El Vínculo Toledano

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Artículo de Antonio Linage Conde publicado en la web del Ayuntamiento de Sepúlveda:

El domingo de minerva del pasado noviembre, aunque se celebró en El Salvador la correspondiente función, la Cofradía del Corpus de Sepúlveda, la del Señor como se acostumbra llamarla, estuvo de visita confraternal en Torrijos, el pueblo toledano donde la Loca del Sacramento, Teresa Enríquez, fundó hace quinientos años la hermandad precursora de todas ellas.Los sepulvedanos obsequiaron a sus cohermanos anfitriones del otro lado de la sierra con un mapa antiguo del propio arzobispado toledano.Ese gesto puede compararse al de llevar hierro a Vizcaya o bacalao a Escocia. Pero no fue mal recibido, al contrario. En la geografía eclesiástica de Europa entera, la mitra de Toledo sobresalía en aquellos felices tiempos. Recordemos que Madrid era una vicaría suya nada más. Tenía enclaves en Andalucía, otras dos capitales de provincia, y en Extremadura aun mantiene dos arciprestazgos. En una de las novelas de "La Comedia Humana" de Balzac, para ponderar la índole devoradora de una cortesana parisiense se dice sería capaz de tragarse las rentas de cuatro arzobispos de Toledo. Y eso que los personajes en cuestión son franceses norteños, sin ninguna referencia ultrapirenaica. Por cierto que el mapa estaba incompleto. Pues le faltaba la ciudad del otro lado del Estrecho, Orán, también de la diócesis primada, a la que visitaron los cardenales Cisneros y Lorenzana.

"A los que Dios amó los colocó en la iglesia toledana", era la sentencia con que sus canónigos, beneficiados y capellanes, exhibían el orgullo de su pertenencia. Pues bien, su sitio allí tuvieron también algunos pueblos de nuestra Comunidad de Villa y Tierra. Los de la actual provincia de Guadalajara, partido de Cogolludo. De uno próximo, aunque no era nuestro, El Cardoso de la Sierra, siempre venía alguien al mercado de San Pedro. Por casualidad me recordaba aquello hace ya mucho, en el Tribunal Supremo, uno de los ujieres, Caporiles le llamaban, que algún tiempo había sido ordenanza de la oficina de telégrafos de Sepulveda. O sea que Dios amó particularmente a nuestra Comunidad, algo la tocaba de aquella presunción...

Esa diferencia entre las divisiones territoriales, en este caso la sacra y la profana, hacía la vida más compleja pero por eso mismo más rica. Estrechando además los vínculos entre tieras que en otro caso habrían estado separadas, en ese ámbito quiero decir. La apisonadora de aquel contubernio de 1953, vergonzantemente acatado sin chistar por casi todo el país, y que a Segovia la privó de la décima parte de su población diocesana, y su mejor parroquia, Campaspero, fue una liquidación triste. Pero lo que fue no puede dejar de haber sido.

Y es buena oportunidad para evocar ese vínculo toledano este otro que cobra la maxima actualidad, ahora, a los novecientos años de la muerte del rey de nuestro Fuero, Alfonso VI. "Yo don Alfonso Rey, y mi mujer doña Inés", que comienza su texto. Para inmediatamente deslindar el término municipal, la villa y las aldeas, entonces identificado con el de la Comunidad misma.

Alfonso VI fue un confirmante del Fuero. El otorgante había sido Fernán González. Pero el texto de éste, y el de las confirmaciones anteriores, de los condes Garci Fernández y Sancho García, y del rey Sancho III el Mayor, se han perdido. Habiendo quien dice que acaso el primero fue meramente oral..

Ahora bien, el padre de Alfonso, el rey Fernando I, no confirmó el Fuero. ¿Por qué? ¿Un enemigo de Sepúlveda? Nada de eso. Hay que pensar que la confrmación era casi innecesaria, porque nuestra villa había vuelto a quedar casi desierta otra vez. La cuestión es compleja, y yo reconozco que discutible. Para tratarla con más extensión. Esperemos lo sea en el siguiente congreso que aguardamos y en los sucesivos.Yo la cito aquí para llamar la atención en torno a la índole de protagonista de nuestra historia que se ha de reconocer al rey cuyo centenario se acerca.

Alfonso VI incorporó a su reino Madrid -apenas sonaba entonces- y Toledo. Pensemos en las relaciones de nuestra tierra con la futura capital para ponderar por ese otro motivo la trascendencia local del nacional evento. Segovia seguía despoblada. El mismo Rey erigió entonces la diócesis de Sepúlveda y nombró su administrador al primero de la nueva sucesión toledana, Bernardo de Cluny. Volvamos a recordar aquella presunción: "Alos que Dios amó..." .

La recuperación de Toledo, antigua capital del reino visigodo, el reino de España que ya se le puede llamar, fue un acontecimiento de repercusión honda en la cristiandad toda. Por eso es tanto más sorprendente la opinión del historiador norteamericano Reilly, para quien el objetivo regio al conseguirla no fue otro que consolidar las zonas ya repobladas, nuestra Comunidad su límite meridional. Pese a mi legítimo orgullo sepulvedano a mí me parece un poco desmedido el piropo ahí implícito. Pero lo escrito escrito queda. También hay que tener en cuenta que la incorporación de Toledo, que fe definitiva, a pesar de los reveses bélicos que Afonso sufrió en la segunda parte de su reinado, privó a Sepúlveda de valor estratégico inmediato, abriendo por lo tanto una etapa nueva de su devenir, entroncando ya con los blasones del antiguo régimen.

Recordemos también la fecha que nos consta en una inscripción del Salvador: 1093. En el reinado alfonsino por lo tanto, que había ermpezado en 1065, cuando el monarca tenía unos veinticinco años -la fecha exacta de su nacimiento no se puede asegurar-.

No voy a ponerme patético. Pero lo de que quien no es agradecido no es bien nacido se puede traer a cuento ante situaciones y fenómenos a cual más dispares. En su aniversario debemos recordar a este monarca. Sirviéndonos además de recordatorio para profundizar en nuestro pasado. Buena ocasión para volver al Museo que pintiparadamente nos lo permite, tan apasionada y talentosamente custodiado por Ana Herrero. Y que guarda el pasado de toda la Comunidad, no sólo de la Villa.

Concretamente conviene repasar de nuevo el término que el texto foral delimita, tener en cuenta sus lugares todos. Una tarea antecedente al recorrido de la geografía posterior de la expansión foral, determinadora de unos lazos entre los demás pueblos que el Fuero recibieron y el nuestro, que tampoco deben olvidarse, al contrario, buscar una ocasión repristinadora como ya se ha intentado

Antonio Linage Conde