Cientos de iglesias y castillos, en ruinas por el abandono rural: "Ya nadie cuida de ellos"

Los edificios históricos no declarados Bien de Interés Cultural se desploman y no hay dinero para conservarlos. En Arraya de Oca (Burgos) el derrumbe de su iglesia amenaza su futuro

Arraya de Oca tiene 22 habitantes y un futuro muy negro por delante. Su iglesia, una pequeña joya arquitectónica del siglo XVI, está en ruinas desde principios de enero. No hay dinero para rehacerla, como mucho para ponerle una cubierta y evitar que con las lluvias y los años se deshaga como un azucarillo. Los vecinos todavía no se creen su mala fortuna. "Va a haber un antes y un después. Esta iglesia era el alma del pueblo, la excusa para juntarnos. No sé qué va a pasar ahora", suspira Ester. No quiere ni pensar en que el pueblo pueda desaparecer, pero la realidad es tozuda: en Arraya no hay trabajo, no vive ni un solo niño y ahora ni siquiera hay excusa para que los turistas cojan el desvío en la carretera comarcal y se detengan a visitar la bella iglesia de la Asunción de Nuestra Señora.

Levantar de nuevo el templo costará un mínimo de 150.000 euros, según el cálculo más optimista. Hay que reconstruir el tejado, que se calcinó en un violento incendio en diciembre, y luego la torre del campanario que se ha desplomado a causa de aquel fuego. Los vecinos se preguntan quién va a ser capaz de reunir ese dinero, si la archidiócesis de Burgos, titular del inmueble, o la diputación provincial y la Junta de Castilla y León en un acceso de generosidad que en estas tierras nadie espera.

"Aún no ha venido nadie a plantear soluciones a los vecinos o a contarnos qué piensan hacer. A los políticos se les llena la boca con el medio rural y luego a la hora de la verdad ni ayudan ni dan facilidades a los que vivimos en los pueblos", protesta Fiden Barrio, uno de los pocos treintañeros que reside en Arraya. "Cuando se quemó Campofrío, que es una empresa privada, faltó tiempo para que la Junta de Castilla y León y La Caixa les construyeran una planta nueva. Vale que allí había en juego muchos puestos de trabajo, pero aquí está en juego el futuro de un pueblo”.

A falta de otro apoyo que una lona verde y una selva de andamios que sostienen el templo y sus bóvedas del siglo XVI por dentro, los vecinos se han puesto manos a la obra. Estos días han desescombrado el recinto y han iniciado una modesta campaña para recaudar fondos. Hace unos días fue un mercadillo y ahora quieren lanzar una campaña de 'crowdfunding' a través de internet. "Necesitamos que alguna entidad privada o un mecenas nos ayude. Suena a imposible, pero a veces en estas pequeñas cosas es cuando ocurren los milagros", se esperanza Sandra Ruiz, otra de las jóvenes del municipio.

Dentro de la iglesia, formada por tres naves de estilo gótico cuya piedra nunca ha sido restaurada, aguardan bajo plásticos protectores dos retablos de importante valor. El principal, de suelo a techo, data del siglo XVI con piezas del XV y el segundo es del siglo XVII. También hay un tercero arrinconado en el suelo, desmontado como un puzle ya que cayó junto al campanario. Los vecinos custodian la iglesia día y noche para evitar que los ladrones despojen al pueblo de sus bienes más queridos.

Nadie sabe qué hacer

La tragedia de Arraya es el caso más reciente de una epidemia que se extiende sin cura aparente por toda la península, la del patrimonio histórico abandonado o ya arruinado debido a la despoblación y la falta de recursos públicos. En Arraya no hubo abandono, de hecho el pueblo cuidaba su iglesia con dedicación, pero el resultado del fuego la ha dejado en la misma situación que a los centenares de iglesias, castillos y palacios medio derruidos que salpican la geografía. Todo el mundo coincide en su valor histórico y artístico pero nadie sabe qué hacer con ellos. El último ejemplo, sangrante como casi todos, es el Castillo de Balboa, en El Bierzo (León). Una fortaleza del siglo XII, única en toda la región, que está a punto de desplomarse por culpa de 80.000 euros.

