Venancia Fresnillo San José: La mujer, pieza clave en la vida rural

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Hoy os presentamos otro artículo de Estrella Martín Francisco, que se publicó en enero de 2014 en el periódico comarcal "El Nordeste de Segovia" y que como tantos otros, estamos recuperando para la nueva sección de esta Web: "Personajes de Sepúlveda". En esta ocasión queremos recordar a Venancia  Fresnillo San José, que falleció el 20 de diciembre de 2014.

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Tiene una mirada apacible y tranquila  a pesar de sus 98  años de vida intensa. Ya no recuerda muchas cosas pero pasea con rapidez, canta y toca la pandereta con una sobrina y juega a las cartas con su hija. Con 8 años ya salía  al campo con las ovejas y se sabía el nombre de todas. Junto con las gallinas, eran los únicos animales que había en ese pueblo de terreno duro y seco en el que solo se sembraban cereales y se cultivaban tomates y berzas de secano. Llevaban una economía de subsistencia y prácticamente se hacían todo lo que necesitaban: las cestas de mimbre con vástagos de zarzamora, covanillos para vendimiar, albarcas o lazos para cazar.

Cuando llegamos, está jugando a la brisca  con su hija, partida que dejan a medias para ir a sentarse a su sillón. Le explico que le voy a hacer unas preguntas y me contesta un poco insegura: “No sé si acertaré”.

Seguro que sí, esta  es fácil, ¿Cuántos años tiene?

“Estoy cerca de 100, 98 o por ahí”.

En el pueblo no había escuela y tenían que ir a Hinojosas andando. Se juntaban todos los niños y marchaban para allá. Había días que les sorprendían tormentas.  “A veces nos metíamos en algún portal,  si llovía, hasta que caían gotillas pero dejé de ir a los ocho años porque tenía que ir con las ovejas. Cada uno del pueblo teníamos 30  o  40  y nos juntábamos en el campo.  Yo en las piedras escribía con otra piedra,  hacía rayas y letras como si fuera un papel, para que no se me olvidaran. Llevaba unas alforjillas para meter la merienda pero casi nunca me comía todo”.

Era  una época dura en  la que la mujer trabajaba más que el hombre en los pueblos pues  tenía que hacer las cosas de casa, cuidar a los niños además de las labores del campo:   segar  en verano, acarrear, venir a casa a hacer la comida... Luego los hombres se echaban la siesta pero las mujeres no porque tenían que zurcir  o preparar los vencejos, con cañas de centeno que había que poner en remojo, para hacer los haces.  Todas las labores agrícolas se hacían  a mano.

En Aldehuelas no había fuente y se iba a por el agua al pozo, cerca de la iglesia,  con los cubos o cántaros. En verano,   se secaba y había que ir a uno que estaba más lejos con los burros y esperar casi hasta que manase. Echaban la mañana para  ir a lavar a los lavaderos del pozo de abajo o para llenar  cuatro cántaros de agua. Esta era una de las tareas de los niños, que también tenían su parte de trabajo y responsabilidad como  cuidar de los corderos, sacar los machos de careo o ir a buscarlos, dar de comer las gallinas, ir con las ovejas…. “Depende de la época: a escardar en primavera, a segar en verano, a acarrear…todos teníamos tarea. En nuestra casa canturreábamos  al ir al campo. Me  enseñaba mi madre las canciones pero ya no me acuerdo”.

¿Y  a qué jugabais?

“A los bolos (la gente los hacía de madera con una navaja),a “ queda por ti” y dar un cachete, salían  los pequeños por delante y los mayores salían  que se mataban, a echar una pelota al paredón…Primero jugaban los hombres a mano y dejaban ahí las chaquetas. También hacíamos el baile en el paredón y los hombres jugaban al chito después de misa”.

¿Después de cuidar las ovejas, qué hizo?

