Los acusados del homicidio de Aldehuelas niegan su participación

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Los dos hermanos imputados subrayan en el juicio que la víctima llevaba “una vida desordenada”, marcada por su enfermedad alcohólica

La vista oral del juicio que dirimirá la responsabilidad de Miguel Angel y Javier C. L. como presuntos autores de un delito de homicidio por una presunta agresión a su hermano Cecilio cuyas lesiones le causaron la muerte a finales de noviembre de 2011 dejó ayer en su maratoniana primera sesión sentadas las bases que el Ministerio Fiscal y las defensas tratarán de probar a lo largo de los próximos días en la sala de vistas de la Audiencia Provincial de Segovia.

Los seis hombres y tres mujeres que forman el tribunal del Jurado elegido para esta causa deberán escuchar a cerca de una treintena de testigos y peritos citados por ambas partes que tratarán de probar la culpabilidad de los acusados conforme a las tesis de la Fiscalía, que pide una pena de prisión de 12 años para ambos acusados; o la libre absolución de ambos según sostienen las abogadas responsables de la defensa.

La primera jornada, marcada por la elección del jurado, en la que el tribunal y los representantes de las partes emplearon cerca de cuatro horas para determinar su composición, abrió con la declaración de los dos encausados, que en todo momento sostuvieron su inocencia ante la sala frente a las preguntas de la fiscal, orientadas a destacar las contradicciones entre la declaración realizada en primera instancia ante el juzgado de Sepúlveda al ser detenidos como presuntos autores, y la realizada ayer en la sala.

Así, Miguel Angel C.L. aseguró que su hermano Cecilio se trasladó a vivir al pueblo hace nueve años tras separarse de su esposa y ser retirado de la Policía Nacional debido a su enfermedad alcohólica, y en el pueblo “hacía su vida” dedicado únicamente a “salir de fiesta” en Cantalejo y Sepúlveda, donde era muy conocido por su afición a cantar “por Rafael Farina o Molina” en algunos bares y establecimientos en los que “le reían las gracias”.

El acusado, que vivía con la víctima en el pueblo, aseguró que en la mañana del 29 de noviembre de 2011 fue a ver a su hermano a la alcoba a media mañana tras atender su rebaño de ovejas, y advirtió en su cara un golpe y una pequeña señal; y al preguntarle cómo se produjo la herida, le explicó que se la había hecho “cortando palos” de leña.

El acusado señaló que no regresó hasta por la tarde a su domicilio, y encontró a su hermano tirado en el suelo en medio de un “charco de meado” y con la cara totalmente tumefacta, por lo que decidió avisar al 112 para que enviara una ambulancia mientras él atendía a su hermano y mudaba la cama a la espera de la llegada de los sanitarios.

En su declaración, aseguró en todo momento no haber puesto “ni una mano encima” a su hermano, y definió su relación como normal, en la que “lo único que le he dado son consejos”, y negó ser el propietario de los garrotes que se le mostraron en la vista y que fueron encontrados en el domicilio en el que sucedieron los hechos, supuestamente utilizados para la agresión.

Asimismo, señaló que las contradicciones señaladas por la Fiscal obedecen a la “presión” sometida por la Guardia Civil en su detención, y en las 72 horas que permaneció en los calabozos de la comandancia, donde aseguró que fue “tratado como un perro, comiendo un bocadillo que me tiraban”.

Por su parte, Javier C.L. abundó en las tesis apuntadas en la declaración de su hermano, y aseguró que el día de autos él no se encontraba en el pueblo, ya que había estado seis días antes para ayudar a su hermano en las tareas ganaderas porque “me daba pena que tenga tanto trabajo y no tenga ayuda”. Así, aprovechó su situación de desempleo en aquella época para trasladarse al pueblo durante algunos días a tal fin, pero regresó a la localidad madrileña de Alcobendas –en la que reside habitualmente- días antes de los hechos.

El hermano de la víctima aseguró que su relación con Cecilio era “buena”, pero aseguró que era un hombre “muy deteriorado y sin habilidades, y se fue deteriorando más por el alcoholismo”. También reiteró que con su hermano “nunca llegué a las manos”, y precisó que al igual que Miguel Angel “trataba de darle buenos consejos, era como un niño pero no hubo nunca discusiones violentas”.

Antes de la declaración de los acusados, el Ministerio Fiscal y las abogadas de los acusados expusieron brevemente ante el jurado los argumentos con los que defenderán sus respectivas posturas en la causa. Así, desde la fiscalía consideran probada la agresión , y aunque reconoció que la investigación previa no ha conseguido determinar el arma homicida “ello no impide llegar al conocimiento de los hechos ni la condena”. Además, señaló que los testigos –entre los que se encuentran los facultativos que le atendieron el día de autos y a quienes señaló a sus hermanos como responsables de la agresión- sustentarán con su testimonio las pruebas del ministerio fiscal.

Por su parte las abogadas Miriam Eva Martínez y Teresa de Miguel, representantes de los acusados, inisistieron en solicitar la libre absolución de sus patrocinados al asegurar que “no hay testigos directos de la agresión ni tampoco se ha hallado el arma homicida; y en la investigación no se han encontrado restos biológicos en el lugar de los hechos que evidencien su participación. Además, ambas destacaron que ambos acusados mostraron en todo momento una actitud “colaboradora” con los investigadores facilitando la labor policial.

El juicio continuará hoy con las declaraciones de los cerca de 25 testigos citados por las partes, a las que se sumarán las de los peritos forenses que explicarán al jurado las circunstancias de la muerte de la víctima. Se espera que el juicio quede visto para sentencia el próximo jueves.


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