Mercedes Cristóbal Galindo: La otra cara de la emigración

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Este mesos presentamos otro artículo de Estrella Martín Francisco, que se publicó en su día en el periódico comarcal "El Nordeste de Segovia" y que como tantos otros, estamos recuperando para la nueva sección de esta Web: "Personajes de Sepúlveda". En esta ocasión os presentamos a Mercedes Cristóbal Galindo, emigrante en los 60.

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Un poco insegura ante esta experiencia, prefiere que esté presente su hija Mercedes, de prodigiosa memoria,  y también su hermano y su cuñada que vivieron aquellos casi 20 años en Francia de cerca. Allí  lo pasaron muy mal pero también estupendamente con  amistades que lo fueron todo. Los silencios de Mercedes dicen mucho más que sus palabras cuando su mirada se traslada a unos cuantos kilómetros. “Mi media vida ha sido allí” y te acoge con esa paz y ese cariño desde dentro, sin grandes efusiones, mientras damos cuenta al tentempié que ha preparado en la terraza de su casa.

Estamos muy acostumbrados a ver emigrantes por nuestra zona. Quizá se nos olvida que en los 60 muchos españoles tuvieron que abandonar su país y encontrarse con barreras lingüísticas,  económicas y sociales pero sobre todo afectivas. Se nos olvida que se sintieron no queridos y vivieron en sus carnes  el desprecio y las burlas.

Mercedes fue una de esas emigrantes, estuvo en Francia casi 20 años y volvió con un sabor mezclado entre  lo que dejó y la alegría de volver a su país.

¿Cuándo os fuisteis a Francia y por qué?

Vivíamos en Zamora donde mi marido iba a hacer un silo,  la empresa se vino abajo y le dejaron poco menos que en la calle. En Sepúlveda nos enteramos que pedían emigrantes para Francia y se fue con su hermano. A los 6 meses me fui yo con mis dos hijos, el mayor con 6 años y la niña con uno.

En contra de lo que pueda parecer vivió ese duro momento con mucha alegría. “No sé si por conocer otro mundo o por qué. Aquí la mujer era muy esclava. Salías con el marido y los niños a dar un paseo y al anochecer él se iba al bar y tú a casa. Así que lo viví como un escape”.
Los difíciles comienzos.

Era 1961 Mercedes tenía 30 años y muchas expectativas ante su nueva vida. Pero no se encontró la vida que esperaba. Su marido se iba de casa pronto y ella tenía que enfrentarse a todos los problemas. “Sientes que la gente no te quiere y que se ríen de ti. Una vez les dije a unos en español “Cuánto daría por verte en España con  tremendo apetito y sin que supieras cómo pedir de comer”. Yo he llorado muchísimo. Me veía mal, estos eran pequeños y Ángel se iba por la mañana y volvía por la noche. El embarazo de mi hijo Manolo, que nació allí, fue horrible cuando aquí no había tenido problemas con los otros dos”. Al principio vivían todos en una habitación en muy malas condiciones. “Tenía  una escalera muy pina y daba a un tejado. Era como si te metieras en un palomar. Allí hacíamos todo: fregar, comer,  dormir, lavarse... Teníamos que bajar al servicio a la parte de abajo pues era común. Eso era malvivir. No me explico cómo pudimos vivir así”.

¿Y cómo te arreglabas para comprar?

Señalaba las cosas aunque no siempre funcionaba. Un día fui a comprar hígado porque aquí era una cosa primordial para los niños pero  no lo veía en la carnicería. Saqué el diccionario y le dije la palabra. Pero no hubo forma. Me fui sin él y me senté en un banco a llorar de rabia e impotencia,  esperando que viniera mi marido.

Al principio, como no sabía lo que costaban las cosas ni lo entendía, siempre pagaba con billetes pero luego conocí a una andaluza, de la que me acordaré toda la vida, que me ayudó muchísimo.

Otra vez necesitaba huevos y tampoco sabía cómo pedirlos así que mandé a mi hijo mayor y le di unas cáscaras y le dije que enseñara doce  con los dedos para que supieran lo que quería.

En general la gente no te ayuda aunque haces amistades con españoles y no tuvimos problemas con los vecinos.

Vivieron cerca de la frontera con Suiza. Mercedes y sus hijos fueron como turistas pero al año “Me denunció una amistad y fueron los gendarmes  a por mí. Me dijeron que o salía de allí en 24 horas o me metían en la cárcel. Y nos tuvimos que volver, una vez en España arreglamos los papeles y ya nos fuimos”.

La alegría de la amistad.

A través del trabajo de su marido conocieron a españoles de Albacete, Santander, Andalucía, Badajoz… “Y lo pasamos en grande. Llevábamos la vida de aquí pero con un nivel más alto. Estábamos muy hermanados, éramos una piña. Íbamos todos a la casa de todos, cada uno preparaba una cosa y estábamos todas las familias juntas”.

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¿Qué llevabais y traíais cuando veníais de vacaciones a España?

Traíamos cuchillos eléctricos, electrodomésticos, cosas de duralex, juegos de café, tabaco para los amigos…Para allá nos llevábamos jamón, embutidos, turrón, aceite y bebidas, sobre todo anís y coñac. Íbamos mucho a Irún a comprar cosas, sobre todo antes de Navidades. Había “aduanas volantes” y una vez nos pararon y nos vaciaron el coche, también nos quitaron todo el dinero que teníamos y encima nos multaron. Nos quedamos hasta sin el turrón.

Al final lo único que echaban de menos era a la familia sobre todo en Navidad “pero cuando iban a vernos lo pasamos muy bien”. Y Mercedes añora esos años, se la ve en la mirada. “Se hacía vida en las casas. Era todo más familiar y ordenado, nada del desmadre que hay aquí  ni de comer a las 4. Teníamos horarios diferentes y no se alternaba tanto  porque a las 10 ya estaban en la cama”.

Su hijo mayor se vino a hacer la mili a España porque no quería nacionalizarse allí y, al final, le siguieron todos. Después de casi 20 años eran propietarios de un estupendo chalet y de una vida desahogada. “Me dio pena venderle. Si me lo hubiera podido traer a Sepúlveda…”.

No comprende el desprecio hacia los emigrantes “porque sé lo mal que se pasa”.Vuelve a sus principios, sus lágrimas, sus carencias… Pero también sonríe recordando cómo mejoró su vida y la solidaridad que encontró en sus compatriotas. Nos despedimos con un beso “He pasado un rato muy bueno”, me dice. Para mí eso es lo más importante.

Artículo escrito por Estrella Martín Francisco para El Nordeste de Segovia, Agosto 2008

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