El batallón de limpieza de los ecosistemas

Primero hablemos de la importancia de este grupo de animales, las aves carroñeras. Su función ecológica es vital, son los “basureros de la vida”, ellos se encargan de eliminar los cadáveres de otros animales. Esto puede parecernos poca cosa, sin embargo, al realizar esta labor también están evitando la propagación de muchas enfermedades, pues sus potentes jugos gástricos no dejan rastro de ningún patógeno. Por lo tanto, además de dejarnos un entorno limpio de restos, también “desinfectan”, algo que como bien sabemos ahora en tiempos de COVID-19 es tan primordial. Recordar que aunque estemos dando a conocer al grupo de los buitres, hay otro sinfín más de animales carroñeros que también realizan esta valiosa tarea: zorros, escarabajos, cuervos, urracas…

Conozcamos ahora a los “trabajadores” de este batallón de limpieza y desinfección natural. En toda Europa, hay presentes 4 especies reproductoras estables, las cuales además de estar todas representadas en España, es aquí donde habitan sus poblaciones más sanas y numerosas (el 90% de los individuos de toda Europa). Y, vamos a presentarlos por orden de llegada al puesto de trabajo: en primer lugar la rapaz más grande de Europa, el buitre negro (Aegypius monachus) con sus 3 metros de envergadura y su robusto pico es el primero en abrir el cadáver encontrado. Este buitre al alimentarse superficialmente y tener predilección por partes más duras (piel, músculos…) no necesita tener el cuello desprovisto de plumas, lo que sí ocurre con el segundo empleado, el buitre leonado (Gyps fulvus) que dado su gusto por las partes más tiernas (vísceras), tiene que meter la cabeza por cualquier orificio que encuentre en los cuerpos, por ello posee este robusto cuello “pelado” (fácil de limpiar) que termina en un penacho de plumas con aspecto de melena, de ahí su nombre. Tras una jornada intensiva y ruidosa de trabajo, estas dos especies (junto con algún “interino” que aprovecha para coger su parte) habrán dejado poco más que huesos en el lugar en dos horas escasas (tiempo empleado para los cuerpos más grandes).

En este momento, aparecen los que cubren el “segundo turno” y que no siempre están presentes en los ecosistemas de la península. Los alimoches (Neophron percnopterus) de tamaño mucho menor y de plumaje blanco, saben que sus compañeros del turno anterior son un desastre y poco meticulosos, por eso se encuentran con que su trabajo va a estar sobre todo en los alrededores del cadáver, recogiendo todos los pequeños pedazos de carne que en su momento salieron volando en el frenesí, y retirando lo poco que pueda quedar adherido a los huesos. Para esta labor también cuentan con la ayuda de otras aves carroñeras de dimensiones menores. Y por último, aparece el empleado que no tienen todas las “empresas” (de hecho, sólo la pirenaica puede disfrutar de su presencia), el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), que constituye el último eslabón en el aprovechamiento y limpieza de esta escena al hacerse cargo de los huesos y los tendones. Y así, y tras el paso de todos ellos por el lugar de la muerte, nadie diría que allí ha pasado algo: un trabajo bien hecho de verdad.

Para todos los segovianos el más conocido sin duda es el buitre leonado, muy presente en nuestra provincia. En el Parque Natural de las Hoces del Duratón (donde se contabilizan aproximadamente entre 750 y 800 parejas), se localiza la que se considera una de las colonias más importantes de España. La cifra de individuos puede no parecer muy alta si se compara con la población total de esta especie en España (entre 35.000 y 37.000 parejas), pero teniendo en cuenta la extensión total del parque es una población grande y sana. Aunque aquí es donde crían y tienen sus “dormitorios”, no es necesario acercarse hasta allí para observarles, también es muy común verles volando en sus característicos círculos en cualquier lugar que se presente una corriente de aire caliente ascendente, las llamadas térmicas, que usarán para elevarse hasta los 2 kilómetros del suelo y seguir rastreando en busca de un nuevo “trabajo”. Pensaréis: ¡vaya vista! ¿Desde ahí arriba pueden ver un cadáver? Lo cierto es que no ven el cuerpo en sí, sino los destellos que desprenden las plumas (generalmente negras, pero con toques iridiscentes) de otras aves oportunistas que llegan primero: cuervos, grajos, urracas…

Y ahora, la parte menos amable de esta historia. Aunque estemos rodeados de poblaciones muy prósperas de estos animales, lo cierto es que están enfrentando problemas a diario que están mermando su número. El mayor de todos es el veneno, del cual hablamos en el artículo anterior, el principal responsable de la muerte de gran cantidad de estas aves (más de 1.700 buitres leonados, más de 300 alimoches, en torno a 600 buitres negros… Ni siquiera el quebrantahuesos se ha librado: 48 muertes). Los vertederos son puntos negros para estos animales, pues allí llegan otros que han muerto o sido sacrificados con sustancias tóxicas. Pero no sólo las sustancias tóxicas ocasionan la muerte de estas aves, hay otras que pueden parecer inofensivas, pero que para ellos no lo son, como por ejemplo antibióticos y antiinflamatorios; razón por la que está prohibido arrojar reses de ganadería intensiva (que han sido tratadas con estos medicamentos) muertas para que les sirvan de alimento.

Otras dos causas también de mortalidad en estos animales relativamente frecuentes son: la electrocución y el choque contra las palas de los aerogeneradores. Aunque parezcan animales muy robustos y nacidos para volar, precisamente su gran envergadura les hace ser torpes cuando alzan el vuelo y con todas las “trabas” que encuentran en el suelo a la hora de despegar les resulta imposible no chocar contra estas estructuras.

Para finalizar, desmontemos un mito. Es muy oído desde que apareció el mal de las vacas locas y se clausuraron muchos muladares (lugares donde se arrojaban animales muertos para alimentar a carroñeros) eso de: “los buitres pasan hambre y han evolucionado para atacar al ganado”. La verdad es que sí, debido al cierre de estos “comederos” los buitres han pasado hambre porque para muchos eran su fuente principal de alimento, pero se han sabido buscar la vida, porque sus poblaciones han seguido aumentando. Por otro lado, una especie carroñera 100% no puede evolucionar de la noche a la mañana para convertirse en cazadora, la evolución no funciona así (ojalá), aquí el argumento de que “cuando el hambre aprieta…” no vale. Estos sucesos vienen de una mala observación e interpretación del comportamiento de los buitres, es cierto que se han dado casos muy aislados en los que el animal que iban a consumir aún no estaba muerto, pero le faltaban minutos para ello. Los buitres no han ocasionado su muerte, sólo le han ahorrado unos minutos del desenlace que estaba destinado.

Por lo tanto, sigamos dando importancia y teniendo en alta estima a estos animales que limpian nuestros campos de forma tan eficiente, ecológica y gratis, y sigamos promoviendo trabajos para su conservación como el “Proyecto Monachus” (para recuperar buitres negros) o el “Programa de Reintroducción del Quebrantahuesos en los Picos de Europa”. ¡Conservemos a nuestros “basureros”!