Ayer se cumplieron cien años desde que Gabriel García Pulido inaugurara una pastelería a los pies del Castillo de Sepúlveda.
Coincidiendo con el día de su cumpleaños, Gabriel García Pulido inauguró, el 29 de abril de 1910, una pastelería en Sepúlveda, “El Castillo”, nombre tomado del monumento a cuyos pies se situaba. Se cumplía así el sueño de este humilde pastor nacido en Navares de Enmedio, de espíritu inquieto, que emigró a Madrid, donde aprendió el oficio de pastelero, sobre todo durante su estancia en “La Pelota”, considerada entonces una de las pastelerías de mayor renombre. En la capital de España habría de conocer a la que sería su esposa, Valeriana Gómez, una segoviana de Villoslada a la que acabó convenciendo para abrir un pequeño negocio en Navares de Enmedio. Ya instalado allí, “el tío rosquillero” —como así se le llamaba— se dedicó a recorrer a lomos de un burro los pueblos cercanos, vendiendo en sus fiestas las más variadas rosquillas y pastas. El siguiente paso, la apertura de un negocio en Sepúlveda, la capital de la comarca, le permitió desarrollar toda su creatividad. Así, creó múltiples recetas, que hoy siguen siendo utilizadas por su bisnieto, que casualmente lleva su mismo nombre, Gabriel García.
La historia de “El Castillo” ha sido posible gracias a cuatro generaciones de pasteleros. El hijo del fundador, de nombre Manuel García, también marchó a Madrid, iniciándose allí como mecánico, hasta que la salud le obligó a volver a Sepúlveda, continuando desde entonces el negocio familiar. El nieto del creador de la pastelería, Manuel García hijo, empezó a hacer pasteles nada más salir de la escuela, con 14 años, y ahí sigue, echando ahora una mano a la cuarta generación, la que representa el joven Gabriel García. Éste último recibió formación durante tres años en la Escuela de Pastelería de Madrid, compatibilizando tales estudios con su trabajo en la pastelería El Riojano.
“El 90% de las recetas que elaboramos son del fundador de la pastelería, y el 10% restante de su bisnieto”, afirma Adelina Martín, esposa de Manuel García hijo. En su siglo de vida, “El Castillo” ha adquirido justa fama por sus productos. Entre ellos destacan las capuchinas (yemas) y las “pirámides” (tartas de chocolate con fresa y nata). “Utilizamos la materia prima de mejor calidad y elaboramos nuestros productos de forma artesanal”, aseguran, tajantes, los titulares del negocio, que se muestran orgulloso, sobre todo, del público que acude desde Madrid, ex profeso, a adquirir sus rosquillas de Castrillo, sus bizcochos de soletilla o sus turrones...
Fuente de la noticia: El Adelantado de Segovia, 30 de Abril de 2010

