Isidro Ortíz Trapero "El Diablillo": Alcalde Honorífico de la Cofradía de Duruelo

Alcalde Honorífico de la Cofradía de Duruelo

Persona trabajadora y con alma que une, pone empeño e ilusión en todo: desde hacer su propia casa a esquilar o montar la antigua plaza de madera. Isidro  ha pertenecido toda su vida a las cofradías, siendo en la  actualidad alcalde honorífico de la Transfiguración del Señor, cofradía que, gracias a su empeño, cuenta con la primera mujer alcaldesa de Sepúlveda. Conoce las ceremonias de la Semana Santa, las fiestas y entierros en los que las hermandades tienen un papel protagonista desde el siglo XVI  que, gracias a Isidro y otros como él, llega hasta la actualidad.

Aparece puntual y sonriente a nuestra cita con una carpeta con documentación sobre la Transfiguración. Nos atrae la historia de este hombre afable, exquisito en su trato, que conoce tan de cerca estas congregaciones. No pudo ir mucho a la escuela pero tiene una letra bonita y cuidada y no hay trabajo que se le resista. “A los 8 o 9 años empecé dando a la rueda en ca Panero para hacer los cordeles  y luego haciendo cinchas para el ganado”.

¿Por qué te llaman el Diablillo?

“Mi padre era muy amigo de Paco Calzaderas, de Panero, de Lupo, de Gasolina…Un día estaban tomando unos chatos en la taberna de Calleja, que era la costumbre entonces,  y Poqué dijo que necesitaba dos burros para subir arena y mi padre le dijo a Panero: ‘ ¿Por qué no le vendes los dos  que tienes?’. El otro se dio cuenta y le siguió la broma. Así que decidieron ir a por ellos pasando antes por la taberna para cerrar el trato y que pagara la robla. Cuando llegaron a la casa de Antonio el Duro, le señalaron dos burros de madera que tenía para hacer el portillo de la casa. Tan mal le sentó que dijo a mi padre: ‘¡Tú eres un diablo!’ Con Diablo se quedó y yo con Diablillo. ¡Qué bien  lo pasaba esa cuadrilla y las meriendas que hacían con gatos buenos que cogían! Yo también he comido gato más de cuatro veces y está estupendo. La que los ponía bien era la de los Álvaros”.

¿Cuál fue tu primer trabajo?

“Empecé siendo esquilador de ganado con un señor que se dedicaba a ello hasta los 27 años. Como no había tractores, usaban machos y burros y nos recorríamos todos los pueblos de por aquí: Torrecilla, La Nava, Perorrubio…En todos los figones tenían hatajos de ovejas y también las esquilábamos. He comido el mejor asado que pueda comer nadie porque los dueños nos decían que aguardáramos porque estaba en el horno. Al asado lo tienes que esperar tú; ahora es el asado el que aguarda a los clientes”.

¿Cómo sujetabais al ganado?

“A los machos los atábamos y  a alguno había casi que tumbarlo.  Teníamos un  ancial  que eran dos palos donde metían el morro y tirabas de una cuerda. Había ganado que lo resistía y otros que no, como el bocao en los caballos. Luego los rayabas todos ellos y los hacías las orejas y el rabo. ¿No has visto como hacíamos los ramos para las mulillas de las fiestas? Empezábamos en marzo con los burros hasta San Pedro y no dábamos a basto y, el día que había mercado, nos los traían a Sepúlveda. Después me iba a segar con mi padre y a lo de don Cándido y, en cuanto pasaban los toros, empezábamos a esquilar hasta San Andrés que venía la nieve”.

