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El escultor Emiliano Barral

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Si durante el franquismo el silencio acompañó su quehacer con la excepción de la muestra celebrada el año 1965 en la Casa del Siglo XV, la llegada de las libertades no cambia las cosas.

Una exposición en Segovia -esta vez en el Torreón de Lozoya- y muy poco más. Se habla, entonces, de la posible apertura de un pequeño museo de la obra del escultor. Familiares y coleccionistas manifiestan su buena disposición. Más la idea no prospera.

Emiliano Barral nace en Sepúlveda el año 1896 en el seno de una familia numerosa dedicada al oficio de la cantería. Todos los hermanos por tradición familiar entran en contacto con las tierras rosas de su ciudad natal y luchan por los ideales de justicia e igualdad; Pelear por todos y pelear / para que el individuo sea un hombre (Cesar Vallejo).

Emiliano Barral:, personalidad desbordante, anarquista de nacimiento y socialista por convicción escapa de casa a los 13 años y desde entonces comienza su imparable aventura artística y vital. Una vida salpicada de lances políticos y amorosos. Su amigo, el pintor, Eugenio de la Torre dice: Es una vida marcada por la tragedia. Estalla la guerra civil y es nombrado comisario de las milicias segovianas. Muere en el frente madrileño de Usera al ser alcanzado por una bala el 21 de noviembre de 1936 en su visita al frente acompañando a unos periodistas extranjeros. Es enterrado en el cementerio civil de Madrid bajo los sones de una banda de música interpretando El ocaso de los dioses. Era tan grande escultor -escribe Antonio Machado- que hasta su muerte nos dejó esculpida en un gesto inmortal.

Barral deja su sello personal en un buen número de monumentos repartidos por la geografía española; Azorín entonces presidente del Círculo de Amigos de Rubén Darío va a visitarle a su estudio de Madrid. Y escribe a Machado El Rubén Darío es hermoso y un Pablo Iglesias magnífico. Pero el monumento Rubén no llega a realizarse y queda en una maqueta que hoy tengo en mi estudio. En la ciudad de Segovia nos deja muestras; el cementerio de Segovia guarda una espléndida muestra de su quehacer: una figura femenina, doliente, de buen tamaño esculpida en piedra rosada.

La aportación de Barral -que alterna Segovia con Madrid- al género del retrato ha sido importante; el cincel acaricia con cariño y sentimiento la cabeza de los artistas y escritores residentes en Segovia; que en aquellos años, casi todos por no decir todos, se reunían en el estudio del ceramista Fernando Arranz, en la antigua iglesia de San Gregorio. Emiliano Barral contrae matrimonio con la hermana de Arranz.

Así, la cabeza de D. Antonio Machado, con la mirada perdida; la de Julián Otero estremecedora y patética; romántica la de Mariano Grau; la testa solemne de D. Blas Zambrano (el arquitecto del Acueducto) parece un bloque granítico caído del Acueducto; una réplica de esta obra presidía la biblioteca de su hija María, quien escribe y con Emiliano Barral todo un trozo de vida en la lejana y dorada ciudad, encendida de torres y altos chopos; desbordante de sentimiento la de Eugenio Torreagero, obra que el escultor alumbra, en una sola sesión, bajo los efectos de un desengaño amoroso. Las cabezas de Machado y Eugenio Torreagero van a la Exposición Nacional de Bellas Artes y a la Bienal de Venecia. Años más tarde, el pintor segoviano Eugenio de la Torre posaría de nuevo para el monumento dedicado a Pablo Iglesias.

De la cabeza del líder socialista hace diferentes versiones, sobresaliendo por intensidad y fuerza la que preside el panteón del cementerio civil madrileño. Esculpe, varias veces, la de Luis de Sirval y la de Carral. (En una de las sesiones, casi concluido el retrato del escritor segoviano, la obra cae al suelo, se destroza, y el escultor lleno de ira lanza un martillo sobre quien intenta consolarle). Barral repetía con frecuencia sus modelos; por insatisfacción hacia la obra hecha y en otras por pisar un terreno conocido que le permitiese mayor libertad de acción. Nunca me salen. Siempre fallo y siempre quiero volver a empezar, dice Giacometti. El monumento levantado a Pablo Iglesias en el parque del Oeste de Madrid, destruido al finalizar la contienda civil, es el más conocido. En 1976, muerto el dictador, aparece, la cabeza de Pablo Iglesias, escondida en el Parque del Retiro de Madrid...

Al escultor Emiliano Barral
… Y tu cincel me esculpía
en una piedra rosada,
que lleva una aurora fría
eternamente encantada.
Y la agria melancolía
de una soñada grandeza
que es lo español fantasía
con que adobar la pereza
fue surgiendo de esa roca,
que es mi espejo´
línea a línea y plano a plano,
y una boca de sed poca
y, so el arco de mi cejo,
dos ojos de ver lejano,
que yo quisiera tener
como están en tu escultura
cavados en piedra dura,
en piedra, para no ver,

Antonio Machado
(Sepúlveda agosto 1922)

Fuente de la noticia: El Adelantado de Segovia, 20 de Noviembre de 2016

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