Emiliano Alonso Ortiz: Sin perder de vista Sepúlveda

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Hoy os presentamos otro artículo de Estrella Martín Francisco, que se publicó en el periódico comarcal "El Nordeste de Segovia" y que como tantos otros, estamos recuperando para la nueva sección de esta Web: "Personajes de Sepúlveda". En esta ocasión os presentamos a Emiliano Alonso Ortiz: Sin perder de vista Sepúlveda.

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Emiliano Alonso Ortiz: Sin perder de vista Sepúlveda

Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, director gerente de Contratas y Obras San Gregorio (empresa con 400 empleados y distintos premios), Presidente de la Confederación Castellano-Leonesa de la Construcción (CCLC), Presidente de la Fundación Laboral de la Construcción…entre otros,   quizá  el cargo que más orgulloso ostenta es el de abuelo sepulvedano. No en vano la familia y su pueblo son los pilares profundos de este hombretón lleno de humor que, en otra época, como él mismo dice, tuvo pelo y era delgado, jugaba al baloncesto y fue campeón provincial de triple salto. Ahora disfruta haciendo el recorrido por los bares de Sepúlveda, con los amigos,  admira a sus hijos, Ana y Emiliano,  y cuida a sus nietos.

En el despacho que conserva de su padre,  rescata sus primeros recuerdos en el colegio de las monjas  impregnados de  dulzura y  del  pasimisí en el recreo. El paso a la escuela de los maestros, trajo sus pequeñas notas de violencia entre los niños y su gran amistad con Eusebio y Ángel. Recuerdos con nombres de juegos: el peón, el gua, el atorgado, la chita, el bote rescatado o los platillos con las chapas de las  botellas para jugar a las metas. “También hacíamos excursiones sociales a asar patatas o a hacer cagadillo a la Picota y nos bañábamos en Chiquete  y en la fábrica de la Luz”. Recuerdo nítido de la luna reflejada en el hielo de los patines que hacían en la plaza, en los crudos inviernos.

¿Cómo era ser niño en un pueblo como Sepúlveda?

“Era una vida familiar muy  profunda, muy buena. El colegio por la mañana te infundía mucho conocimiento, un respeto, una forma de comportarte. Por la tarde todos juntos rezábamos el rosario alrededor de la lumbre. Recuerdo las tortas cuando alguno se reía y nos entraba esa risa contagiosa que se cortaba rápidamente  porque a un padre no le dolían prendas en dar una torta. Luego salía a la calle. Fue una infancia muy creativa y, toda la gente que conozco de esa época, tiene unos rasgos humanos de un calibre especial”.

Tu padre, D. Tiburcio, era el médico del pueblo, ¿cómo afectaba esto a un niño?

“Lo pasaba muy bien con mi padre y me iba con él a las visitas de  los pueblos después de su partida de mus o dominó . Cuando terminaba,  le solían obsequiar con un choricito o un porrón de vino y para mí era delicioso estar a su lado: ver cómo se lavaba las manos en la palangana  y se secaba con la toalla que le ofrecía  la señora . El médico era atendido con un gusto exquisito por parte de la familia  a la que trataba  desde todos los puntos de vista. Era muy normal que le regalaran un pollo o  lo que fuera. Cosa que yo entendía perfectamente bien. Primero porque nos venía de maravilla  pues éramos cinco hermanos y para un señor de un pueblo ese regalo no le suponía un esfuerzo especial”.

Madrid fue su primera salida de Sepúlveda para estudiar ingeniería. “Los domingos iba a ver a la familia . La comida  te salía gratis, te podías dar un baño y encima te daban 200 pesetas (alrededor de un euro), con eso podías ir a bailar y a tomarte un cubata.  Íbamos a los mesones a cantar y beber vino por la tarde, hasta altas horas de la madrugada con cantaores importantes que estaban encantados con la gente de Sepúlveda”.

Etapa en la que montó una empresa con Juanito, “el del Niño” haciendo proyectos por las noches y trabajó de ayudante de un dentista: “ Era una forma de ganar dinero. Tenías que subsistir y mantener un estatus que no era el que le correspondía a un estudiante”.

En el año 75 termina la carrera “Gracias a la Virgen de la Peña, a los rezos y las velas de mi madre pero sobre todo a  Mari Luz, mi mujer, que me ayudo a sacar en un año las 24 asignaturas de 3 cursos que me quedaban el año que me casé. Salía de casa con la chaqueta, como si fuera a trabajar. Mi padre pensaba que yo era muy juerguista y tenía que llevar, de vez en cuando, una alegría y aprobar alguna asignatura que no aprobaba”.

