Sepúlveda, un paraje natural sin igual

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Sepúlveda aúna historia, arte, gastronomía, naturaleza, cultura inmaterial y cultura viva. Por todo ello bien podemos definirla como una de las salas más bellas del llamado "Museo vivo más grande del mundo", es decir Castilla y León.

Su primera mención histórica aparece en la Crónica de Alfonso III como uno de los lugares que fueron despoblados en las correrías de Alfonso I contra los musulmanes.

En muchos aspectos, el paisaje sepulvedano está condicionado por su geología. En la villa, es posible admirar una de las formas de relieve más llamativas de esta región: el pliegue de rodilla de Sepúlveda. Su erosión ha originado formas tan singulares como la conocida "Silla del Caballo", lugar cercano al Puente Talcano.

El Duratón, que nace en Somosierra, avanza en su recorrido hasta que se encaja en las calizas de Sepúlveda. A su paso por éstas, erosiona el pliegue en rodilla y continúa su curso de forma paralela al mismo durante varios kilómetros, entre calizas.

El origen de Sepúlveda se pierde en la noche de los tiempos. Se han encontrado bifaces en la ermita de San Julián, del Paleolítico Inferior, y otros hallazgos en la cueva del Tisuco, o en la Ocecilla, como cerámica tosca, cuchillos, hachas pulimentadas y cráneos del Paleolítico Superior. También en la cueva de los Siete Altares aparecieron cerámicas, hachas, posiblemente neolíticas. Y en la cueva del Duratón, huesos, industria del sílex, cerámica...

Aparecieron además pinturas, muy rudimentarias y pobres, pero significativas, en las cuevas de Molinilla, La Nogaleda y la Solapa del Águila, sin que se pueda afirmar su carácter mágico, ritual, litúrgico o funerario.

Lo más probable es que sus primeros pobladores fueran los vacceos y arévacos en la Edad del Hierro, viviendo de la caza y de la pesca que les proporcionaban los ríos Caslilla y Duratón. Sepúlveda, al igual que Ávila, Segovia o Pedraza de la Sierra, es la clásica citania celta.

Más tarde, Roma también se asentó en Sepúlveda. No se sabe a ciencia cierta dónde vivieron los romanos. Algunos afirman que pudo ser en el actual Duratón, después de que los arévacos vivieran en las profundidades de los peñascos que aún existen, llamados Cuevas Lóbregas, Tisuco, Mingomorro y Giriega. Elementos romanos hay en la muralla de la villa, como también lo son los puentes Talcano y Picazos y los restos de la calzada.

Los visigodos llegaron tras los romanos y se asentaron en Castrogoda, una península inmediata a la desembocadura del Caslilla en el Duratón, así como en el cañón del río, en la Cueva de los Siete Altares. De esta época es la Necrópolis excavada en Duratón (Núcleo agregado de Sepúlveda), con 666 sepulturas con ajuares casi totalmente germánicos.

Tras los visigos, los árabes se apoderan en poco más de dos años de casi toda la península, no encontrando la primera mención histórica de la villa de Sepúlveda hasta la "Crónica de Alfonso III", que la señala como uno de los lugares que fueron despoblados en las correrías de Alfonso I, aunque quedó una población rural en su entorno. Su repoblación por Fernán González, en el año 940, representó un audaz avance hacia el sur, más allá del Duero. El Abad de Arlanza, Fray Gonzalo de Arredondo, nos cuenta su leyenda heróica, con la lucha cuerpo a cuerpo entre el conde de Castilla y el Alcaide moro Abubad, a quien Fernán González cortó la cabeza, la cual está esculpida en la fachada de una de las casas blasonadas de la villa, llamada precisamente "La Casa del Moro". Almanzor fracasó en su tentativa de ganar la villa el año 979, pero lo consiguió años más tarde, volviendo a recuperarla definitivamente Sancho García, nieto de Fernán González, en el año 1010, esta vez sin lucha, ante la decadencia del califato de Córdoba.