“Estuve  en Sepúlveda, con 10 0 12 años, cuidando a Eloísa y Juanita de teléfonos. Me fui a Madrid con 14 años sirviendo en varias casas hasta poco antes de la guerra. Volví al pueblo porque estaba mi madre mala y, gracias  a que vine a pasar unos pocos días, estuve con ella  y me alegré”.

Aunque dice no haberlo pasado mal en la guerra es como si no quisiera recordar. “No veía ilusión y había cosas que no eran de juego  pero, en fin, ha pasado ya; hay cosas que no gustan pero hay que pasarlo”.

Estuvo incluso en Barcelona  4 años donde aprendió a elaborar platos ricos como cocinera para  satisfacción posterior de su familia. También estuvo en Casa Paulino en Sepúlveda cocinando “Se comía muy bien y venía gente de fuera y cuando terminaba a limpiar. Venían familiares de la Sotera con cargas de leñas y se llevaban comida para los que estaban en el pueblo. A los soldados les ponía cazuelas de asadurilla”.

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¿Y tenía tiempo de echarse novio con tanto viaje?

“Vine  al pueblo a  cuidar a mi padre, me conocieron,  me convencieron y me casé. Porque yo, tan de repente, no quería pero mi marido metió  prisa”.

Seguramente porque Veni tenía ya  39 años, una avanzada edad para casarse en esa época. Solo tuvo una hija y se puso tan contenta: “Porque yo esperaba eso y eso vino”. Y siguieron esa vida de subsistencia, de aprovechar lo poco que les daba el terreno y fabricarse ellos mismos las cosas que necesitaban. “Recuerdo a mi abuelo que iba al campo y volvía con un hatillo de aulagas para la lumbre porque no había otra cosa”. Cuenta su hija Tomasita que nos ilustra sobre el pueblo y sus orígenes “El nombre quiere decir  aldeas pequeñas y de poca categoría,  porque había varias,  y  esta debía de estar en el centro que es donde estaba la iglesia. Las demás han desaparecido. Hay una zona que se llama Los Casares porque debía haber casas. En una zona detrás de la iglesia,  se ve que había edificaciones pero no las hemos conocido. . . ¿Conoces un libro que se llama “Pueblos y despoblados de la provincia de Segovia”? En él se dice que en el año 1200 y pico  ya se recoge el nombre de Aldehuelas. Tiene cosas muy curiosas como que la iglesia de Urueñas está hecha con partes de una iglesia de Bálsamos”.

Volvemos a Veni que se ha quedado como ausente, llena de  serenidad y aceptación de su vida con agrado, reflejada en esa cara libre de preocupaciones y tan agradable.

¿Va mucho a su pueblo?

“Voy  el día de la fiesta, la Virgen del Rosario que es el primer domingo de octubre. Hay procesión y luego la gaita y el   tambor. El año pasado bailé una jota con mi hija a la puerta de la iglesia. Allí se baila bien  porque hay hierba y hacemos lo que podemos. Nos conocemos todos, es un pueblo muy familiar”. Y Tomasita añade con una sonrisa: ‘¡Y tanto, casi todos somos familia! También se celebra San Esteban el 26 de enero’”.

Aldehuelas  ahora es conocida por sus canteras, de ellas se extrae la famosa piedra rosa de Sepúlveda tan utilizada en toda la zona. Pero ha perdido parte de su identidad, las viñas. Antes  hacían su propio vino y tenían lagares. Los niños disfrutaban de este producto con las “sopillas”, rebanadas de pan con vino y azúcar.

Llevas ya unos cuantos viviendo en Segovia, ¿qué hace allí?

“Salir de paseo, cantar, echar la siesta, jugar a las cartas… una cosa corriente”.

Su vista ya no es muy buena y no puede entretenerse con muchas cosas pero aprovecha las oportunidades que le da la vida y disfruta de este tiempo lleno de comodidades  impensables en su pueblo hace un siglo  en el que había que dedicar una mañana para conseguir agua, quizá por eso la valoraban tanto.

 

Artículo escrito por Estrella Martín Francisco para El Nordeste de Segovia, Enero de 2014

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