La Asociación Hispania Nostra lleva desde 1976 trabajando por la preservación del patrimonio. Suya es la Lista Roja, impulsada en 2007 para informar y concienciar a la sociedad sobre los elementos patrimoniales en riesgo de desaparición, destrucción o alteración esencial de sus valores. En su última edición, hay 767 bienes catalogados.

"Esos edificios son víctimas de la dinámica del propio país. Lamentablemente, la gente abandona las zonas rurales, los pueblos desaparecen y ahí queda un patrimonio difícil de mantener por las administraciones. España es uno de los tres países de la UE con mayor riqueza patrimonial, pero todo ese patrimonio necesita un uso y sin él es muy difícil sostenerlo en el tiempo por mucha inversión que haya. Hace 30 años la gente del pueblo, algún mecenas local o un grupo de albañiles arreglaban cualquier desperfecto. Ahora ya nadie cuida de ellos y lo que hoy es una gotera mañana puede ser un estado de ruina", resume Víctor Antona, miembro del comité científico que elabora cada año la Lista Roja.

Castilla y León es la comunidad autónoma más afectada con 238 bienes en riesgo, desde conventos medievales a regios palacios de la nobleza barroca. En su descargo, es la comunidad que mayor patrimonio histórico y cultural acumula en toda la península. Un ejemplo es el mismo pueblo de Arraya de Oca, que a pesar de su tamaño alberga una iglesia notable y bien conservada a lo largo de los siglos, referencia en el noreste de Burgos.

"Hay monasterios e iglesias impresionantes en lugares remotos de cuando el crecimiento de las órdenes religiosas en el siglo XVI y XVII. Se diseñaron grandes edificios que con el tiempo fueron decayendo y ahora no sabemos qué hacer con ellos", indica Antona. Al repunte de la fe se suma el esplendor económico de Castilla en esa época, cuando aglutinaba el poder político español y la agricultura y la ganadería generaban grandes fortunas. Los potentados construían palacetes privados o financiaban templos religiosos por todo el territorio.

"Los edificios con valor histórico de segundo nivel, que no llegan a ser Bien de Interés Cultural (BIC), son los que presentan mayor riesgo de desaparición. Hay muchísimos y no hay recursos para preservarlos. Nos apena principalmente la gran pérdida social que implican, más allá del valor artístico", reconoce Enrique Saiz, director general de Patrimonio de la Junta de Castilla y León.

Esa distinción se hace extensible al resto de España: solo hay dinero para proteger los BIC. En Castilla y León, concretamente, hay 15 millones para este año que antes de la crisis llegaron a ser casi 40. El resto de bienes dependen bien de la caridad de aportaciones privadas o de sus respectivas diócesis, ya que muchos son edificios religiosos propiedad de la Iglesia española. Incluso hay varios BIC en peligro, como son el Castillo de Cerralbo en Salamanca o el Castillo de la Aragonesa en Marmolejo (Jaén)

"Un inmueble que lleva en pie ocho siglos se puede ir a la ruina por pasar cinco años cerrado. Una gotera lleva a un socavón y esta a una inundación y finalmente al desplome de un muro", prosigue Saiz. Y subraya: "Parece que el patrimonio cultural es responsabilidad solo de la administración o de la Iglesia, y aun siendo cierto no es toda la verdad. Gastar una fortuna en rehabilitar un edificio en un pueblo abandonado no es sostenible porque en pocos años volverá a caer. Lo hemos comprobado. Ha de haber una comunidad de personas comprometidas con su conservación. Nuestro patrimonio ha perdurado siglos porque había personas que lo cuidaban y conservaban, no porque los poderes políticos se encargasen de ello. Sin una base social no se puede proteger el patrimonio y es ahí donde más estamos trabajando".

Así, la Junta de Castilla y León está apostando por crear, o fortalecer si las hay, comunidades amigas de cada monumento en peligro de muerte, en vez de invertir dinero a fondo perdido. "En el monasterio de Río Seco [Burgos]​ estamos ayudando a un colectivo que voluntariamente vela por su buena conservación y el resultado es excelente. También es importante integrar cada bien individual en un sistema más amplio de protección, como es el proyecto Románico Norte [que engloba 54 iglesias entre Burgos y Palencia]", sostiene el director.

