Artículo de Estrella Martín Francisco dedicado a Margarita González Cristóbal, Hermana Mayor de la Cofradía de la Virgen de la Peña, publicado en el tríptico editado con motivo de las Fiestas en Honor a Ntra. Sñra. la Virgen de la Peña.
Sentada frente al ventanal de su casa, mira ese paisaje, que parece un cuadro, con gesto sencillo y tranquilo. No se cansa de esas hoces mágicas que la llenan de fuerza ni de ese pueblo en el que nació. Allí, a la izquierda está la iglesia de la Virgen de la Peña, unida a ella desde siempre. Fue su padre quien la hizo hermana, cuando sirvió, en el año 1941 cuando solo tenía un año. Margarita es la más antigua de la Cofradía, pero no la más mayor. Sus primeros recuerdos de las fiestas de la Virgen, son de una niña que iba junto a su madrina, Eusebia Manzanares, cuñada de Rosa Montes. Las dos iban hasta la iglesia y asistían a las juntas de hermanos que se celebraban en el piso de arriba de la iglesia pues la casa actual de la Cofradía era la casa del párroco.
Desde entonces, se han sucedido muchos cambios, considera que la mayoría positivos, como abrirse a todos, aumentar el número de hermanos y ser, más que otra cosa, la patrona de Sepúlveda y de toda la Comunidad de Villa y Tierra. Se mantienen los cargos militares en los que sirven, que recuerdan que la Hermandad surgió como una defensa de la iglesia y sus imágenes: maestre de campos, capitán, alférez y sargento. Realmente, la celebración tenía que ser el 15 de agosto, pero no se podía porque estaban los vecinos ocupados en las labores del campo.
Recorriendo con la mirada Los Parrales y El Vado, piensa en el saluda que tiene que escribir. Encuentra su inspiración en recordar los momentos del año anterior: las vivencias de los hermanos que han servido, encantados de la convivencia entre ellos, su entusiasmo y emoción. Es lo que más la llena como Hermana Mayor. Para ella es un honor ostentar este cargo porque nunca se ha perdido una sola celebración y la lleva muy dentro, como algo enraizado en su familia. Ahora piensa con ilusión en organizar una fecha importante: la celebración de los treinta años de la Coronación de la Virgen. Como es una ocasión especial, la imagen saldrá en procesión por las calles, y no faltará la Salve Solemne ni las jotas. Pero todavía queda tiempo para prepararlo.
Sin darse cuenta, va cayendo la tarde y, como el sol pierde fuerza, le apetece dar un paseo hasta el Santuario. Camina el corto trayecto y piensa que siempre ha sentido alegría de venir a su pueblo porque siempre lo ha sentido muy dentro, como una emoción grande.
Se coloca cerca de esa imagen que tanto ha supuesto para ella a nivel personal. Esa fuerza que desprende, ha sido un respaldo importante y sin fisuras, su energía, su consuelo…Parece revivir, junto a su virgen, el año 1970, tan importante para ella. Ese año le tocó servir y puso una condición: dar la vuelta con la bandera y su vara.Fue la primera mujer en hacerlo y, desde entonces, el altar mayor ya fue un lugar al que pudieron acceder las mujeres. Le brota una sonrisa. Ahora ve como algo anecdótico el día de las Comisarias que se hizo precisamente para que las mujeres pudieran estar en ese lugar.¿Te acuerdas? Parecen mantener un diálogo entre ellas dos. Han tenido muchas vivencias juntas que han dejado momentos únicos, alegres y tristes; han sido muchos años que ya va notando físicamente, pero que no quiebran su fidelidad a Sepúlveda y a la Virgen de la Peña ni su determinación. Margarita le promete que seguirá en la brecha hasta que aguante y la Virgen le ofrece su apoyo para conseguirlo. Entonces, enciende una vela, la mira con agradecimiento y sale de la iglesia llena de paz.
Estrella Martín Francisco

