Fiestas típicas, las de Sepúlveda: 24 de agosto de 1942

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Dejando de un lado la actuación de quienes oficialmente intervienen en el programa taurino de los festejos, no hay duda que existen en el ambiente típico de esta plaza la arrogancia de quienes, siglos ha, hicieron de cada pidera -prodigadas extraordinariamente- firme sillar de las más viriles aventuras. En cuanto a los espectadores, podrá observarse que todos dejan de serlo y se consideran cada cual actores principales en cada instante.

En el encierro de las reses que se lidian, nadie deja de tomar parte activa. Unos presumirán después que, desde la dehesa, han venido junto a los cuernos de los novillos; otros que han evitado con su actuación que el "piñanao" tomase en Santa Cruz el camino de Urueñas. Quizá alguien se jacte después de que, la vacada en la Barbacana, no ha podido impedir al pisotearle que estuviera al lado del toril para encerrar a cada res en su lugar. Pero todos, ciertamente, irrumpen en la Plaza en el instante crítico en que el mayoral, a caballo y pica al hombre, luce en la mañana festiva su gran sombrero. Y hasta las mujeres unen en la misma plaza sus gritos con los chillones colores de sus pañuelos, cual banderas atrevidas de una fiesta que tiene por escudo, en la mañana, las horas madrugadoras del viejo reloj.

Si aún pudieran guardar algo las siete llaves del escudo sepulveano, aparte de los blasones y gestas de la villa, diríamos que encierra cada año el mismo color de los anteriores. Las piedras del Castillo, los sillares de las señoriales mansiones y hasta el color abarquillado de la madera con que se construye el irregular ruedo taurino, conserva siempre idéntica tonalidad, como si el tiempo no pudiera añejar más su viejo color (...)

Hemeroteca de El Adelantado de Segovia - Hace 75 años. 24 de agosto de 1942

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