Hispania Nostra coincide en este enfoque y también trabaja "con asociaciones de vecinos antes que con las administraciones" para que la gente "haga suyo el patrimonio local y lo defienda". “Si como sociedad no conseguimos interesarnos por proteger nuestra historia, el dinero está de más", advierte Antona. "La gente ha de asumir que ese castillo o esa ermita forma parte de su historia colectiva y comprometerse en su defensa. Es complicado porque cada vez queda menos gente en los pueblos. Solo si mejorasen las expectativas laborales podríamos restaurar todas las iglesias rurales, pero eso no va a pasar".

Los nietos, como última esperanza

El director de Patrimonio de Castilla y León adelanta que la última esperanza para que España pueda seguir considerándose uno de los tres países con mayor patrimonio histórico está en los hijos y nietos de los habitantes del mundo rural. Esa media España que veranea en los pueblos de sus familias. "Aunque ya no vivan allí, ellos son la energía social para mover recursos y dinero. Convertir esos lugares en puntos de encuentro más allá del valor artístico que tenga la iglesia es fundamental para generar ese lazo de unión con el patrimonio", considera.

Uno de los grandes protagonistas de esta agonía histórica es, sin duda, la Iglesia. Suya es la titularidad de muchos de estos bienes. La Archidiócesis de Burgos acumula un alto porcentaje de estas pequeñas gemas del románico y el gótico español y asegura que hace todo lo que puede. O todo lo que pueden sus 200.000 euros de presupuesto para reparaciones. Para todo lo demás, dependen de la Diputación de Burgos (400.000 euros del llamado 'convenio de las goteras') y de "donativos particulares en parroquias e instituciones", indica Juan Álvarez, director de Patrimonio de la archidiócesis. "El gran problema del patrimonio no es su restauración sino su uso futuro una vez restaurado. Hay muchas iglesias derruidas en lugares despoblados que en este momento no podemos atender. Debemos encontrar el equilibrio entre invertir en un bien que tiene valor histórico y asegurarnos de que va a tener un uso en el futuro", prosigue.

Para complicar todavía más el problema, en los últimos tiempos se está produciendo una agria disputa entre las diócesis y los vecinos por ver quién custodia las piezas artísticas de los templos. Las diócesis, titulares de esos bienes, argumentan que la despoblación y la soledad de las iglesias favorece el robo tallas, retablos, imágenes y cruces con más de 500 años de historia, pero los vecinos se niegan a entregar sus tesoros por un motivo puramente sentimental.

Es lo que sucede estos días en Arraya de Oca. La diócesis de Burgos ha solicitado la custodia de los tres notables retablos de la iglesia derruida, que incluye piezas del siglo XV al XVII, y de una talla de la Virgen sedente, pero los 22 vecinos se niegan en redondo. "Aquí le dices a la gente mayor que se llevan a su San Isidro y se ponen todos frente a la puerta para impedirlo. Si nos quitan las piezas nos roban el valor de la iglesia, nos terminan de matar", sostiene Barrio junto al resto de vecinos. Isaac Ayala, párroco de Arraya y de otras 16 iglesias de la comarca, disiente: "No se pueden guardar bienes de tanto valor en un corral cualquiera. Partimos del prejuicio de que si salen, esos bienes no van a volver, pero están documentados y se sabe que pertenecen a esta iglesia".

El director de Patrimonio de la archidiócesis asegura que esta disputa es hoy el principal quebradero de cabeza en las parroquias rurales. "La gente nos dice 'de aquí no sale nada' y eso es una falta de sensibilidad y de colaboración. Tenemos medios y lugares para custodiar las piezas como es el propio museo diocesano de Burgos. El día o dos al año que el pueblo celebre fiestas y quiera sus piezas, nosotros se las vamos a entregar", afirma Álvarez.

Entretanto, en Arraya el reloj de arena lleva ya dos semanas volteado. "Si pasa esta temporada de lluvias y la siguiente y la cubierta no se ha sellado, esa iglesia posiblemente será irrecuperable”, advierte Antona, de Hispania Nostra. La archidiócesis exclama que ya ha invertido 40.000 euros pero que aún no sabe de dónde podrá sacar 100.000 euros (si no más) para acometer toda la obra. Si las goteras no se subsanan pronto, el proceso de degradación de esta pequeña joya artística será imparable y seguirá el triste camino ya recorrido por otros centenares de edificios históricos olvidados en el tiempo.

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