Y si no que se lo digan a los conductores que padecieron las adversidades en numerosos tramos de carretera a lo largo y ancho de la red viaria segoviana. Para muestra, un botón: los seis kilómetros que separan la capital del término municipal de Palazuelos de Eresma resultaban poco menos que insufribles a última hora de la tarde de ayer, todo un reto de habilidad al volante de casi cuarenta minutos.
La de ayer ha sido la primera gran nevada de la temporada, que por cierto continuaba arreciando poco antes del cierre de esta edición después de un leve respiro vespertino. Con la llegada de la noche y el recrudecimiento de las condiciones meteorológicas, el manto helado volvía a cuajar con nocturnidad en algunas calles, con el consiguiente riesgo para los transeúntes. Más de uno sufrió un resbalón.
Sin respiro
La ventisca no dio prácticamente tregua durante todo el jueves, desde que los primeros copos comenzaran a cubrir aceras, carreteras, árboles, tejados y coches en la madrugada del miércoles. La nieve fue tozuda e insistió a lo largo de la jornada en su intento de pintar y dejar Segovia en blanco.
Los diminutos pero persistentes copos y el aguanieve se clavaban como alfileres, sobre todo cuando las rachas de viento aceleraban y violentaban la precipitación. Para combatir la ventisca, los sufridos peatones que ayer se lanzaron a la calle se aprovisionaron de anoraks, bufandas y paraguas.
Por la mañana, el tráfico rodado por la capital no se vio afectado en exceso. Esa aparente normalidad se debió, en buena parte, a que los colegios están estos días vacíos por las vacaciones de los escolares y a que muchos segovianos continúan de asueto después de las celebraciones navideñas.
El concejal de Obras y Servicios, José Llorente, se hacía eco en esas primeras horas de la relativa tranquilidad con la que la ciudad afrontó la adversa jornada matutina. Los equipos de la empresa FCC y del área de Parques y Jardines se las apañaron con suficiencia para limpiar las calles y mantenerlas transitables, explicaba el edil con cierto optimismo. Las mayores dificultades se daban en las zonas más sombrías, donde el hielo y el blanco elemento lograron cuajar.
Riesgos en los barrios altos
Pero la insistencia del temporal complicó el panorama por la tarde, tal y como reconoció el propio Llorente desde uno de los coches que patrullaban la capital. Los barrios más altos de la ciudad, como La Albuera y Nueva Segovia, requirieron redoblar esfuerzos, efectivos y precauciones. Por suerte, el transporte público de los autobuses urbanos funcionó de forma habitual, sin mayores contratiempos más allá de la lógica precaución. A mitad de la tarde estaban operativos cuatro camiones cargados de kilos de sal.
Los equipos distribuidos por la ciudad del Acueducto se afanaron en esparcir el fundente por los entornos que presentaban un mayor peligro para el tránsito de peatones y de vehículos, aunque no evitaron algún que otro percance, sobre todo coches cruzados en calzadas cada vez más resbaladizas con el paso de las horas y el descenso térmico.
Más problemas se dieron en la provincia. El temporal cruzó de sur a nordeste la geografía segoviana, siguiendo la falda de la sierra. En el balance de la jornada, la DGT y la Junta alertaron en algún momento del día del uso de cadenas y restringieron el tráfico, sobre todo de camiones, a lo largo de unos ochenta kilómetros del entramado vial.
Tráfico interrumpido
Los mayores inconvenientes se produjeron a primera hora de la mañana, cuando la copiosa nevada caída en Navacerrada, que llegó a dejar un manto de más de quince centímetros de espesor, obligó a desenfundar las cadenas en el caso de los turismos y a prohibir el tránsito de vehículos pesados por el puerto, en la CL-601. La circulación en los trece kilómetros de este paso estaba interrumpida a última hora de la tarde de ayer. Asimismo, los camiones no pudieron transitar en buena parte de la jornada por el Puente de los Mosquitos, en El Real Sitio de San Ildefonso.
Las dificultades se multiplicaron en otros itinerarios. De hecho, los dispositivos de seguridad en las ruedas fueron necesarios en la antigua N-VI, a la altura de El Espinar, así como para circular por el Alto de Cotos, en la SG-615, y por el Alto de León. La utilización de las cadenas también se hizo imperiosa en el paso de La Quesera, que une Riofrío de Riaza con Castilla-La Mancha, así como en los accesos a la estación de La Pinilla por las carreteras SG-114 y SG-115.
Otra vía que precisó la fijación en los albores del jueves fue la SG-232 desde Sepúlveda al cruce con la SG-205. Conforme pasaron las horas, las arterias del nordeste se convirtieron en las más damnificadas por la nieve. Los conductores tuvieron que sacar las cadenas en la SG-145, en el entornos de Ayllón, así como en Castillejo de Mesleón (tanto en la Autovía del Norte como la SG-911) y en la zona de Riaza (SG-112). En los entornos de El Espinar y San Rafael, la carretera SG-500 también requirió de la colocación de elementos de fijación.
Fuente de la noticia: El Norte de Castilla, 08 de Enero de 2010

