Ascensión y Ángel de Antonio Jaramillo: Compartiendo una tienda con personalidad

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Hoy os presentamos otro artículo de Estrella Martín Francisco, que se publicó en julio de 2011 en el periódico comarcal "El Nordeste de Segovia" y que como tantos otros, estamos recuperando para la sección de esta Web: "Personajes de Sepúlveda". En esta ocasión os presentamos a Ascensión y Ángel de Antonio Jaramillo.

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Ascensión tiene una cara agradable y sonríe mucho. A sus 88 años tiene una mente privilegiada, toma la iniciativa en la conversación y cuenta cosas de hace tiempo con gran detalle.  Su hermano Ángel es más callado y  se aferra al mostrador  de la tienda  como una forma de mantener la tradición de sus padres  que quiere que continúe su hija.  Para los dos este establecimiento ha sido su vida y en él charlamos y  vemos detenidamente esta parte de la vida sepulvedana que pide continuar.

La historia de los pueblos también la escriben los pequeños  comercios y,  cuando  uno cierra, es como si el pueblo se derrumbara un poco en su ritmo cotidiano. El Herrerillo siempre ha estado ahí a lo largo de mi vida: una  tienda  con sabor a tiempo, sin cartel por fuera   ni caja registradora  donde sigue funcionando el cuaderno del préstamo. Me resulta difícil imaginarme la plaza de Sepúlveda  sin sus cacharros fuera, esos que tardan una hora en colocar,  o su entrada sin pretensiones;  pero depende de un contrato de alquiler. Algo que  Ascensión y Ángel  tienen asumido, como aceptaron sin cuestionarse pasar parte de su vida entre sus paredes.

Chon hace memoria  de los años del comercio. “La tienda era de un señor que vendía cosas de piensos antiguamente cuando estaba la Plaza del Trigo y venían a vender sacos y todas esas cosas. Como ya  era de su padre y él tenía noventa y tantos cuando murió, con 88 años que tengo yo... por lo menos tiene esos años”.

También ellos han tenido comercio por tradición aunque antes vendían en la Plaza de los Gorrinos y en la fragua donde hacían hachas, duplicaban llaves, arreglaban azadones o rejas…. “Arreglos que ya no se hacen porque no merece la pena. Era un oficio muy duro y muy sucio pero me gustaba. Íbamos a por el carbón a Riaza, Cerezo o Riofrío.   Lo he dejado hace poco porque ya estoy solo pero, si hay que usarlo, todavía tengo el fuelle y no lo quitamos”, explica Ángel  con cierta nostalgia.

 ¿Por qué te llaman “El Herrerillo?

“Por mi abuelo que estaba en Valdesimonte. Allí había  dos herreros:  al grande le llamaban el Herrerón y a mi abuelo,  que era pequeño,  “El Herrerillo”.  En Sepúlveda  los herreros eran tres: Los jueves y los sábados había mercado y salíamos a vender a la plaza todos: Marugán, Chispas y nosotros”.

Ascensión evoca a otros gremios y recuerda  que había 6 0 7 zapateros  que hacían todo a mano y arreglaban los zapatos los domingos para ir al baile. “Decía el refrán:  ‘Todos los zapateros trabajan los domingos y huelgan los lunes’. Y era verdad porque yo les veía en el poyo sentados. ..Sepúlveda ha perdido mucho”.

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La tienda viajera.

La tiendecita salía en  carro a otros pueblos y veía el paisaje de Riaza los lunes, el de Pedraza los martes, Cantalejo los miércoles y San Pedro de Gaíllos los viernes. Poblaciones que se alejaban a 6 horas de camino hasta Pedraza o 5 a Cantalejo.

¿Qué es lo que más se vendía?

“Vendíamos un saco de 5 kilos de tachuelas a 100 gramos porque de los pueblos de La Rades y la Velilla  iban con el ganado a Extremadura y llevaban botas  con tachuelas”.

¿Y a cómo estaban los 100 gramos?

“Estaban a 30 céntimos, algunas a 25, otras 40…. A eso estaban”.