En los toros tocaba hacer la plaza de madera y allí estaba Isidro. Por eso su colaboración fue importante a la hora de realizar el libro que se publicó recientemente sobre esta construcción en la que ellos encajaban las maderas con los planos que tenían grabados en su cabeza. “Se guardaba por tableros y así lo sacábamos. Nada más colocarlos y ver los palos, sabíamos dónde iban. El señor Antonio  es quien la llevaba y a mí y a otros, que éramos de los más jóvenes, nos decía que cogiéramos la barra y el cazo para limpiar todas las bases y meter las agujas. Se lleva 33 machones el  tablero grande de debajo del reloj, más la viga madre, los pendolones… Después  de hacer todo,  iban unas cucañas altas para hacer un cuadrado. Recuerdo a Lope Tablada subido en el tablero intentando pintar mientras los chicos daban la vuelta a la plaza y él se cruzaba de brazos diciendo: ‘¡Juventud, divino tesoro!’. Y no podía seguir hasta que pasaban todos”.

Estaba encantado con hacer la plaza porque, cuando se terminaban de hacer los tableros, se sacaban un dinerillo aparte haciendo los sitios para sentarse y Pijilla, el día que mataban los toros, les daba todos los filetes para almorzar a lo grande en La Botera.

También trabajaste en telégrafos.

“Estuve de de auxiliar técnico para recorrer las líneas de aquí a La Matilla y de aquí hasta Boceguillas  hasta que me jubilé. Las recorría una vez por semana por si había un aislador quitado, hilos rotos… toda esas cosas.  He estado también en La Mancha 6 meses, en  Ávila... Te daban buena dieta y nos manteníamos porque, cuando entré, el sueldo era de  500 pesetas al mes”.

¿Cómo empezaste en las cofradías?

“Primero de joven, cuando no se hacían las procesiones como ahora. Entonces, por los años 54 y 55, la cofradía de las 7 Llagas tenía la Oración del Huerto y San Simón y Judas que se guardaban en El Salvador. El señor Pedro “El Herrerillo” era el alcalde de la cofradía y se ponía en contacto con una cuadrilla de mozos  para que lleváramos los Santos  a la Virgen de la Peña para la procesión.  Mientras era la misa, nos íbamos  a La Botera a tomar unos chatitos. Cuando teníamos que volver a meter el hombro para subirlos por la calle de las monjas, lo hacíamos con ganas, sin que se nos pusiera nada por delante. Después, el señor Pedro nos invitaba en la taberna de La Viuda a sobaos y  unos vinos y todos tan contentos.

Entré en la junta cuando me jubilé porque me dijo  Mocho  que les tenía que echar una mano. Estaba Luis Cristóbal de alcalde y me ponía a orilla de él para ir aprendiendo. Cuando fue cogiendo edad, me dijo que tenía que ser el alcalde y hasta ahora. Se me metió en la cabeza que  yo tenía que hacer a su hija Dorita que siempre nos ha llevado todos los papeles y no paré hasta conseguirlo aunque, al principio, don Slawomir dijo que de mujeres nada. El día que lo propuse en la junta, aplaudieron a todo meter y Dorita aceptó con la condición de que la echara una mano cuando ella no estuviera y así lo hago”.

¿Cómo celebráis la fiesta de la cofradía?

“Tenemos un santito pequeño que llevan cuatro niños  en procesión a la iglesia de El Salvador y, después de la misa,  de vuelta a la casa. El alcalde va  con vara blanca y dos cofrades con las varas blancas y cirios, además del tambor. En la casa hay rezos y reparto de pan, vino y bollos. Luego, el fin de semana, hay merienda de hermanos, a los que se les da todo el pan y vino que quieran y ellos llevan su comida”.

El de las cofradías es todo un mundo de solidaridad que ha evolucionado y se ha mantenido con libros humanos como Isidro, que lleva en su mente escritas las instrucciones de cada cofrade, los lugares que tienen que ocupar y lo que tienen que hacer en cada entierro o procesión. A sus 87 años, sus ojos se llenan de vida transmitiendo sus conocimientos con calma pero con alegría sentida.

 

 

Artículo escrito por Estrella Martín Francisco para El Nordeste de Segovia, Abril de 2017

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