Atención personalizada

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No todos los cantantes se tiran, una vez acabado su concierto, una hora larga firmando autógrafos, dando besos y dejándose fotografiar.

 Sergio Dalma en SepúlvedaSergio Dalma lo hizo en Sepúlveda, siempre con la sonrisa en la boca, sin un atisbo de cansancio, dando una lección de entrega y demostrando que el 'fenómeno fan' debe ser cultivado con mimo por aquel al que se venera. Pero la atención personalizada que ofreció no se ciñó exclusivamente al momento posterior al de la bajada del telón.

 El artista catalán quiso cumplir con todos y cada uno de los que acudieron a verle a la Plaza de España (unas 1.200 personas) presentando sobre el escenario sus más variados perfiles, desde los más característicos a otros menos conocidos, intentando así —y consiguiendo— conectar con el público.

Arrancó el concierto con "Maravillosa criatura", versión en castellano del tema de la cantante italiana Gianna Nannini, para continuar con un manojo de canciones de su último trabajo, "A buena hora", intercalando entre ellas varios de sus éxitos más conocidos. Sergio Dalma supo contentar a la chica que había ido a escuchar sus baladas y al novio de ésta, deseoso de oír un poco rock & roll. Incluso hubo tiempo para un par de guiños a la música más actual (hip-hop). Y todo esto sin que el concierto, organizado por el Ayuntamiento de Sepúlveda con el patrocinio de la Fundación Siglo, sufriese bruscos cambios de ritmo.

Acompañado por una banda consistente, sin estridencias, y teniendo como decorado de fondo un audiovisual en varias pantallas, Sergio Dalma demostró que sus tres años sin publicar discos le han sentado bien. Efectivamente, ahora es más maduro como intérprete, un asunto que quiere plasmar físicamente con un pelo canoso tan del gusto actual. Como guinda, "Bailar pegados", la canción más famosa de Sergio Dalma, que trasladó a los asistentes a una época (inicios de los años 90) en que Eurovisión era un festival de música y no un concurso de chistes. "Galilea" fue el último cartucho, como queriendo dejar un buen sabor de boca a un público que, agradecido, le atosigó durante un rato, largo rato.

Fuente de la noticia: El Adelantado de Segovia, 28 de Julio de 2008