Martín Antoranz Albarrán “Tinín”: "Un asador todo corazón"

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Este mes os presentamos otro artículo de Estrella Martín Francisco, que se publicó en su día en el periódico comarcal "El Nordeste de Segovia" y que como tantos otros, estamos recuperando para la nueva sección de esta Web: "Personajes de Sepúlveda". En esta ocasión os presentamos a Martín Antoránz Albarrán "Tinin", un asador todo corazón.

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Su figón forma parte del paisaje y la historia de Sepúlveda de la que cuenta maravillas de forma campechana y cariñosa. Su pueblo, junto con su familia y sus amistades, son todo para él y le hacen emocionarse,  como lo hizo en el reciente homenaje que le brindó la Asociación de Industriales y Hosteleros de Segovia.  Hombre de pocas palabras , Tinín (apodo que le viene de ser muy pequeñín  de niño “y dicen que muy travieso”) es risueño y cercano, insinúa con su mirada y su risa y parece recrearse en ello. “Hablo lo justo”, dice discretamente dejando que hablen sus ojos y sus sentimientos.
              
Era obligado quedar con él en su figón,  en los soportales, en esa calle  con nombre de pintor que no necesita adjetivos. Nos recibe acelerado pero conseguimos sentarnos un rato con él tratando de entender todas las palabras que quiere comprimir en poco tiempo, mientras borramos el reloj y se olvida que le esperan en Aranda. Más que una entrevista,  es una charla  informal porque, ante todo, es una persona cercana que ha hecho grandes amistades en su negocio. “De todo tipo que pidas y muy buenas. A estas casas viene mucha gente  y son como un confesionario. Hay gente que viene  deshecha, con muchos problemas, y cuando te pones en una mesa con un cuarto asado y una botella de vino, tienes un momento de felicidad porque hace falta desahogarte con alguien que te escuche. Y como me dijo mi padre (que en paz descanse) “hay que aprender a escuchar”.

Tengo una entrevista tuya grabada hace muchos años en la que decías que llevabas toda la vida asando pero no te imagino yo con pañales y atizando a los corderos.

Empecé muy joven y aprendí con mi madre. Teníamos ovejas y yo las cuidaba. El figón se abrió en 1985 y va por la sexta generación. Yo creo que me moriré con las botas puestas porque  soy feliz aquí y el trabajo me da salud. Me ha hecho mucha ilusión que mis hijos siguieran porque,  si  no es por ellos, a lo mejor no estaba ya en esto. Tengo muchos años, tú lo sabes, pero me siento respaldado por mis hijos porque son maravillosos y me han salido buenísimos.

La gente viene y ve el cordero en la mesa pero  ¿qué hay detrás que no se ve hasta llegar ahí?

Me levanto a las 7 de la mañana todos los días y me voy con mi hijo a por los corderos que traemos vivos al matadero. Me gustan los buenos, ¡qué le voy a hacer! Venimos a  prepararlos para asarlos cada día, los 365 días del año, que es un triunfo.  

No tiene una cantidad fija para asar “A ojo de buen cubero. Los fines de semana son buenísimos. Entre semana hay gente pero menos.

Hoy jueves, por ejemplo, ha sido un día estupendo pues ha venido mucha gente de Zaragoza porque tenemos la suerte de tener un pueblo precioso y la gente viene a ver Las Hoces del Duratón, los museos maravillosos que tenemos, los monumentos y comen cordero en Casa de Tinín, como Dios manda.

¿Qué sería Sepúlveda sin el cordero?

 Tiene  de todo y unas raíces buenísimas que es difícil que  pierda. Si falla el cordero, pondríamos otras cosa, no te preocupes.

Tendrían que nombrarte embajador de Sepúlveda.

Te voy a decir una cosa, me he podido marchar  de aquí muchas veces. Me han ofrecido los mejores restaurantes de España pero a mí Sepúlveda me vuelve loco. Primeramente tiene una gente para descubrirse y luego tenemos un pueblo que es una maravilla, una joya. Y eso me emociona y encima tenemos la suerte de tener unos clientes maravillosos. ¿Qué más queremos?