En el siglo XI Sepúlveda se repuebla definitivamente de la mano de Alfonso VI. Es entonces cuando la villa aparece constituida ya como una entidad política territorial. Para dar ese carácter político y administrativo, este rey confirma el Fuero que sus antepasados, dieron a Sepúlveda. En el preámbulo del Fuero Latino se establecen los términos que se conceden a la villa y los lugares que bajo la jurisdicción de Sepúlveda se la asignan para que, desde la villa y bajo su tutela, se repueblen.

Durante la Edad Media está confirmada la existencia de 15 iglesias. Sepúlveda, al igual que Sevilla, Toledo, Segovia y tantas ciudades medievales, era un conglomerado de tres ciudades y religiones diversas: la cristiana, la musulmana y la judía.

En el año 1111, en lo que hoy es Fresno de Cantespino, Alfonso I de Aragón y el conde Enrique de Portugal vencieron a la mujer del primero, Dª Urraca. El evento fue trascendente para la independencia portuguesa y, como consecuencia del mismo, Sepúlveda estuvo algún tiempo bajo dominio aragonés.

En el siglo XV ostentaron el señorío de la villa el infante-rey don Alfonso y su hermana, la futura reina Isabel La Católica. La lealtad de Sepúlveda a esta reina fue siempre incondicional. Cuando su hermano Enrique IV entregó Sepúlveda al Marqués de Villena, por dos veces los sepulvedanos impidieron la entrada de don Juan Pacheco y aún del mismo rey en persona. En el año 1468 se expulsa de la villa a los judíos y en 1472 se reconoce la soberanía de los futuros Reyes Católicos.

Mediado el siglo XVIII, el Rey Carlos III visitó Sepúlveda, regalando un cuadro ecuestre de su hijo Carlos IV a la edad de 17 años.

Durante la Guerra de la Independencia, El Empecinado realizó incursiones por la zona, teniendo sus cuarteles en las cuevas del Cañón del Duratón. También merece destacarse entre los últimos hechos más sobresalientes de la villa la resistencia numantina contra Napoleón en el otoño de 1808.

El castillo y las murallas

El castillo marca el límite de las murallas de la villa y es uno de los lados menores de la Plaza Mayor (rectangular y parcialmente porticada).

Es una edificación producto de tres épocas muy distintas. Fue ayuntamiento un tiempo, pero sobre todo es conocido por el nombre de "El Registro", ya que era el lugar donde se registraban las materias primas que venían a venderse a Sepúlveda y donde se pagaban los impuestos. Alberga el balcón desde el que las autoridades presidían los actos públicos. En la actualidad, en el castillo se realizan exposiciones culturales y desde su balconada se lanza el "chupinazo" anunciador del inicio de la Fiestas de los Toros.

Es posible seguir el trazado de la muralla en algunas zonas, como en el tramo llamado Trascastillo y en la zona de El Postiguillo. También se conservan algunas de sus Siete Puertas: en la entrada de la calle que lleva al Santuario de Ntra. Sra. de la Virgen de la Peña se encuentra la llamada Puerta del Azogue o del Ecce Homo; a las afueras, camino del Parque Natural de las Hoces del río Duratón, se observan los restos de la Puerta de la Fuerza, de la que parte una calzada romana que desemboca en el Puente de Picazos; y en el barrio de San Esteban se encuentra la Puerta del Río, junto a la hornacina de la Virgen de las Pucherillas.

Iglesia de los Santos Justo y Pastor - Museo de los Fueros

La iglesia románica de los Santos Justo y Pastor, de los s. XII y XIII, está declarada Monumento Nacional desde 1931. Se encuentra situada intramuros, es decir, dentro de la muralla que protegía Sepúlveda, tras la Puerta del Azogue, palabra que quiere decir mercado, por lo que posiblemente en sus proximidades se desarrollaría el mercado semanal. Por su emplazamiento y magnitud, debió ser una de las iglesias más importantes de Sepúlveda, que llegó a contar con quince parroquias, en la época en la que ésta se alzaba.

