Mario Esteban: La Luz humanista y cordial de un oftalmólogo

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MARIO ESTEBAN DE ANTONIO (SEPÚLVEDA)

Su brillante carrera profesional como profesor de la Escuela Profesional de Oftalmología de la Universidad Complutense, jefe del Servicio de Oftalmología del Centro de Instrucción de Medicina Aeroespacial y del Hospital del Aire de Madrid y presidente de la Sociedad Española de Ergoftalmología es pequeña comparada con su mirada campechana que se alarga por el Caslilla y se llena de aire en La Picota.

Cambió el ritmo trepidante de más de 100.000 historias clínicas abiertas en la ciudad, por los días llenos de horas de Sepúlveda y nunca se ha arrepentido, porque lo hizo a cambio de su tiempo y de hacer la medicina que le gusta, la humanística.

marioesteban

Es un privilegio entrar en su casa, donde todo tiene historia. El sol acaricia a través de los cristales y nuestra vista recibe estímulos desde el mundo particular que Mario ha creado, lleno de música y de libros, pero sobre todo de amigos. Heredó la biblioteca de su padre, decisivo en su carrera: “Sin duda, yo me envicié por él porque veía a sus pacientes desde que era niño y me explicaba todo”.

– Eres un experto en Ergoftalmología. ¿En qué consiste?

“Es la oftalmología del trabajo. Me ha interesado mucho, pues durante 18 años he realizado investigaciones en este campo, que es amplísimo, pues abarca desde traumatismos hasta condiciones de la visión para ciertos trabajos o selección de personal. Mi padre trabajó mucho en ella y yo tengo varias cosas publicadas; entre ellas, un libro sobre simulación de enfermedades para cobrar indemnizaciones con dibujos de Forges”.


– En 1974 dejas todo y te vienes a Sepúlveda, ¿por qué?

“Tenía una consulta privada con una lista de espera de seis meses. Había noches que a las doce empezaba cinco operaciones de estrabismo y a las ocho de la mañana ya estaba en el hospital. Yo no vivía, y me dije: ‘Esto hay que romperlo de alguna forma y el que quiera que me siga”. Y hasta de las Azores han acudido a su consulta. Recuerda personas y, por primera vez, Mario se entristece ante el dramatismo de algunas situaciones vividas, como tener que decir a unos padres que a su hijo recién nacido había que extirparle un ojo por tener un cáncer malísimo. Pero las anécdotas gratificantes, que se pueden contar por expresivos montones,le devuelven el optimismo: “En Boceguillas me encontré con dos señores la misma semana.

‘¡Cuánto bien ha hecho usted en este pueblo!’, me dice uno. Y otro que me saludó: ‘¡Usted es el Papa de España… ¿Qué digo de España? ¡ Del mundo!”.

Hace cinco años dejó de ejercer definitivamente: “Vendí los aparatos porque hubiera sido una tentación. Hoy no sé si hubiera sido oculista, porque se ha perdido en gran parte la forma de ejercer la medicina, esa relación de afectividad y cordialidad entre médico y enfermo”.

El ojo humano a través de la historia

Va a publicar un libro de poemas —En espera del alba—, porque se levanta a las cuatro o las cinco de la mañana: “Estoy en plena forma durmiendo cinco horas, y me da tiempo a hacer de todo. Estoy terminando La historia de la oculística, una obra inmensa de cuatro gruesos volúmenes, con la inmensa colaboración de Beatriz, mi mujer, que domina seis idiomas y me permite acceder a cualquier bibliografía. Empiezo con la prehistoria y soy el único que ha escrito sobre esto en España. He descubierto cosas curiosísimas en mitología, como la bizquera de Venus, la diosa de la
belleza. Muchos de los protagonistas no tenían nada que ver con la oftalmología, como el astrónomo Kepler o Descartes, el filósofo, que descubrió el verdadero mecanismo de la acomodación del ojo. Numerosos clérigos y curas han trabajado en este campo, y les he dedicado un capítulo”.

– ¿Qué es lo que más te ha sorprendido en la visión humana a lo largo de su historia?


“Cómo han avanzado todos los conceptos de anatomía y fisiología en los dos últimos siglos.Por ejemplo,en la operación de cataratas.Hace nada no se daba ni
sutura, se dejaba al enfermo en reposo, luego se daban un montón de puntos y ahora se hace una pequeña incisión”.

A pesar de los avances, considera que no haya que abusar de las técnicas quirúrgicas para no utilizar gafas porque “no están indicadas en todos los casos y pueden ser peligrosísimas en algunos pacientes”.

Con esa jovialidad y entusiasmo,me comenta que una de sus mayores satisfacciones como profesional ha sido ejercer como profesor, porque “enseñaba a médicos que querían aprender y sacar la especialidad. Era una gozada ver que algunos profesores que venían a dar clase se que-daban entre los alumnos escuchándome.
Fue una época preciosa”.

No sorprende, porque Mario es un gran comunicador que despierta la curiosidad en todo lo que dice y escribe.

‘Pisa despacio / por el sendero blanco… Pero déjame tus huellas sobre la nieve…’

–¿El ser oftalmólogo te ayuda a ver la realidad de forma artística para escribirla?

“En algunas cosas sí se nota. Por ejemplo, en un poema describo cómo van cambiando los colores al anochecer. Es un fenómeno fisiológico; a medida que
desaparece la luz, los colores van cambiando hasta desaparecer. De ahí la famosa frase ‘De noche todos los gatos son pardos’. El escribir me sale solo, como hacer joyas o tocar el piano, que me divierte muchísimo aunque lo hago a mi aire, nunca lo he estudiado”. Y acaricia el piano con suavidad....

– Manuel Gómez Zía te ilustró el libro de poemas sobre Sepúlveda. ¿Cómo fue la experiencia?

“Muy buena, enseguida sintonicé con él porque tenemos muchas cosas en común. Me ha hecho muchas ilustraciones tanto a nivel profesional como personal; por ejemplo, para mis "Poemas de Navidad" que escribo cada año para los amigos.


Sepulvedano ilustre y pregonero de sus fiestas, ríe a placer recordando cómo le anunciaron en el programa de la última conferencia que pronunció en Segovia: "Don Mario Esteban de Antonio: sabio y humilde oftalmólogo”.

– ¿Con qué faceta tuya te quedas?

“Médico humanista, porque lo coge todo. Marañón decía que el médico que sólo sabe medicina ni medicina sabe, y es verdad. Me da muchísima pena la gente que sólo sabe medicina”.

Por segunda vez su rostro risueño se llena de tristeza, pero ahí está su paisaje, su tiempo, sus veladas veraniegas, la luz reflejada en su cara y esa cordialidad para devolverle la sonrisa.

Artículo escrito por Estrella Martín Francisco para El Nordeste de Segovia, Marzo de 2008

 
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