El Parque Natural del Duratón, en Sepúlveda, ofrece la posibilidad de mirar a los ojos en pleno vuelo a unas aves de 2,5 metros de envergadura.

El otoño es una de las épocas más adecuadas para ciertos tipos de excursiones, y las de sumergirse en la naturaleza son algunas de las más gratificantes en una época en la que el ejercicio físico puede competir con una temperatura aún no demasiado fría. Los colores se alían con los sentidos para convertir un paseo en toda una experiencia. En las Hoces del Duratón, los buitres se encargan de convertir la actividad en una marca indeleble en la memoria de cada cual.
La jornada puede comenzar en el Centro de Interpretación del Parque Natural del Duratón, en la localidad segoviana de Sepúlveda. El escenario del centro ya promete antes incluso de comenzar la visita: se trata de la iglesia de Santiago, que estaba en ruinas desde los años 30 y la Junta de Castilla y León la restauró para que acogiese este punto de información. Una pequeña visita (si se desea hacer en grupo es necesario concertar antes día y hora) ofrecerá una primera idea de lo que significa el Parque desde varios puntos de vista: naturaleza, sociedad, cultura… Los más pequeños participan de una forma especialmente activa en esa primera aventura, ya que los responsables del centro han colocado objetos escondidos que ellos, mediante las pistas que se facilitan durante el recorrido, deben encontrar. Su atención, así, no decae en ningún momento.
A partir de ese instante, las posibilidades del parque son infinitas, pero una de las más espectaculares consiste en subir a la Ermita de San Frutos, lugar apartado al que se llega por un camino, desde Villaseca. El espacio donde es posible dejar el coche está a 900 metros del destino y es posible hacerlos incluso con carritos de bebé, dada su dificultad nula.
El premio una vez allí compensa el escasísimo esfuerzo. Los buitres leonados, amos y señores del cañón, sobrevuelan al caer la tarde las cabezas de los visitantes, que casi, casi pueden mirar a los ojos a unos animales con un vuelo majestuoso e incuestionable y que alcanzan los 2,5 metros de envergadura en el aire. Pero también se pueden contemplar águilas reales, alimoches, halcones peregrinos o cernícalos, entre otras aves.
De lujo
No es necesario nada más para disfrutar de la excursión, pero se puede convertir en una jornada de lujo si se mete en la mochila una cámara de fotos con un objetivo capaz de acercar al observador un poco más a las aves que, sin duda, sobrevolarán a quienes visiten sus dominios.
Es posible completar la jornada con otro tipo de actividades como, por ejemplo, la práctica del piragüismo. Existen empresas autorizadas para proporcionar el servicio y que operan según instrucciones de respeto absoluto a estas aves, muy sensibles a la presencia humana durante la época de cría, de enero a julio. Si las fechas elegidas para visitar las Hoces del Duratón son el primer semestre del año, es necesario tener en cuenta el dato incluso para las visitas a pie. Por lo demás, solo queda disfrutar.
Fuente de la noticia: El Norte de Castilla, 08 de Octubre de 2010

