Petra de Santos "La Chonela": 50 años endulzando la plaza mayor de Sepúlveda

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PETRA DE SANTOS ARCONES "La Chonela"

Es una mujer pequeñita, llena de determinación y desparpajo que todavía conserva a punto de cumplir 90 años. Pero no se la puede transcribir, hay que escuchar su voz cantarina con alas pizpiretas, verla accionar, abrir con asombro y picardía esos ojos en los que pinta rayas negras y mover esos labios, siempre rojos. Ella no cuenta sus historias, las interpreta cantando frases y se emociona mientras vive, revive sus 50 años en la plaza y su vida en la que pasa de puntillas por los malos momentos.

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– ¿De dónde te viene el nombre de Chonela?

De cuando iba a la escuela. Llevábamos de esas bellotas de comer y las partíamos por el medio, poníamos un palo y hacíamos una pirindola y de eso viene “La Pinchonela”, de que bailaba. (Abre mucho los ojos y empieza a tararear una melodía mientras mueve las manos.)

Su padre era barquillero y en casa hacían oleas, barquillos, helados, pirulís, almendras. (¿qué niño de Sepúlveda no la ha ayudado a “cascar almendrucos” en la hora de la siesta?). Y su puesto se fue adornando con globos de colores y mercancías que ella anunciaba con gracia. “Era más conocida que La Charito”, dice orgullosa mientras me enseña una tarjeta de José Luis Péquer: “Feliz 1959 y gracias por tu verbo”, o fotos con Lucía Bosé o una carta del embajador de Argentina.

– ¿Algunas anécdotas?

¡Tú verás! ¡A montones! Una: Era un día criminal de invierno que no se podía resistir ya en la plaza y no venían los que me ayudaban a llevar el puesto. No se veía un alma y yo no aguantaba más. Y aparece un niño de unos 8 años: “¿Dónde va este mocete? ¿Te quieres quedar aquí en lo que yo subo estas bolsas?” Me llevé todas las que pude porque me daba pena dejarle solito y bajé pitando. Le di un duro y le puse una bolsa con cosillas para que se las comiera en la estufa. Le di un beso y se fue tan contento. Al día siguiente me vio su abuela, la Vitoriana, y me dijo: “¿Sabes lo que me ha dicho mi nieto? Que le
ha salido trabajo con La Chonela”.

Ese niño, que ahora tiene un bar, cuando sale a pelo, dice que el primer trabajo se lo dio La Chonela. Me hace más gracia que si me tocara el gordo.

Siempre con humor, no era raro verla en el puesto tirando unos petardos. “Otro día me puse una sombrilla nunca vista y traje el fuelle que causó furor. Viene Cacharrón y me dice: “Dame un globito” y le digo con guasa “¿Con música o sin ella?” y yo venga a darle al fuelle y a cantar”.

El valenciano y la guerra

La guerra “la pilló” en Valencia y no quiere detenerse en esa etapa, con su marido en la cárcel. “Fue horrible. Abríamos las tripas de los conejos y los ollos para hacer sopa. No había ni pan. Aunque tuvieras dinero, no te vendían nada. Un día estaba un señor en un campo segando la alfalfa: “Camarada, me vende unas alcachofas para comer?” Me dijo que no y empecé a acelerar “zafe-zafe” y lo mismo me daban habas que alcachofas (va escenificando la escena) Él detrás insultándome en valenciano. Si me alcanza, me siega el cuello”. En el tranvía en una fiesta me suelta uno: “Escolte, dona. ¿No va a empinar el cachirulo?” Y le digo: “¿Y a usted no le han dado por donde cargan los carros?”. Se lo cuento a mi hermano Eugenio y me dice: “Que no, mujer, que lo que osotros llamamos en el pueblo “la cometa” aquí lo dicen “el cachirulo” Pero yo, por si me engañaba, le tiré esa perdigonada. Y ríe con ganas de esa determinación suya con arranques viscerales mientras observo su maquillaje.

– Siempre te ha gustado ir arreglada y pintarte.


No está reñida la pobreza con la limpieza. De joven es para agradar y de vieja para no asustar, porque es así la vida. Sus escritos Durante muchos años escribió para el programa de fiestas de Sepúlveda. Dice que en sus escritos está toda su vida y en ellos habla de ella: “Soy vendedora ambulante/ de pipas y caramelos/con mi garbo y mi salero/ voy buscando al rapazuelo/ para que compre en mi puesto/ los ahorros domingueros”

Del duro invierno de su pueblo: “Viene el invierno/ con cara de pena/ y a cubrirnos/ con su capa negra…/ Maldito invierno/ que nos traes en tus manos/ la tristeza y la miseria”

De sus anécdotas y filosofía: “El que es bueno y honrado tiene su recompensa, el que no la tiene es el que tiene el corazón lleno de verdugones. Porque en la vida hay que pasar muchas fatigas y muchas calamidades hasta poder traer el pan a casa, que luego es como se vive tranquilamente”

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– ¿De dónde te viene la afición de escribir?

Se me venía a la imaginación, oyendo el aire, sola, en esos “casularios”, con poca lumbre y te viene la inspiración de cosas. Me entretenía en hacerlas, lo leía 50 veces y luego iban tan redactaditas. Hija predilecta de Sepúlveda En el año 1990 un cuadro de Lope Tablada Martín con La Chonela y su puesto aparece en la portada del programa de fiestas de Sepúlveda, y en el 2001 el ayuntamiento la nombra hija predilecta.

 – ¿Qué sentiste?

¿Qué voy a sentir? Se me cortó la respiración. Cuando tuve que hablar dije: “Estos señores que me han hecho este homenaje son aquellos niños que venían a comprar cuando salía a la plaza del pueblo. Todos venían corriendo, heladitos de frío, a gastarse la perrilla del domingo. Gracias a ellos se lo debo
todo porque me han ayudado a salir adelante y les doy un abrazo. Gracias, majetes” ¡Cómo se reían todos!

Mientras cae la tarde me pregunta, se pregunta, si habrá vida en otros planetas o el porqué de las distintas razas y de tantos misterios que la atraen. “Lo que más me gusta es ver pasar un cohete”, me dice con los ojos llenos de estrellitas. Poco después cerrará la puerta de su casa de la que está tan orgullosa y se irá a cenar a la residencia.

 

Artículo escrito por Estrella Martín Francisco para El Nordeste de Segovia, Agosto de 2006

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