De aquellos viajes  recuerdan que les pilló la guerra en el camino y se salvaron de las bombas porque “ Paramos a comprar un cuartillo de vino en una taberna para merendar un poco  en el carro mi padre y yo”. Chon nos cuenta sonriendo  cuando en Pedraza un cliente les pidió un “exprimidor de humor corpórico” en lugar de un orinal. “Parecía una cosa extranjera”. Y su temor a las tormentas más que a la nieve aunque alguna vez no sabían  si iban por camino o no ante un horizonte totalmente blanco. Seguro que la vuelta a Sepúlveda y la vista desde las Cuatro Carreteras, les pellizcaba un poquito la emoción.

Llegaríais baldados.

“Como nos habíamos acostumbrado…Porque no había otra cosa”.

En 957 Ángel se sacó el carnet de conducir. La llegada del automóvil cambió la cadencia de  la vida y trajo velocidad donde  solo había tiempo.  “Cuando empezaron con los coches,  venían con prisas y  no bajaban y optamos por buscar un local aquí”.

¿Y qué vendían abajo y que empezaron a vender arriba?

“ Abajo  teníamos la herrería, las cosas de ferretería y luego esto se ha ido aumentando porque  se han puesto las cosas de otra manera. Antes se vendían muchas rejas para arados romanos y lo que se hacían en el taller. Tornillos teníamos 10 o 12 números y hoy muchísimos. Nosotros antes vendíamos pucheros para las lumbres bajas y cazuelas, jarros…”

Si el coche cambió el ritmo de esta tienda, el turismo también la obligó a alterar sus productos y horarios. “Tenemos muchas cosas de recuerdos aunque ferretería siempre se ha vendido y se sigue vendiendo”.

¿Qué días eran mejores para vender antes y ahora?

“Antes se vendía más los jueves  y los sábados que era cuando se venía a vender el pienso, trigo, cebada…En la Plaza del Trigo se ponían los sacos llenos de grano:  uno quería un celemín, una fanega…Venía mucha gente, hacían tratos y venían con los encargos del pueblo. Ahora los fines de semana y los puentes  abrimos más horas.”,  dice Chon. “Es lo que más ha cambiado. Antes hasta el mes de marzo, no se hacía nada. Luego empezaban los labradores a trabajar: el uno tiene que comprar una reja o  una pala…La llave del año era San Pedro, ahora es todo el verano, por el  turismo”.

Y, cómo no,   la crisis también ha afectado al Herrerillo. “ Antes cuando había un puente acudía mucha gente pero ahora no hay puentes ni ríos. Este año ha estado todo muy flojo y ahora Sepúlveda vive del turismo.”, dice Ángel.

¿No cerráis ningún día?

“Navidad, Año Nuevo y los Reyes. Si hay que cerrar para alguna cosa, se cierra”.

Mientras estamos sentados en la acogedora mesa camilla al lado de la ventana, Peña atiende a los ocasionales clientes y nos explica que hay mucha diferencia de primeros de mes a últimos y que la tienda se ha ido adaptando a las necesidades de los vecinos ofreciendo muchos artículos necesarios.

Echamos una ojeada a la variedad de productos y su estructura y no nos sorprende que venga mucha gente  solo a hacer fotos, como dice Ángel:  “ hay mucho mirón”.

¡Tenéis de todo!

“Menos de comer… Y de beber,  el botijo con agua., nada más”. Nos contesta Ángel sonriendo.

¿ Qué es lo más barato y lo más caro que tenéis?

“Escarpias de  dos o tres céntimos lo más barato y lo más caro puede ser  un paragüero de bronce o un  calientacamas de unos 60  euros”.

No tienen muy claro qué hacen cuando no están en la tienda, excepto comer. El establecimiento nos mira y nos habla de los visitantes que  ha tenido y se han llevado sus objetos   en alforjas o  bolsos turísticos o de aquellos más conocidos que le eligieron como escenario de la serie televisiva “La Señora” o de la última película de Roland Joffé  “Encontrarás Dragones”. Pero,  para nosotros,  el mejor largometraje sería mantener en el presente la vida que lleva pasando por ella desde hace dos siglos.

 

Artículo escrito por Estrella Martín Francisco para El Nordeste de Segovia, Junio de 2011

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