La Iglesia del Salvador, que corona la villa. Del siglo XI, la más antigua del románico segoviano, de dos naves, más torre y galería porticada.
Iglesia de los Santos Justo y Pastor, románica, de tres naves con sus ábsides y cubierta de madera, que alberga el Museo de los Fueros. Iglesia románica de San Bartolomé, que posee una bonita escalinata de acceso presidida por un crucero renacentista. Iglesia de Santiago, románica con ábside mudéjar, y de una sola nave rectangular, que hoy en día alberga el Centro de Interpretación de las Hoces del Río Duratón
Además de estas muestras del románico cabe destacar en la villa:
La Plaza Mayor, parcialmente porticada, presidida por el Palacio del Conde de Sepúlveda, y los restos del castillo y muralla.
Restos de las murallas y puertas de acceso. Como la del Azogue o Ecce-Homo, la del Río, o la Puerta de la Fuerza, desde donde se puede contemplar la villa y el acceso a las Hoces del Duratón a través de una calzada romana.
En el paisaje natural y cultural de la Villa lo completa su famosa gastronomía, considerándose como la capital del lechazo. Siendo el plato principal este cordero lechal asado en horno de leña, que tradicionalmente se acompaña de ensalada, vino de Ribera del Duero y de postre Ponche Segoviano.
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