Actualmente alberga el Museo de los Fueros, en el que se ha dispuesto un recorrido temático que tiene los siguientes capítulos: la historia de Sepúlveda, Patronazgo y Mecenazgo, los Fueros en la Edad Media, los hombres del Fuero y la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda.

Iglesia de San Bartolomé

Románica, de los s. XI-XII, es la única iglesia de las tres que se construyeron en zona de extramuros que aún se conserva. Posee una sola nave con dos capillas que forman crucero y cubierta de madera.

Iglesia de El Salvador

Declarada Bien de Interés Cultural, es considerada el edificio románico más antiguo (s. XI - año 1093), de la provincia de Segovia y al sur del Duero y constituye uno de los paradigmas del románico castellano.

Iglesia de Ntra. Sra. La Virgen de La Peña

A la iglesia inicial de la Virgen de la Peña, una construcción románica del XII, se suman los volúmenes del camarín, la sacristía, el pórtico (que se le añadió en el s. XIII también románico), la galería porticada en el lado de la derecha y la casa del cura a los pies.

Este templo tiene una singularidad más, y es que está situado sobre una de las Hoces del Río Duratón, en un paisaje de singular belleza. En la parte trasera de la iglesia nos encontramos un mirador desde donde se puede disfrutar de la vista de las primeras Hoces del Río Duratón.

Iglesia de Santiago - Casa del Parque de las Hoces del río Duratón

Es otra de las cinco iglesias románicas que aún se mantienen en pie en Sepúlveda. De una sola nave rectangular, tiene un ábside de cuarto de esfera de estilo mozárabe, de ladrillo con doble arquería y figuras geométricas que es único en Sepúlveda.

Cuenta con una cripta subterránea, posiblemente resto de una primitiva iglesia, en donde se encuentran una serie de tumbas antropomorfas excavadas en la roca que podrían datar del s. X.

En el interior de este edificio está hoy la Casa del Parque o Centro de Interpretación de las Hoces del Río Duratón, de obligada visita antes de adentrarse en el recorrido propiamente dicho. Consta de una sala de audiovisuales y una exposición que permite obtener una idea íntegra del espacio natural protegido. Es, a su vez, la oficina de información del Parque Natural (921 54 03 22).

El tercer domingo de julio se celebra "La Fiesta de Los Fueros", que incluye el engalanamiento de las calles y plazas con estandartes, mercado medieval, iluminación de la Villa con antorchas, actuación de música y teatros callejeros. Conmemora el Fuero otorgado a la Villa por el conde Fernán González (confirmado por Alfonso VI de Castilla en 1076).

El 23 de agosto (víspera de San Bartolomé) se celebra "El Diablillo". A las 10 de la noche, se apagan las luces de la villa y bajan por la escalinata de la iglesia de San Bartolomé seis mozos por turnos, disfrazados de Diablillos con luces a ambos lados de la cabeza dando "escobazos" al gentío para recordar que, según la tradición, es la única noche del año en que San Bartolomé deja correr a sus anchas al Diablillo.

Tras 20 minutos de carreras y caos, salen los seis Diablillos juntos para realizar la última carrera y subir, hasta el año siguiente, la escalera de la iglesia de San Bartolomé, momento en el que se enciende el alumbrado y la fiesta y el jolgorio inundan las calles de Sepúlveda, preludiando las Fiestas de los Santos Toros, que tienen lugar el último fin de semana de agosto (de jueves a lunes).

El 29 de septiembre (festividad de San Miguel Arcángel) se celebran las fiestas en honor de la Patrona de la Comunidad de Villa Y Tierra de Sepúlveda "la Virgen de la Peña".

Una tradición de gran belleza y que data de los tiempos medievales es la llamada Misa de Minerva, que la Cofradía del Corpus Christi celebra el tercer domingo de cada mes y que consiste en una misa en la Iglesia de El Salvador, una de las primeras del Románico Segoviano, y tras la que se celebra una procesión por el pórtico de dicha iglesia con el Santísimo Sacramento bajo palio.

 

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