Los Diablillos de Sepúlveda entran en el club del patrimonio inmaterial

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Los vecinos de Sepúlveda ya tienen otro motivo para poder sentirse orgullosos de sus raíces y sus señas de identidad. El salón de plenos del Ayuntamiento de la villa ha sido el escenario en que se ha desarrollado en la noche del viernes la entrega de la distinción que acredita a la Fiesta del Diablillo como Manifestación Tradicional de Interés Cultural Provincial, un reconocimiento que promueve el Instituto de la Cultura Tradicional Manuel González Herrero, organismo dependiente de la Diputación de Segovia.

Después de que el pleno de la institución provincial aprobase esta declaración el pasado mes de febrero, el camino administrativo ha requerido cerca de un año y medio de trámites hasta alcanzar la meta del nombramiento. Ahora, apenas un mes antes del 23 de agosto, noche en la que tiene lugar la fiesta de El Diablillo, los sepulvedanos han visto colmada su petición.

El alcalde del municipio, Ramón López, abrió el acto y recordó a los vecinos de San Bartolomé y a cuantos han contribuido a mantener esta celebración. Asímismo agradeció «a todos los que con su trabajo han ayudado a lograr este reconocimiento». Tras escuchar a un niño de la villa relatar el por qué de la fiesta de El Diablillo y la historia de San Bartolomé, se leyó el acta de concesión del reconocimiento, en el que se destaca la vigencia del rito e incluso su impacto o dimensión crecientes, tanto turística como mediática, que le auguran un futuro prometedor.

El presidente de la Diputación hizo entrega de la acreditación al alcalde y al presidente de la Asociación del Diablillo, Pablo Alonso, quien evocó los fines para los que se creó la agrupación, que no son otros que fomentar la fiesta y mantenerla tal y como la han conocido desde generaciones anteriores. También invitó a los presentes a acercarse a San Bartolomé para ver «si el santo nos suelta durante unos minutos al diablillo».

Por su parte el presidente de la Diputación, Francisco Vázquez, felicitó a todo el pueblo de Sepúlveda por «sois vosotros los que habéis mantenido la tradición de la fiesta y que se siguiera celebrando a pesar de las muchas vicisitudes que sufrió en los tiempos más delicados de nuestra historia». También reconoció el papel que desempeñó la Asociación Cultural Arco de la Villa primero y en la actualidad la Asociación Amigos de El Diablillo en la conservación y desarrollo de esta manifestación tradicional.

En su intervención, subrayó el orgullo y la suerte que supone ser de pueblo: «Perrtenecer a una comunidad en la que trabajo, fiestas, solidaridad con el vecino y tradiciones forman parte de la identidad e idiosincrasia de sus habitantes; y en este sentido, qué mejor manera de honrar estos factores que reconocer a los que perduran e identifican como esta fiesta que hoy se reconoce».

Finalizado el acto, todos los asistentes se desplazaron a la iglesia de San Bartolomé, en cuyas escalinatas irrumpiero por sorpresa los diablillos par recibir personalmente la distinción a su fiesta.

Cada 23 de agosto

Apagada toda la iluminación del pueblo, los diablillos descendieron corriendo en varias ocasiones hasta la plaza repartiendo escobazos a diestro y siniestro. Se esta manera conmemoraron de forma anticipada el estreno de esta nueva distinción, ya que la fiesta en sí tendrá lugar en la noche del 23 de agosto. Siempre en esa fecha, capaz de ganarle la batalla incluso a la Guerra Civil, seis diablillos aparecen por la calle de San Bartolomépara sortear una gran hoguera y encararse con la multitud presente, formada en su mayoría por jóvenes del pueblo con ganas de pasarlo bien y cumplir con la tradición.

El origen de este ritual está en las historias de San Bartolomé, quien según cuenta la tradición oral y escrita, estando predicando en la India fue requerido por el rey Polimio, cuya hija estaba endemoniada y atacaba a mordiscos a todos aquellos que se acercaban a ella. La princesa habría quedado curada cuando San Bartolomé pidió a los criados del rey que la desataran, siendo entonces el diablo quien quedó preso por el santo.

Por este motivo, en Sepúlveda se extendió la creencia popular de que cada 23 de agosto San Bartolomé libera al diablo durante un tiempo y éste corretea por el pueblo dando escobazos a cuantos se encuentran en su camino y desatando la juerga entre los vecinos, hasta que el santo vuelve a atraparlo en la iglesia que lleva su nombre.

Con el paso del tiempo la fiesta ha ido evolucionando, cambiando el número de diablillos o eliminando del ritual las pesadas cadenas que quien ejercía de diablo portaba.

Gracias a esta declaración, que en la provincia ostentan únicamente la Ofrenda de los Cirios de Santa María la Real de Nieva y La Octava de Fuentepelayo, Sepúlveda se suma a un reconocimiento vinculado al artículo 2 de la convención de la Unesco para la salvaguardia del patrimonio cultural e inmaterial.

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