Sábado, 15 Agosto 2026

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Ese hombrón llamado Dicenta

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NO conocí muy bien a Juan Manuel Dicenta Silva, pero lo suficiente como para estimarle y considerarle en su dimensión humana, abierta y acogedora

Su hijo, hombre de radio muy conocido en estas latitudes, vino precisamente por aquí, y aquí sigue felizmente, de la mano de ese hombrón de pelo largo aunque escaso, cuya voz lo asociaba de inmediato a su saga, la de los Dicenta, que antes, ahora y después de nosotros ha formado, forma y formará parte de lo más ilustre y entrañable de nuestra escena. Gente de teatro con figuras gloriosas, unas ya desaparecidas y otras en activo. Dicenta el de por aquí, ya no puede tenerse más que de por aquí, así que ha de ser excluido de tratamientos externos. Su padre anduvo por estos pagos como consecuencia de su trabajo. Llegó a la refinería del grupo Cepsa entre los que la pusieron a andar, allá por el año 1967, y vivió en Puente Mayorga hasta su jubilación, más o menos tres décadas después. Luego marchó a su tierra de origen y hace unos días dejó definitivamente este hogar grande que habitamos los mortales.

Juan Manuel nació en Castilla, a medio respiro de la meseta, allá donde el cordero y el cochinillo son reyes de uno de los mejores, más espontáneos y naturales, enclaves gastronómicos del mundo. En Segovia, no sé si en Riaza pero sí que aquel bellísimo paraje ha sido su último escenario. Riaza y Sepúlveda son dos lugares maravillosos de esa tierra noble que guarda silencio en la inmensidad de su grandeza proyectada hacia todo el Occidente. Una persona que me es muy próxima, castellana también, en este caso de Valladolid, suele decir que lo que les pierde a los castellanos es no tener una lengua propia ni ser una nacionalidad histórica. Con esta irónica ocurrencia, sarcástica incluso, pone de manifiesto la estupidez inconmensurable del nacionalismo entendido como diferencia y alejamiento de los demás pueblos con los que se comparte tradición, lecho y compromiso.

Dicenta era un tipo con el que resultaba grato estar, ocurrente y hablador con una voz privilegiada. Recitando, lo que solía hacer cuando se sentía a gusto, te daba la oportunidad de sentir la belleza que añade la voz a la palabra. Creo que fue pregonero de algún evento de ese querido rincón costero que lleva el nombre del puente construido en suelo de un gibraltareño viejo y rico, Juan Mayorga, a mediados del siglo XVI, sobre el arroyo Cachón o de Los Gallegos, o Cagancha, que trae aguas de Sierra Carbonera. Gracias a un mapa del magnífico libro de Ángel Sáez sobre la roca inexpugnable, se sabe que lo de Cagancha viene de Cala Ancha que no sólo suena mejor sino que probablemente a nuestro inolvidable Juan Manuel le habría gustado mucho más pronunciarlo.

Fuente de la Noticia: EuropaSur, 23 de Mayo de 2010