Un Verano con historia

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El verano es la época en la que desempolvamos todos los libros que no hemos podido leer a lo largo del año, nos los llevamos tan ricamente en la maleta pensando en esos largos momentos de ocio que tendremos entre playa y chiringuito, y luego los sacamos a la vuelta del viaje, prácticamente impolutos si tienen suerte y no han quedado llenos de arena y arrugados por el agua tras la traumática experiencia de haber intentado leer al borde de la playa o de la piscina. Pero este año sí tengo un libro que voy a leer o más bien a releer caiga lo que caiga, y es la recopilación de los artículos que Carlos Álvaro ha venido publicando en este periódico sobre el pasado de Segovia, y que ha recopilado Caja Segovia bajo el título de 'Crónicas retrospectivas'.
Sumadas una tras otra, las crónicas de Carlos Álvaro componen un extraordinario mosaico de nuestra memoria, en el que se dan cita no sólo los acontecimientos importantes, al hilo de nuestra historia en blanco y negro, sino también la pequeña historia cotidiana, esa que es tan evocadora como esencial. Ya decía Proust que de un anuncio de jabón se pueden sacar tantas enseñanzas históricas como del más sesudo estudio historiográfico, y eso lo entendemos de la mano de las extraordinarias evocaciones que Carlos Álvaro hace de los cafés, las salas de fiestas, los cines... A uno le parece estar escuchando de fondo Tengo una vaca lechera, cuando lee las evocaciones de la sala Barceló o ve las fotos del mítico café Columba, y entonces la sordidez de la Segovia oficial, esa estampa de cutrez infinita con las autoridades segovianas esperando a Eva Perón (Falange, clero y caspa), se matiza con los sueños que seguramente dormían en el regazo de esos segovianos que bailaban al compás de los últimos ritmos modernos, y que soñaban con un futuro próspero, una familia, un amor, un destino no precisamente en lo universal.
 
De la mano de Carlos Álvaro hemos comprendido mejor a nuestros padres, a nuestros abuelos, los hemos sentido más cerca y hemos transformado la nostalgia en conocimiento. Porque todo esto fue, existió, fue tan real como nosotros. Y a Antonio Linaje le salvó la vida que el 18 de julio del 36 estaba en Madrid, y así no corrió el destino trágico del alcalde, el maestro y el músico de Sepúlveda, fusilados al amanecer. Y así ardieron el Alcázar y el Palacio de La Granja. Y así olía el café en el Columba. Y, efectivamente, como cuenta el autor en su estupendo prólogo, en el que enmarca estas crónicas en la historia del periodismo local, uno puede hacerse amigo de gente que ya no está y que desapareció prematuramente, como el periodista se hizo amigo del dibujante y cartelista Alex, también fusilado en 1937.
 
La edición une a los textos de Carlos Álvaro el aliciente de sus imágenes, insaciables fuentes de recuerdos y hasta de fantasmas, también buscadas con trabajo y seleccionadas con exquisito cuidado y muchas veces -se nota-, con emoción, por el autor. Algunas fotos son estremecedoras, como la que muestra a una escuadra de falangistas desfilando en la Plaza Mayor en una de las ceremonias que siguieron al inicio de la Guerra Civil (los balcones llenos, el nombre del café que todavía subsiste, como si hubiera cosas que resisten al tiempo, como símbolo de que eso realmente ocurrió allí, entre nosotros), o la no menos impresionante foto de la manifestación del 1 de mayo del 36, donde late la inesperada vuelta de tuerca que dio la Historia. O esa foto tristísima, resumen por su contenido y por su forma de una España imperativa, en la que se ve a unas campesinas levantando el brazo en una imagen tomada desde el interior del coche del Jefe Provincial del Movimiento.
 
Pero se nota sobre todo que este libro es fruto de una pasión, de una fuerte convicción interior, y del puro amor por una profesión, por una ciudad y por la fuerza del pasado. Sólo alguien que ha estado en una redacción sabe del esfuerzo que le ha llevado a Carlos Álvaro recopilar tanta información y luego hacerla suya y escribir con un estilo ágil y un castellano puro, claro, barojiano, estas incursiones en la memoria. Pero también al tener en las manos este libro todos sabemos que a veces hay esfuerzos que merecen la pena.
 
Fuente de la noticia: El Norte de Castilla, 27 de Julio de 2008