Campo de San Pedro escenifica estos días su peculiar 'Hamlet'. Como en el drama de William Shakespeare, el pueblo se debate entre el ser o no ser, esa es la cuestión.

La disyuntiva es de aúpa y muy real, nada de ficción. La comarca se juega su futuro en los próximos días.
Sin la calavera del bufón, pero sí sobre la señal de material tóxico, la localidad se pregunta qué camino escoger, qué decisión tomar que sea la más apropiada para esta zona del nordeste segoviano, cada vez más enferma por la crisis agroganadera e industrial, las dificultosas comunicaciones y la galopante despoblación rural.
Tal y como reza el quinto acto del clásico, la población habrá de sopesar qué es más elevado para el espíritu, ese ser o no ser, si sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna y optar de manera oficial a acoger un almacén temporal centralizado para residuos radiactivos a pesar del rechazo de buena parte de la comarca, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y seguir luchando frente a esa sangría económica y poblacional. Y cuál sería ese arsenal. Vecinos contrarios a la instalación del 'cementerio' nuclear y autoridades políticas, como el alcalde de Fresno de Cantespino o el propio presidente de la Diputación, creen que la prioridad de estos pueblos pasa por la explotación de los recursos naturales en beneficio del turismo rural.
'¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne!', exclamaba Hamlet.
La tentación material de la inyección financiera y la generación de empleo prometidos por el Gobierno al municipio que acoja el almacén de residuos no convence a los grupos opositores de la infraestructura. Ecologistas, colectivos cívicos y sindicatos como Comisiones Obreras advierten de que la construcción de este depósito sería un «error», según ha señalado el responsable de la campaña sobre energía nuclear de Greenpeace y portavoz de Centaurea, Carlos Bravo.
Precisamente ayer por la tarde ofreció una charla informativa en Campo de San Pedro en la que esbozó por qué el municipio ha de hacer oídos sordos a los cantos de sirena del almacén que ha de construir y gestionar la Empresa Nacional de Residuos Nucleares (Enresa). «Las instalaciones tendrían un impacto muy negativo para la salud pública y para el medio ambiente de toda la comarca».
«Incongruente»
José María García vive el Maderuelo, a ocho kilómetros de Campo de San Pedro. En la mañana de ayer acudió a la concentración promovida a través de las redes sociales de Internet y de mensajes móviles. Más de un centenar de personas se congregaron en la Plaza Mayor del pueblo, donde también se habilitó una mesa para la recogida de firmas que avalen el respaldo ciudadano al rechazo al almacén. García no entiende la necesidad de que Campo de San Pedro, y por ende todo los núcleos de los alrededores, se postulen para optar al almacén nuclear. «Es incongruente», afirma rotundo. Justifica su rechazo en que la zona ha apostado por la defensa a ultranza del medio ambiente y de la riqueza natural del entorno. La estación de esquí de La Pinilla y los Parques Naturales de las Hoces del Duratón y de Sepúlveda están en el radio de acción de entre veinte y treinta kilómetros, recuerda.
«El 'cementerio' ahuyentará cualquier iniciativa de desarrollo alternativo del municipio». Así lo expresaron los manifestantes en el comunicado leído durante la concentración. «Las decenas de personas que viven del turismo la han cagado», continúa el alegato de oposición al almacén de Enresa.
Tampoco les convence la actividad paralela y los reclamos colaterales que lleva aparejado el centro de residuos que se persigue construir. «Los empleos estables y de calidad serán mínimos». La compañía pública estima que la ubicación de un almacén temporal centralizado -denominación preferida por Enresa a la de 'cementerio'- podría generar unos trescientos puestos de trabajo, además de implicar una inversión de 700 millones de euros y conllevar la instalación de un vivero de empresas y de un parque tecnológico puntero en investigación en materia energética.
Oposición en plataforma
Nada. Tanto atractivo es visto como una amenaza, concluyen los grupos contrarios a la instalación. Sólo ven riesgos, y no exclusivamente los derivados de «la presencia, manipulación y almacenaje de los elementos de combustible nuclear», según argumentan en el comunicado leído ayer en Campo de San Pedro. La oposición al proyecto cree que entre tanto beneficio, la empresa tendría que construir un reactor nuclear transmutador, con el consiguiente «riesgo de accidentes y escapes de radiactividad inherentes a su funcionamiento». Y es que, como rezaba el lema de la protesta, 'Nadie da duros a cuatro pesetas'.
De momento, los movimientos contrarios al depósito ya trabajan en constituirse en plataforma organizada. «La conciencia ni la calidad de vida no se compran con dinero», arguye José María García, quien apostilla que el proyecto lo único que «fomenta es la despoblación y asfixiar las posibilidades de la zona». A nadie le atrae una comarca sobre la que pesa las etiqueta de 'nuclear' o 'radiactividad'.
Enresa se afana en explicar en la documentación que presenta por los municipios que muestran su interés por la dotación que riesgos existen, sí, pero que en ningún caso hay peligro para la población ni para el medio ambiente. Así lo hizo saber en una reunión que mantuvo con los vecinos de Campo de San Pedro que acudieron a la charla organizada en la tarde del viernes y a la que únicamente se dejó pasar a los empadronados. Los asistentes tenían que presentar el DNI. El alcalde del municipio, el socialista José Antonio Martín, lo explica bien claro: «la decisión la tiene que tomar el pueblo».
Y así será. El regidor ha anunciado la convocatoria de una consulta popular, que tendrá lugar el martes. Hay que agilizar los trámites porque el tiempo para presentar la candidatura ante el Ministerio de Industria se agota dentro de seis días. Si el resultado es que la mayoría de los vecinos apuestan por el almacén, se celebraría al día siguiente un Pleno extraordinario para formalizar la petición, explica Martín.
Presiones forasteras
En cuanto al rechazo detonado por el interés de Campo de San Pedro de albergar el depósito de material radiactivo, el alcalde señala que «las presiones están promovida por personas que no viven en el pueblo ni en la comarca», lo que, a su parecer, les deslegitimiza a la hora de tomar una decisión final. Mucha es gente que tiene su segunda residencia fijada en estos parajes del nordeste segoviano, añade, y que son ajenos a la depresión poblacional en la que se halla sumida la comarca. De hecho, Martín contó sólo «siete u ocho» vecinos del pueblo en la protesta de ayer.
Así que serán los 380 empadronados en Campo de San Pedro los que tendrán la última palabra sobre si se opta a ubicar en el término el 'cementerio' nuclear.
Fuente de la noticia: El Adelantado de Segovia, 24 de Enero de 2010