Pero alguna vez habrás tenido algún cliente borde…

A mí los clientes bordes se me olvidan a los diez minutos y los buenos me duran toda la vida; te lo digo de corazón.

Clientes ilustres

La historia de su figón está reflejada  a retazos por sus visitantes en su libro de Honor donde aparecen dedicatorias de Adolfo Suárez, Gloria Fuertes, Forges, Juan Carlos I…

¿Cómo fue esa visita real?

No veas los platos que rompí. Me decía mi mujer: “¡Otro más!”. Casi nos quedamos sin vajilla.  Cuando entra él, cambias totalmente; ya no eres tú. Es un hombre encantador que  está hecho un chaval.

De Arguiñano  afirma que es “Muy gracioso y sabe mucho pero,  eso sí, habla un poco más que yo. Se fue muy contento y ha vuelto otra vez”. La clase política también es asidua. “ Aquí han venido muchos políticos de todas las tendencias. El día que  se cayeron Los Ángeles de San Rafael, Adolfo Suárez, que era el gobernador de Segovia,  estaba en mi casa comiendo y yo le tuve que dar la noticia.”.

Ir a comer a Tinín es no  tener que estudiar la inexistente carta, sólo hay que sentarse a la mesa y esperar que te sirvan.  Aunque Madrid y la A1 se comen prácticamente todos sus corderos, “De  Estados Unidos viene muchísima gente. En el New York Times me hicieron un reportaje en el 78, me dieron el garbanzo de Plata de Nueva York y todavía me traen periódicos para firmarlos. Yo no he estudiado idiomas pero con las manos me entiendo perfectamente. Les cojo les llevo al horno, les pongo de comer y se lo comen sin decir ni palabra”.

¿Cómo ha cambiado la clientela desde antes de los 60 a  ahora?

Aquellos años eran horrorosos. Lo he pasado mal porque no había nada de nada, ni carne, había que buscar los corderos debajo de las piedras.  Se metían al horno uno o dos  y había que salir a buscar a los clientes a la calle y, si valía el cuarto 25 pesetas, había que dejarlo en 22 porque todo el mundo regateaba. Ahora la cuenta que les das, la pagan; no regatea nadie. Cada vez viene gente más entendida. Me gusta muchísimo la gente joven porque son chicos más preparados que nosotros, son maravillosos.

 Y cuando  no duermes, ¿cuentas corderos?

Tengo la gran  suerte de dormir a pierna suelta y muy tranquilo. Siempre recuerdo a mis seres queridos y no me quiero poner triste porque me emociono.

Hablando de emociones, el 26 de abril recibiste un homenaje ofrecido por los hosteleros de Segovia.

Para mí ha sido el mejor homenaje que me han dado y me han dado bastantes. Porque que los compañeros de mi tierra se acuerden de mí, es lo mejor que me ha podido pasar y me hizo mucha ilusión que estuvieran amigos míos de verdad.

Me dice que tiene anécdotas para estar 5 años conmigo. “ Una vez fui a Francia con mi amigo Juan y entré en un restaurante y me saludó un camarero,  estuvimos por ahí de copas toda la noche con él. Me ocurre en  muchos sitios, cuando voy a pagar,  me dicen que estoy invitado”.

Si Tinín disfruta trabajando, saborea también su tiempo libre. Se acabaron esos San Pedros de empezar a dar comidas a las 10 de la mañana y dejarlo a las 9. “Todas las tardes, a partir de las 7 de la tarde, hago fiesta. No doy cenas. Me doy mis paseos todos los días y me tomo mis 4 vinitos  y en septiembre me voy unos días de vacaciones”.

Y sí, incluso con sus vinitos y sus palabras aceleradas,  Tinín sigue formando parte del paisaje cotidiano  de Sepúlveda, el de las calles y bares, con su sonrisa y sus emociones.

 

Artículo escrito por Estrella Martín Francisco para El Nordeste de Segovia, Junio 2009

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