D. Tiburcio Alonso: un médico completo

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Este curso hemos acercado a los alumnos  la figura de D. Tiburcio Alonso, médico emblemático de Sepúlveda durante muchos años. Para ello han visitado el colegio su hija Pilar, su nieto Pablo y D. Antonio Linaje.

Introdujo la charla D. Antonio confesándose su paciente y amigo, destacando su humanidad y cómo tenía en cuenta al enfermo. Contó cómo D. Tiburcio fue alcalde de Sepúlveda poco tiempo, pues por no asistir a Segovia a una reunión importante porque tenía que atender a una enferma, el gobernador le destituyó, cosa que no le importó ya que para él era más importante su labor de médico.

Gracias a la tecnología y a través de valiosas imágenes Pilar y Pablo iban desgranando la vida de este gran médico.

Primero situaron la época y el lugar. La plaza de Sepúlveda, el arco de la Villa, el mercado de la carne, las fiestas del árbol y de la peseta, los baños en la fábrica de la luz, la plaza de toros... Su forma de vestir, los autobuses antiguos...

Los alumnos seguían atentamente las explicaciones y se podía observar la sorpresa en sus rostros.

Una vez situados en el tiempo, pasaron a contar sus años escolares en Sepúlveda primero en el colegio de las Madres Franciscanas, después en el Colegio Nacional y de aquí a los Padres Dominicos en Santa María de Nieva. Cuando acabó el bachillerato se matriculó en la Facultad de Medicina de Madrid, donde trabajó como interno, para lo cual tuvo que hacer una oposición destacando como buen alumno.

Durante las vacaciones ayudaba a sus padres en el comercio y en la fábrica de gaseosas.

La guerra le partió la carrera y debido a la situación política, se trasladó a la Facultad de Salamanca.
Durante la guerra estuvo adscrito a Sanidad.

Al acabar la contienda vuelve a Madrid y no quiere hacer los exámenes patrióticos, que daban el título sin acabar la carrera, terminando él todas las asignaturas que le quedaban.

Fue alumno predilecto del profesor Agustín Cañizo, catedrático de Patología Médica que quería que permaneciera en su cátedra e hiciera carrera docente.

Se especializó en Patología Digestiva e hizo investigaciones sobre cirrosis hepática.

Cuando acabó la carrera sus padres le animaron a volver a Sepúlveda. Hizo las oposiciones de Asistencia  Pública Domiciliaria y comenzó su profesión en el partido de Duratón.

Fue un médico completo, publicó trabajos en revistas médicas y dio conferencias. Formó parte de una sociedad médica situada en Segovia e incluso llego a tener una pequeña clínica en Sepúlveda, que no se llegó a abrir oficialmente por temas burocráticos. En su casa había una habitación que servía de hospitalización para enfermos que no se podían trasladar o traumatizados en observación, todo desinteresadamente.

Se casó con Doña Cesarina con la comenzó a relacionarse en sus años universitarios, cuando ella estudiaba la carrera de  farmacia. Tuvieron cinco hijos. Fue siempre para él un apoyo excepcional, siendo enfermera y analista en la consulta .

Don Tiburcio fue un médico con mucho prestigio como lo demuestra que viniera gente de la sierra de Madrid, de Burgos, Segovia, Avila...  a su consulta. Lo mismo ponía escayolas, que asistía a partos, quitaba quistes, cauterizaba tumores etc, etc

A través del testimonio de su hija y de las imágenes, los alumnos se fueron dando cuenta de lo dificil que era en aquella época ir a los pueblos a visitar enfermos, en aquellos coches antiguos con las inclemencias del tiempo y sin teléfono móvil para avisar si te quedabas por el camino, como aquella vez que yendo a Castrillo se perdió en el Monte Viejo.

Las imágenes de su consulta con los diferentes utensilios: báscula infantil, fonendoscopio, microscopio.... fueron de lo más ilustrativo para los alumnos que pudieron darse cuenta de que Don Tiburcio y Doña Cesarino formaban un gran equipo con muchos medios.

También pudieron obsevar fotografías del matrimonio, de sus padres, hermanos, hijos ... que demostraban su gran amor a la familia y lo unidos que han estado siempre. Él siempre inculcó a sus hijos el respeto a las personas mayores, a la familia y a los profesores.

Don Tiburcio falleció a los 83 años de edad, posiblemente con la  pena de no haber podido frenar el deterioro neurológico de su mujer.

Finalizada la exposición se entabló un pequeño coloquio con  los alumnos.


Desde las páginas de este periódico queremos dar las gracias a Pilar, a Pablo y demás  familiares por haber respondido a nuestra solicitud y compartir con nosotros recuerdos tan entrañables.

Fuente de la noticia: C.E.O. "Virgen de la Peña" de Sepúlveda