El rastro de la despoblación en la provincia de Segovia ya tiene pistas para recomponer su memoria. Sesenta son los pueblos segovianos que han sido abandonados entre los siglos XIX y XX, según un estudio becado y publicado por Caja Segovia. Su autor, Javier Vicente Arranz (Valladolid, 1974) ha realizado el seguimiento de su actual estado y propone diez eco-rutas que discurren por 19 de ellos con el propósito de recuperar su pasado y el de sus gentes.
'Abandonados: 10 eco-rutas por los pueblo abandonados de Segovia' es el título de este trabajo que analiza las causas de la despoblación segoviana de los últimos doscientos años, que se agudizó a partir de la mitad del pasado siglo, a raíz del éxodo a las grandes ciudades industrializadas. Y también sus consecuencias, tanto físicas como emocionales: la pérdida de modos de vida y oficios, de la arquitectura popular y sus materiales, de usos, costumbres y tradiciones.
El autor señala que a lo largo de la historia el territorio que corresponde a la actual provincia de Segovia ha contado con 850 poblaciones de mayor o menor tamaño de las que sólo quedan en la actualidad 364, por lo que la cifra de núcleos de población abandonados asciende a la «escalofriante cifra» de 485, a lo largo de toda la memoria escrita existente y que Vicente Arranz rastrea desde el reparto de rentas eclesiásticas del obispado de Segovia del año 1247 hasta los diferentes censos de población del Instituto Nacional de Estadística del siglo pasado, pasando por el censo eclesiástico de 1587, el de la Corona de Castilla de 1591, el catastro del Marqués de la Ensenada de 1751 o el vecindario diocesano de 1772, entre otros.
19 en recuperación
Pues bien de esos 485 núcleos de población desaparecidos, 60 lo han sido en los dos últimos siglos y son en los que se centra el estudio. Conforme al mismo, 19 mantienen importantes restos de edificaciones y en once son escasos; diez han sido transformados en granjas o fincas privadas y otros 19 están en evidente fase de recuperación por la llegada de nuevos moradores, con o sin raíces en ellos. Uno más, el pueblo de Linares del Arroyo, se encuentra sumergido bajo las aguas del embalse del mismo nombre, en el nordeste de la provincia.
Además, Javier Vicente Arranz ha seleccionado 19 de estas poblaciones abandonadas para proponer diez eco-rutas que los recorren con el objetivo de dar a conocer sus recursos naturales y paisajísticos y transmitir la importancia que tiene valorar su patrimonio natural, cultural, histórico y etnográfico.
Las causas históricas de las despoblaciones son variadas, empezando por la forma en que se produjo la Reconquista y el reparto de los nuevos territorios y sus aldeas entre la nobleza y el clero. Las catástrofes naturales en forma de sequías y hambruna, las epidemias de peste u otras enfermedades, el declive de la industria textil, las guerras, las leyes desamortizadoras y la crisis agrícola motivada por la llegada masiva de cereales de otros países, fueron tejiendo el infortunio de muchos núcleos de Segovia y de Castilla hasta su más absoluto abandono.
Más recientemente, hace apenas 70 años, la falta de infraestructuras básicas y las duras condiciones de trabajo en un medio rural segoviano escasamente productivo hicieron que muchos de sus moradores atisbaran un futuro mejor o diferente en la expansión industrial que empezaba a concentrarse en otros territorios (Cataluña, País Vasco y Madrid) y en las grandes ciudades. Por miles fueron las familias segovianas que desde mediados del XX se marcharon en busca de mejor fortuna, sin que quienes se quedaron en muchos pueblos tuvieran capacidad biológica, por razones de edad, para regenerarlos ni de perpetuar por mucho tiempo su existencia.
Herencias perdidas
El autor del trabajo, cuyos padres son originarios de la localidad segoviana de Sanchonuño, al norte de la provincia, bucea en la pérdida y la destrucción tanto de la herencia material como inmaterial de la despoblación. En el primer bloque destaca el patrimonio arquitectónico de la vivienda tradicional y las construcciones auxiliares (chozos, molinos, palomares, hornos , batanes, pozos, abrevaderos, esquileos, lavaderos, pegueras, martinetes....), más la fábrica de los materiales empleados en su edificación, y también en el patrimonio etnográfico derivado de los viejos oficios (pastores, tejedores, resineros, alfareros, tejeros, esquiladores, carreteros, arrieros, afiladores......)
En el segundo, cita toda una suerte de usos y costumbres, los propios de la vida, la historia y la cultura de cada pueblo abandonado relacionados con el nacimiento, los romances, el matrimonio, la muerte, las fiestas y juegos, los rituales, el folclore, las supersticiones, la matanza y los remedios naturales que aliviaban el dolor de las enfermedades o curaban heridas.
Una brizna de esperanza
Javier Vicente Arranz no se muestra muy esperanzado con el futuro que aguarda a las pequeñas poblaciones del medio rural, aunque propone, para su pervivencia, un conjunto de medidas contra la despoblación entre las que incluye dotaciones de equipamientos y servicios, la restauración del patrimonio, la conservación del medio ambiente, el desarrollo de políticas económicas específicas y de población, la búsqueda de nuevos yacimientos de empleo o el fomento del turismo rural.
También repasa las iniciativas y movimientos que se han llevado a cabo para recuperar los pueblos abandonados, desde las promovidas por las instituciones públicas con carácter educativo hasta los movimientos 'okupas', pasando por las ecoaldeas o su ocupación por los neorurales. Pues bien, según dice, en la provincia de Segovia únicamente uno de los cuatro grupos de desarrollo rural existentes, Codinse, en el nordeste, ha promovido acciones concretas dirigidas al asentamiento de nuevos vecinos.
La llegada de población inmigrante -frenada por la crisis- es apreciada como una posibilidad para la repoblación. Pero el proceso de reconstrucción que afrontan 19 de los 60 últimos pueblos abandonados se explica más por su descubrimiento como zonas de descanso en segundas residencias por personas, en su mayoría de Madrid, que buscan lugares aislados donde evadirse de los modos de vida urbana que presiden sus jornadas laborales.
El estudio concluye con la propuesta de diez rutas, que recorren 19 pueblos abandonados, con completas fichas sobre sus orígenes e historia y los elementos de su pasado y su entorno natural que merecen ser redescubiertos.
LOS DATOS
Fuente de la noticia: El Norte de Castilla, 27 de Noviembre de 2009

