Y con la misma constancia la exposición de 30 obras, aproximadamente, de Lope Tablada Martín nos invita a un nuevo recorrido por sus paisajes preferidos y consabidos. En este caso se combinan los paisajes segovianos del acueducto, de las antiguas calles de Gascos o de S. Marcos, la Veracruz, con encuadres del mercadillo de S. Ildefonso, los Dolores y Santa Isabel.
Tablada Martín mantiene firme la creencia de su padre de que los paisajes de Castilla hay que pintarlos con colores fuertes, intensos, compactos. Pero el empaste de su colores se hace más llamativo y expresivo, más luminoso. Lejos queda el tono sombrío de Zuloaga que tanto gustara a su padre. Entre decorados y nostalgias la Castilla de hoy poco o nada tiene que ver con el dramatismo social y estético de la imagen tópica heredada del noventayocho. En Tablada Martín priman los añiles y ocres dando un tono castizo pero siempre vitalista a sus composiciones.
Mantiene esa temática efectista de gitanos a los pies de El Alcázar, con sus carromatos y hogueras, lavando en el río, todo tan irreal, tan retro, en la que se siente a gusto y de alguna forma se identifica con su memoria y con su pincel fácil.
Combina el empaste denso de sus pigmentos con la acentuación de sus perspectivas excesivas, dando profundidad a la visión.
El tono revivalista se acentúa en obras como "El Acueducto desde la Vía Roma", "Vista de Segovia" o el "Carruaje en el Acueducto". Las visiones memorialistas de Segovia se complementan con personajes y oficios ya desaparecidos, como el carbonero, la castañera, el pregonero, la trilla.
Las series de peripecias y travesuras de monaguillos o de los niños ensayando pases y soñando faenas de éxito aún en el patio común de la casa, tienen un tono de tira cómica, acentuando el dibujo ágil y los colores imaginarios, como si el grafismo quisiera rescatar de la memoria perdida un penúltimo gesto de expresión y de encanto de una vida que ya no volverá. Tan sólo la complicidad en la nostalgia hace que un público muy particular entienda el guiño que Tablada Martín les sugiere.
La exposición se cierra, incluso visualmente, con un par de obras de retratos de Morante de la Puebla y de José Tomás en sendos pases de muleta. Sin duda la maestría acumulada en esta temática por Tablada Martín desde la genética artística y desde sus experiencias personales, hace que sobresalgan estas obras de manera especial.
Tal vez en ellas el color y el movimiento, el gesto y la plástica, se dan la mano para arrancar un postrer aplauso a una herencia cultural y artística que se nos diluye entre nostalgias y carteles.
Efectivamente Lope Tablada Martín podría seguir pintando en y desde la memoria.
El artista: Perteneciente a una familia de pintores, lo fue su abuelo, Lope Tablada Maeso, y su padre, Lope Tablada de Diego, Lope Tablada Martín, el cuarto Lope del tronco genealógico y continuador de la saga de pintores. La estirpe continúa en sus obras y personajes, en sus paisajes y colores, en sus colores y empastes, en sus memorias y añoranzas.
La obra de Lope Tablada Martín mantiene viva la temática de su padre, los pueblos de Segovia, los personajes reales o imaginarios pero siempre creíbles. Y sobre todo, las pinturas taurinas, de ambiente verista, con retratos valiosos, y siempre con una visión popular y costumbrista llena de arraigo y de intensidad. Mantiene el pulso pictórico no sólo de su abuelo y padre, sino también de otros pintores segovianos como Jesús Unturbe, Roldán, Eugenio Torre-Agüero, José Mª Heredero, entre otros.
Sobre el tema taurino ha realizado innumerables y muy reconocidos carteles para las plazas de Las Ventas (Madrid), Valladolid, Palencia, Gijón, Segovia, anunciando sus ferias grandes, pero también los encierros y corridas populares como las de Sepúlveda, Pedraza o Turégano.
Tablada Martín ha realizado una ingente cantidad de exposiciones especialmente en Madrid y en Segovia.
Fuente de la noticia: El Adelantado de Segovia, 30 de Diciembre de 2009