¿Dónde empiezas a trabajar?

“Antes de acabar ya tenía 5 puestos de trabajo para elegir pero nos fuimos a Canarias donde vivimos con los justo hasta que la empresa vio que un sepulvedano, cuando está desplazado, tiene un potencial importante y me subieron el sueldo. Allí hice obras importantes”.

Tras recorrer distintos lugares de España trabajando para grandes empresas, se establece en Zamora donde en 1985 monta la suya propia Grupo San Gregorio “con 7 trabajadores, 2 camiones y una máquina apisonadora y ahora tenemos 420 empleados y 10 empresas”.

Especializada en Obras Públicas,  ahora se dedica más a la edificación singular y otras actividades como hostelería o residencias de ancianos. Esta diversidad les  permite reubicar y redistribuir al personal y sobrellevar la crisis.

Emiliano no solo es el director gerente de la empresa, también tiene importantes cargos a nivel autonómico y nacional como estar en el Consejo Nacional de la Confederación Nacional de la Construcción, además de ser el  presidente de la patronal de Castilla y León  o de la Construcción, presidente de la Fundación Laboral de la Construcción. “Para mí es un orgullo  participar en las asociaciones gremiales nuestras además de haber creado empresa y puestos de trabajo. Conlleva un exceso de trabajo, participar en todas las reuniones que son necesarias, colaborar y pelear en todos los campos del sector”.

¿Y no te causa estrés?

“Ahora mismo la función empresarial es muy importante. No puedes dar marcha atrás y la responsabilidad que detrás de ti hay 400 trabajadores es tremenda. Es importante presidir el grupo San Gregorio. Me encanta estar en las obras y resolver los problemas diarios. Lo grave es que no hay trabajo y sí competencia brutal. Cuando vuelves con las manos vacías, es una decepción tremenda,  como la madre pájaro cuando vuelve al nido sin comida para los hijos”.

Pero seguro que tú tienes un montón de recursos

“Ahora mismo las empresas que hemos ahorrado,  estamos recogiendo obras de las empresas que están suspendiendo pagos, es como recoger cadáveres. Mira lo duro que es subsistir”.

No queda más remedio que hablar de la crisis, de la burbuja inmobiliaria de la que culpa a promotores que especularon, a los bancos y a los propios ciudadanos. Afirma que su sector ha estado demonizado pero sabe que saldremos de esta etapa de desajustes en todos los campos. Considera que hay buenos sistemas par acometer entre todos como la inversión y el atacar la economía sumergida que nos devora y que podría proporcionar a las arcas del estado 90.000 millones de euros.


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En este maremágnum de vida, ¿qué te aporta Sepúlveda?

“Aquí  tengo mis raíces y gran parte de mi vida. Para mí es el gran relajo hacer la ronda por los bares, las caras de cariño que ves por la calle y que te llenan; es muy entrañable. Tiene algo especial que quizá viene de la zona en la que está enclavada,  que infunde al ciudadano de Sepúlveda esa energía especial, esa humanidad y esa gracia de la cual estamos adornados”.

 ¿Cómo fue tu etapa de concejal?

“En esta etapa tengo que destacar el espíritu cultural y humano de Mª Antonia Antoranz que me asesoró y ayudó muchísimo.  Recuerdo con satisfacción El museo de los Fueros, la exposición antológica de Tablada o el colegio. Me divertí muchísimo y, mi mayor orgullo,  fue conseguir que los Fueros se convirtieran en la seña de identidad de Sepúlveda y que la Fiesta de los Fueros  tuviera el significado que tenían que tener. También estoy muy orgulloso de los adoquines de la Virgen de la Peña donde no se verán roturas ni arreglos”.

Aunque parezca mentira, a Nano, como le llaman en su pueblo, le queda tiempo para ser capitán de yate, jugar al golf, coleccionar coches clásicos,  conocerse las barras de los bares como nadie, porque “las han hecho a la medida de mi codo” y soñar con jubilarse en Sepúlveda para sentarse en la plaza y ver pasar el coche de línea con esa expresión bonachona que le enternece.

 

Fotos: Carlos Alonso Recio

Artículo escrito por Estrella Martín Francisco para El Nordeste de Segovia, Diciembre de 2011

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