La iglesia del Salvador, donde estamos, tiene el mejor acabado románico, y marcará la tendencia en las formas de este estilo arquitectónico, podemos decir que es la primera y la que mejor factura tiene en la provincia de Segovia. Pero no solo eso, el viajero comprende, que este templo, por estar en Sepúlveda y en lo alto de la colina, es castillo y es estandarte, representa el poder de la ciudad con sus fueros y ensalza al cristianismo conquistador, es el pendón dominador en estas tierras de frontera.
Ábside, alta nave, torre y atrio, todos los elementos de una iglesia románica, y muy bien conservados. Ábside: semicircular, tambor de cinco paños, tres ventanas con columnas y arquivoltas, "banco corrido abocelado", en el zócalo aparece una fecha, 1093. La galería, con su asiento de piedra junto a las columnas y los capiteles, llena de luz y de sombra, acogedora, balcón colgado en el tiempo. La nave: basilical, aristocrática, con bóveda de cañón, cada uno de sus muros formado por tres arcos sobre el suelo y tres sobre ellos, columnas adosadas, sillería perfecta de piedra blanca, caliza y de aquí.
En el presbiterio, bóveda de horno, solo por el pequeño hueco de la ventana central entra la luz, claridad mágica que no inquieta a la fresca penumbra.
Pereza le dio marcharse, el banco, la quietud y la sombra invitaban a pasar allí la mañana, el calor seco y a plomo que caía en el páramo tampoco animaban a moverse. Volvió y alzo la cabeza, miro el campanario y sus ventanas gemelas con su bocel y su columna, y contempló los canecillos y los dientes de sierra. Se animó, aquí Sepúlveda acaba y empieza.
Ábside, alta nave, torre y atrio, todos los elementos de una iglesia románica, y muy bien conservados. Ábside: semicircular, tambor de cinco paños, tres ventanas con columnas y arquivoltas, "banco corrido abocelado", en el zócalo aparece una fecha, 1093. La galería, con su asiento de piedra junto a las columnas y los capiteles, llena de luz y de sombra, acogedora, balcón colgado en el tiempo. La nave: basilical, aristocrática, con bóveda de cañón, cada uno de sus muros formado por tres arcos sobre el suelo y tres sobre ellos, columnas adosadas, sillería perfecta de piedra blanca, caliza y de aquí.
En el presbiterio, bóveda de horno, solo por el pequeño hueco de la ventana central entra la luz, claridad mágica que no inquieta a la fresca penumbra.
Pereza le dio marcharse, el banco, la quietud y la sombra invitaban a pasar allí la mañana, el calor seco y a plomo que caía en el páramo tampoco animaban a moverse. Volvió y alzo la cabeza, miro el campanario y sus ventanas gemelas con su bocel y su columna, y contempló los canecillos y los dientes de sierra. Se animó, aquí Sepúlveda acaba y empieza.
Fuente de la noticia: Artículo de Raúl Díez Muñoz aparecido en El Adelantado de Segovia el 21 de Septiembre de 2009.

