Domingo, 16 Agosto 2026

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Crónicas Retrospectivas: Emiliano Barral

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Nacido en Sepúlveda en 1896, en el seno de una familia de canteros y de siete hermanos, a los 14 años abandonó la casa paterna junto a un anarquista portugués llamado Couceiro que por aquel entonces trabajaba en la villa. Ambos tenían la cabeza llena de pájaros y querían hacer la revolución social. Sin embargo, la aventura duró poco.

Reclamado por su padre, no tardó en regresar a Sepúlveda. Una nueva escapada lo llevó a Valencia, Barcelona, Lyon y finalmente París, donde Emiliano saboreó la bohemia después de haber trabajado como obrero cantero, empleo que le proporcionó el consulado español.

Pero el inquieto anarquista tuvo que pasar por el aro del servicio militar, trámite que cumplió en Madrid y que le sirvió para conocer al escultor granadino José Cristóbal. De ahí partió su fulgurante carrera, esculpida con mucho esfuerzo y tesón.
 
El año 1924 es clave en la vida del escultor. El artista recibe el encargo de tallar en piedra el monumento a Daniel Zuloaga y participa en la Exposición Nacional de Bellas Artes, a la que envía una cabeza de Pablo Iglesias y el busto denominado 'El arquitecto del Acueducto', inspirado en el rostro de Blas Zambrano.
Después, la Diputación Provincial le concede una beca para estudiar arquitectura en Italia, experiencia que le servirá para conocer el arte renacentista.
 
Instalado ya en Madrid, el nombre de Emiliano Barral despegó de manera definitiva, y los elogios hacia su obra fueron unánimes en la prensa nacional, sobre todo tras el éxito cosechado por la primera exposición individual que celebró en 1929 en el Museo Español de Arte Moderno, integrada por veintisiete obras. Según Juan Manuel Santamaría, esta exposición le abrió las puertas de la 'buena' sociedad madrileña, «llegándose a la paradoja de que el escultor revolucionario pasara a ser uno de los más solicitados por muchos miembros de la misma».
 
Con el advenimiento de la II República se abrió ante los ojos de los jóvenes artistas renovadores una etapa esperanzadora. Amigo de Antonio Machado y de Federico García Lorca, el sepulvedano participó de la riquísima vida artística y cultural del Madrid republicano. La guerra estaba a la vuelta de la esquina.
 
El rebelde no se quedó quieto y pronto se vio convertido en comisario político de las Milicias Segovianas, fundadas por un grupo de paisanos residentes en Madrid, entre ellos Agapito Marazuela. Los milicianos segovianos se batieron el cobre en las trincheras de la Universitaria y de la Casa de Campo durante el primer asedio a Madrid, pero el día 21 de noviembre de 1936, en el frente de Usera, un obús estalló junto a Emiliano y lo mató. Sus restos descansan en el Cementerio Civil del Este.

Fuente de la noticia: El Norte de Castilla, 16 de Febrero de 2010