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'Instantáneas de verdad' con cámara analógica, la forma más clásica de iniciarse en la fotografía y en los paisajes otoñales de Castilla y León
El misterio del resultado final tras un tiempo de espera y la aventura de un paisaje por conquistar son dos opciones que pude unir un entrañable dispositivo: una cámara de fotos analógica. La aventura, por lo que supone de emocionante una salida al campo en familia, a algún lugar por descubrir. El misterio, porque el resultado del disparo no es inmediato, se hace necesario esperar a revelar el carrete. ¿Saben los niños de hoy día lo que es un carrete y qué significa revelar? Quizá no todos. Pero los progenitores siempre pueden intentar guiar al joven en el arte de la fotografía con una cámara de esas en las que el 'clic' no es nunca un sonido grabado.
 
Salir el fin de semana a conocer los parques naturales de Castilla y León, máquina en mano, puede ser una experiencia doblemente gratificante. Hay donde elegir en cualquiera de las nueve provincias de la comunidad, pero para esta estación del año, otoño, los paisajes más interesantes son los arbolados, especialmente aquellos cuya vegetación es de hoja caduca y adquiere unos espectaculares tonos ocres y rojizos capaces de convertir casi cualquier disparo en una postal de cuento.
 
Los padres, en este caso, serán los encargados de guiar a sus hijos en sus primeros pasos por la fotografía. Sin son de corta edad, resultará más útil una cámara compacta. A partir de diez u once años los niños ya pueden estar preparados para comprender conceptos básicos como la sensibilidad de la película, la velocidad de obturación o la apertura del diafragma, tres de las claves para jugar con la luz. Al menos esta es la edad que menciona Javier Rodríguez, vocal de la Asociación Fotográfica Vallisoletana, una entidad que con frecuencia ofrece cursos de iniciación a la fotografía, aunque nunca ha organizado uno específico para niños.
 
La clave de la actividad está en esa vieja emoción que las cámaras digitales han anulado: la de no conocer el resultado exacto del trabajo hasta no haber positivado la película. A no ser que se utilicen diapositivas, recurso habitual entre principiantes y un soporte que, además, ofrece resultados óptimos cuando las habilidades fotográficas aún son precarias. Para mejorarlo, en cualquier caso, la mejor luz es siempre la del amanecer o la del atardecer, que consigue extraer el máximo partido de los tonos cálidos. El día, por tanto, comenzará temprano, probablemente de noche cuando se abandone el hogar para comenzar la jornada, y terminará una vez puesto el sol.
 
Con esta última idea en mente, la de aprovechar las primeras luces, tienen que contar quienes prefieran recurrir a la salida que organiza la Asociación Fotográfica Vallisoletana, programada para el 30 de octubre y con destino en Asturias. Los socios tienen descuento en el precio de la actividad y quienes no lo sean han de ponerse en contacto con ellos para tratar las condiciones.
Sea cual sea el planteamiento, por cuenta propia o con viaje programado, la diversión está garantizada. Y si el tiempo se estropea no todo está perdido. Siempre se puede recurrir a intentar retratos, para los que tan excelentes resultados se obtienen en días nublados.