«¿Qué hizo el pobre Antonio Vaquero para que le tratemos tan mal?», se pregunta indignada la escultora vallisoletana Belén González. Lo hace después de contemplar la enésima agresión al patrimonio urbanístico. Cualquiera que visitara el Edificio de Sindicatos de la Plaza Madrid, que acaba de cumplir medio siglo, era recibido a la entrada por sendas as obras de este escultor que na- ció y murió en Valladolid (1910-1974). Se trataba de dos bajorrelieves que eran la aportación artística a un inmueble funcional, inspirado en los más puros conceptos de la arquitectura modernista.
Eran inapreciables para muchos porque siempre estaban tapados por los paneles con los organigramas y listas de despachos de sus usuarios (hoy día CC OO y la Confederación Vallisoletana de Empresarios). El más llamativo era un friso frontal de unos cuatro metros, una alegoría al mundo industrial y laboral, desaparecido para siempre tras las obras que se han hecho para instalar un ascensor.
No es la primera piqueta que destroza creaciones de Vaquero Agudo, maestro de una generación de escultores en la Escuela de Artes y Oficios de Valladolid y uno de los apoyos de Ramón Nuñez (junto a Baltasar Lobo) para levantar el Corazón de Jesús que culmina la Catedral. «Soy escultor desde siempre», declaró en EL NORTE cuando le concedieron el Premio Nacional de Escultura en 1955.
Es un ejemplo más del trato que ha recibido una parte de la herencia constructiva. «Valladolid es una de las ciudades con menos respeto urbano y artístico y es de asustar cómo se han destruido las cosas», también se queja el catedrático de Historia del Arte, Francisco Plaza.
Plaza es un notario personal que guarda en su cabeza montones de espacios nobles que ya sólo quedan en su recuerdo. Jubilado de su labor docente, propuso a más de un alumno que dedicara una tesis a rastrear el expolio. «Nadie lo hizo porque era una labor detectivesca y todo el mundo se acaba cansando», reconoce. De Antonio Vaquero recuerda que «se le trató despectivamente porque no era un rompedor ni se apuntó a ninguna vanguardia, pero su obra era estimable».
Ni caso
En una línea similar de estéril protesta se pronuncia la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción (de la que Vaquero era miembro), que ha pedido explicaciones a la Delegación del Gobierno en Valladolid. Su presidente, el etnógrafo Joaquín Díaz, denuncia «una agresión más al arte en Valladolid». También recuerda que «hacemos informes de cada caso y lo remitimos a quien corresponda». El resultado suele ser «la bofetada» del olvido o el silencio de lo que ya no tiene arreglo.
En este caso, los primeros sorprendidos han sido los responsables de la Administración central que ni siquiera tenían claro que la titularidad del inmueble les correspondiera. Incluso el informe oficial que se está elaborando dirá algún día que los funcionarios estatales que quedan en Castilla y León no tuvieron voz ni voto ni siquiera conocimiento para hacer algo. «Todas las obras que se hacen en este inmueble son visadas desde la sede central de Ministerio de Trabajo en Madrid», confirman tanto desde CC OO como de la propia Delegación del Gobierno. El mismo informe reconocerá que el acoso y derribo de esta pieza ni siquiera es de las últimas obras, realizadas en el 2008. En el 2003, ya se había retirado parte de este bello ornamento para que la Inspección de Trabajo (otros de los antiguos usuarios) colocara allí su organigrama. En esta última actuación, los operarios «sólo encontraron la base, tres paños del friso que, al parecer, están guardados», explican desde la Delegación del Gobierno tras las primera pesquisas. Todas estas actuaciones se hicieron con la luz y taquígrafos oficiales que conceden las licencias de obra del Ayuntamiento de Valladolid. El edificio en el que se encuentra, diseñado en 1959 por el arquitecto Julio González, ha sido incluido por los sus compañeros en el catálogo de ejemplos del modernismo de interés nacional que debe ser protegido.
La pérdida de este ejemplo de arte civil, sobrio y estilizado como buen ejemplo de los cánones de esta arquitectura que marcó el siglo XX en toda Europa, reduce aún más el rastro de Vaquero en Valladolid a pesar de que en su día dejo muchas huellas. La escultora Belén González, que trabaja en lo que antes fue el estudio del propio Antonio Vaquero, ha rastreado su herencia o lo que queda de ella.
Así, su monumento a los Reyes Católicos, hecho con piedra de Sepúlveda, fue retirado de su enclave del Campo Grande e invisibilizado ahora junto al Palacio de Congresos de la Universidad. Su monumento a la División Azul fue eliminado hace una década.
Un rastro que hay que buscar en colecciones privadas y, sobre todo, en las iglesias de la ciudad (Inmaculada, San Antonio de Padua y Sagrado Corazón de Jesús, en los Franciscanos, cristo de madera del convento de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, ángeles de la fachada del colegio de las Dominicas...). «Lastima de tanta pérdida sin hacer una foto siquiera», sentencia Francisco Plaza.
Fuente de la noticia: El Norte de Castilla, 17 de Enero de 2010

