Antonio Linage Conde: "La tímida sencillez de un barroco impenitente con curiosidad infantil"

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Este mes os presentamos otro artículo de Estrella Martín Francisco, que se publicó en su día en el periódico comarcal "El Nordeste de Segovia" y que como tantos otros, estamos recuperando para la nueva sección de esta Web: "Personajes de Sepúlveda". En esta ocasión os presentamos a Antonio Linage Conde, historiador y cronista, un hombre sorprendente que trabaja por su pueblo.

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Acercarse a Linage da vértigo porque impresiona la magnitud de su obra como literato, académico, historiador o conferenciante. Ante una mente privilegiada como la suya, se tiene la impresión de dar patadas a los conocimientos y  de decir banalidades que él escucha con el mayor respeto y paciencia. Luego su sencillez, rompe el pedestal donde le habíamos subido y saboreamos su sensibilidad en una charla tranquila que es como ir desenvolviendo lentamente un regalo, el regalo de estar junto a un hombre sorprendente que trabaja por su pueblo.

Su voz fluye llena de citas y sabiduría pero se muestra pudoroso al hablar de su obra.

¿Cuántos libros has escrito?

Estoy reñido con las cifras, por eso me ha ido mal económicamente.

Es difícil imaginarle sin libros, a él que ha tenido una de las bibliotecas más valiosas de España en temas de Historia de la Iglesia. “En un mundo sin libros escribiría cuentos”, me dice.

¿Cómo te presentarías a quien no te conoce mucho?

En lo esencial, he cambiado muy poco. Mi ilusión fue siempre la creación literaria. En la guerra estábamos en Madrid, yo no sabía leer y mi madre no me dejaba ir a las pocas escuelas que había por temor a los bombardeos. Me enseñaron malamente y escribía cuentos con letras mayúsculas. Para mí el campo ideal es el imaginativo pero por circunstancias he escrito mucho más de Historia.
Te defines como barroco impenitente, ¿por qué?

Porque mi estilo favorito es el barroco. Hay cosas en las que, aunque soy un fanático de Sepúlveda, soy poco sepulvedano. Por ejemplo mi interés por los monjes pues en Sepúlveda apenas ha habido monasterios, tampoco soy fanático del cordero aunque me gusta. En el barroco sí pues, aunque el estilo de Sepúlveda es principalmente el románico, está revestido de barroco y tan sepulvedano es uno como otro. Antes las iglesias estaban pintadas, llenas de pinturas románicas. El románico desnudado no es sepulvedano. Lo que acabo de decir demuestra que soy un hombre políticamente no correcto pero ¿Por qué un monumento tiene que estar como lo hicieron y no tener varios estilos?¿Quién lo ha decidido? En este sentido soy minoritario, poco cómodo para la mayoría.

No sabe de dónde procede su interés por los benedictinos: “Tendría que psicoanalizarme”, me dice tranquilo. Es uno de los misterios de Antonio, como esa reacción desmedida a sus tendencias solitarias  que le hizo formar parte de variopintas sociedades y fundaciones, en algunas como directivo.

¿Cómo es un día normal en tu vida? ¿Te sigues levantando a las 5 de la mañana?

No, ya un poco más tarde. Duermo poco pero no me importa estar en la cama escuchando música clásica. Por las mañanas me voy a un apartamento que tengo lejos de casa a trabajar y por la tarde es más variable: o vuelvo a trabajar o me quedo en casa, voy a una conferencia, al cine, al teatro…

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Su pasión por Sepúlveda

¿En qué estás trabajando ahora?

Exclusivamente en Sepúlveda salvo algún compromiso ineludible como un congreso sobre el centenario de los agustinos que tengo en  Roma. Trabajo en los archivos del ayuntamiento, cotilleando con los muertos, como yo digo,  porque estoy con un manuscrito que habla de la casa de enfrente, de la Plaza del Trigo, y es un cotilleo aunque de hace 300 años.

¿Por qué Sepúlveda?

Porque es mi pueblo y ya decía García Pavón: “No hay tierra buena ni mala sino la tierra de uno”.  Debería haber trabajado; es mi asignatura pendiente. Siento fanatismo por Sepúlveda pero al mismo tiempo una apertura hacia fuera, por eso el viaje a Polonia ha sido ideal, con más interés para mí que el que realicé hace unos años a este mismo país en visita oficial y avión privado porque,  por una parte, iba con mis paisanos, que era como estar en Sepúlveda, pero a la vez estaba en un país distinto.

Como un sabio  ausente y despistado, pasea por sus calles y rincones  donde siempre descubre algo nuevo, hallazgos que comparte en su último libro “Sepúlveda”. Colabora en todo lo que se le pide: encuentros, fiestas de los fueros, conferencias y cualquier iniciativa cultural. “No entiendo a la gente que dice que no tiene tiempo para nada”, dice asombrado.

Su visión de la comarca.

 Incansable lector, está informado de todo porque su vista  se pasea ávida por libros especializados pero también por la prensa  local.

Como especialista medieval ¿Cómo viste la comarca en esa época y cómo la ves ahora?

El panorama actual lo veo bastante negativo pero con cierta esperanza porque creo que las tierras un poco vacías son las que tienen más capacidad para recibir cosas. La comarca  está depauperada demográficamente y parece un poco lánguida pero tengo esperanzas porque hay jóvenes y algún impulso que pueden dar frutos.

En el pasado no cabe duda que hubo una repoblación por tanto tenía capacidad para admitir más pobladores lo que implica mas libertad que no fue absoluta y enseguida vinieron las oligarquías.

Su vida actual.

¿Qué valoras más en tu vida?¿ Qué es importante para ti ahora?

Por su puesto el entusiasmo por el conocimiento del pasado pero me siento muy sensible a la marcha del mundo y es penoso. Era un niño cuando estalló la guerra civil y al final de mi vida también hay un ambiente de guerra de agresión  imperialista, los americanos han invadido Irak y destruido  su patrimonio artístico y es un peligro porque lo han disfrazado hablando de ideales y democracia.

¿No te salva tu curiosidad infantil de ese pesimismo?

Precisamente esta curiosidad mía no se detiene ante lo malo y yo no puedo falsear los datos.

Carmen, su mujer, es el contrapunto perfecto de optimismo y sentido práctico a  este repentino pesimismo tímido y despistado en el que le dejo.  Yo me llevo sus conocimientos encuadernados con dedicatorias de exquisita galantería que tocan el alma. Él se queda, quizá con un poso de tristeza  pero con un  espíritu de niño curioso que su tierra, su comarca y su pueblo le agradecerán siempre.

 

Artículo escrito por Estrella Martín Francisco para El Nordeste de Segovia, Junio 2008

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