eso parece que fue lo que hizo Alonso Ruiz, al que solo se le compensó en esta batalla por haber tomado el estandarte francés, que añadió como orla a su escudo de armas, por merced de Carlos V. Lo podemos comprobar en piedra en escudos de la familia, tanto en Cuéllar como en Chañe. De esto y de su hazaña en Villalar da cuenta un documento de la época: que se libren a Alonso Ruiz, hombre de armas de la capitanía de don Diego de Castilla, por prender a Juan Bravo y tomar el estandarte de Mr. Asparros en Noaín, cien mil maravedíes. Fue el pago por acciones tan singulares.

Sitúa Rojas algún año después de Villalar a Alonso Ruiz de Herrera en Cuba. Quien con seguridad emigró a esa isla fue su tercer hijo, Francisco Ruiz de Herrera, con su mujer Ana del Corral y su hijo Alonso, en el año 1564, según el memorial de dicho don Agustín Velázquez, descendiente de estos. Apellidado Velázquez porque el nieto del viejo soldado de Villalar pasó a llamarse en Cuba Alonso Velázquez de Cuéllar, reivindicando con ello su parentesco con el conquistador de Cuba, Diego Velázquez, y para despiste de genealogistas.

Para terminar, Balbino Velasco, el gran historiador contemporáneo de Cuéllar, tocó todos los palos en su historia sobre la villa segoviana. Así, al explicar el significado de la expresión 'Adelantarse como los de Cuéllar', se inclina, sin rubor, por atribuirle un sentido peyorativo a este dicho, y no digo yo que no lo tenga. Sin embargo, las acciones de Alonso Ruiz de Herrera en Villalar y en Navarra aportan el contrapunto de la valentía y de dar ese paso al frente en los momentos de dificultad. Aunque fuera por una recompensa.

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