Lunes, 17 Agosto 2026

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Orígenes de la corrida moderna en el Ateneo de Madrid

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En el día de ayer, el Ateneo de Madrid acogió la conferencia "Orígenes de la corrida moderna" de Rafa Cabrera.

Esta fue la presención del acto que hizo Alejandro del Río, filósofo y editor de la editorial Trotta.

«La tauromaquia, más que defenderla, hay que enseñarla». El visitante que pasee por Sepúlveda podrá leer esta frase de Víctor Barrio grabada en el pie de la estatua inaugurada en su memoria el pasado 23 de agosto, ocho años después de que el diestro segoviano encontrara la muerte en la plaza de toros de Teruel, la tarde del 9 de julio de 2016.

«La tauromaquia, más que defenderla, hay que enseñarla». Evidentemente, no es que no haya que defender la tauromaquia. No es que no sea obligado pronunciar su apología a la manera de Sócrates, quien, acusado de impiedad, ante el tribunal ciudadano de Atenas hizo la defensa no tanto de su propia persona sino de la filosofía misma. Sucede también con la tauromaquia que, en ocasiones, en los tiempos que corren, es preciso pertrecharse con los mejores argumentos y salir a la plaza pública para defender, sin perder el buen temple y con caballerosidad, su existencia y su idea misma, esa que nos compromete a los amantes del mundo del toro. Para hacer el elogio de nuestra amada, la tauromaquia, que tal es en puridad asumir su defensa. Siempre y cuando, claro es, sus detractores se presenten, a su vez, en noble lid, armados de razones. Pues con la sinrazón no es dable ni oportuno entrar en discusión.

Pero mejor que defender la tauromaquia es enseñarla. Es la tarea a la que viene dedicándose la Fundación Víctor Barrio, especialmente entre niños y jóvenes. Enseñar es despertar en el alma, aunando sabiamente inteligencia y pasión, las razones del corazón que mueven al amante verdadero, esas que tan bien condensa la palabra «afición». Enseñar es crear afición. Y la tauromaquia cabe enseñarla de múltiples maneras: con la verdad nuda del torear, por supuesto; con el ejemplo y la actitud en los asuntos de la vida; y también a través de la creación artística, la palabra, la escritura… Con acciones bellas y bellos discursos, que dirían los antiguos griegos.

Pues bien, si de enseñar la tauromaquia se trata, difícilmente podríamos estar en mejores manos, socráticas manos, que las de nuestro invitado de esta tarde: Rafael Cabrera Bonet. Muchos de los asistentes lo conocen y aprecian. Sería insensato que pretendiera yo resumir ahora, en unas apretadas notas, sus incontables méritos, incontables no solo por su número, sino ante todo por su calidad y su autoridad, acreditadas en una dilatadísima trayectoria de aficionado taurino, investigador, erudito, escritor, editor, organizador, docente, conferenciante, pregonero... Es Rafael Cabrera Bonet un torero largo que —si él me permite la expresión— asume trabajos de Hércules y de quien se diría que puede con todo. Pero sobre todo que lo puede bien. Con buen hacer y bien decir constantes. Con probadas finura y acribia. Con elegancia y galanura impecables. Con incansables afición y entrega, en fin, a la causa, a la cosa misma que hoy nos convoca: la fiesta de los toros.

Rafael nos hace el honor de venir esta tarde a disertar en el Ateneo de Madrid, ante un público no necesariamente entendido ni todo él aficionado, pero sin duda curioso y deseoso de conocer, sobre un tema de historiografía taurina: «Orígenes de la corrida moderna». Él también es experto en esta materia concreta, a la que ha dedicado cuidadosas indagaciones y sobre la que nos ilustrará inmejorablemente.

Antes de cederle la palabra, permítanme recordar una vez más en esta casa el repetido, pero no por ello menos significativo, dictum del filósofo José Ortega y Gasset, allá por 1950: «La historia de las corridas de toros revela algunos de los secretos más recónditos de la vida nacional española durante casi tres siglos». A hacernos verdaderamente cargo de esta historia nuestra, y con ella de nuestro presente, quisiera contribuir, con la modesta ambición de enseñar y aprender, el pequeño ciclo tauromáquico que echa a andar esta tarde.

Todo suyo, maestro.