Las espeluznantes imágenes del terremoto registrado en Lorca el pasado 11 de mayo, además de conmover a todos los segovianos, han dejado una duda, la de si podría producirse en la provincia un seísmo de magnitud similar al de la localidad murciana, de 5,1 grados.
Los geólogos segovianos Andrés Díez Herrero y José Francisco Martín Duque, autores del libro “Las raíces del paisaje”, explican en esa obra que la provincia “se encuentra entre las zonas con menor actividad sísmica de la Península Ibérica”. No obstante, ambos geólogos advierten la orogenia alpina —responsable de la formación y elevación de la Sierra de Guadarrama y muchos de los relieves de la provincia, como La Serrezuela o el macizo de Sepúlveda— “no es un proceso concluido”, por lo que sus efectos, que se sienten en otras zonas del planeta, también podrían apreciarse, aunque de forma atenuada, en la provincia.
Esta Redacción contactó ayer con Miguel Ángel Rodríguez Pascua, investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) considerado uno de los mayores expertos a nivel nacional en terremotos, que refrendó la opinión de Díez y Martín, asegurando que la probabilidad de que se produzca en Segovia un terremoto como el de Lorca “es muy baja”. “La actividad sísmica prevista en Segovia es muy baja, pero si se quiere tener un conocimiento más exacto del fenómeno sísmico en la zona sería necesario realizar estudios geológicos en profundidad”, declaró Rodríguez Pascua. Este experto defiende la conveniencia de acometer estudios de paleosismología, una disciplina científica que, investigando las fallas existentes, descubre la secuencia de terremotos que se produjeron en un lugar, antes de que hubiera documentación escrita de los mismos o que se inventaran los sismógrafos. Rodríguez Pascua defendió ayer que, en base a estudios de ese tipo, “se puede saber dónde se va a producir un seísmo, aunque no se sabe cuándo”.
Segovia, al no estar situada en una zona en la que se han registrado terremotos —al menos desde que existe un registro de los mismos— se considera que no es un área de peligrosidad sísmica y, por tanto, no aparece en la ‘Directriz Básica de Planificación de Protección Civil ante el Riesgo Sísmico’, que obliga a determinadas comunidades autónomas, provincias y localidades a redactar planes ante terremotos. Al igual que Segovia, ninguna provincia de Castilla y León está considerada como ‘área de peligrosidad sísmica’. Sí cuentan con tan consideración un total de 21 provincias españoles, pertenecientes a Andalucía, Aragón, Castilla La Mancha, Cataluña, Extremadura, Murcia, Navarra, y Valencia, además de Ceuta y de Melilla.
Sobresaltos en Segovia
El 1 de noviembre de 1755 se produjo un terremoto de elevada magnitud, que causó varios miles de víctimas en Portugal, sur de España (tsunami en Cádiz) y Norte de África, y que pasó a denominarse el terremoto de Lisboa, por los dañinos efectos que tuvo en esta ciudad.
Según exponen Andrés Díez y José Francisco Martín en “Las raíces del paisaje”, en el Archivo Histórico Nacional se conserva documentación de una encuesta sobre los efectos de dicho terremoto en las localidades españolas, que el rey Fernando VI ordenó llevar a cabo al Gobernador del Supremo Consejo de Castilla. Tan sólo 1.216 localidades devolvieron la encuesta con información al respecto, de las cuales 123 correspondían a la actual provincia de Segovia, siendo la provincia con más encuestas. Este puntual cumplimiento en Segovia de las órdenes reales no se debió a que los efectos del terremoto fueran especialmente virulentos (no hubo víctimas y la intensidad estimada fue IV), sino a la labor recopiladora del intendente Pedro Jirón y Ahumada. La mayor parte de las localidades citan entre los efectos del terremoto: movimientos en las lámparas y muros de las iglesias (al encontrarse en la misa del día de Todos los Santos); pequeños daños en cubiertas y bóvedas (desprendimiento de yesos y revocos); movimientos en las losas de los sepulcros en los cementerios (que ese día se visitan); cimbreo de torres, espadañas y puentes; movimientos de enseres y paredes en las casas; y sonidos sísmicos comparados con truenos o paso de carruajes.
Entre los hechos curiosos relatados en las respuestas a la encuesta se encuentran el acaecido en Nava de la Asunción, donde la laguna elevó sus aguas “sobre dos varas en alto”, o el que tuvo lugar en el Alcázar de Segovia, donde cayó una piedra “como de cuatro arrobas” desde la Torre del Homenaje, que quebró “como doscientas pizarras”. Y, en Sepúlveda, “algunas fuentes se enturbiaron, echando de sí lodo mixto de varios colores”.
Del mismo modo, todavía es recordado por la población segoviana el movimiento que produjo en lámparas y otros enseres, el terremoto ocurrido en la madrugada del 28 de febrero de 1969, con epicentro localizado en el cabo de San Vicente (intensidad VII) y que produjo 19 víctimas en España. EL ADELANTADO de Segovia de ese mismo día (edición de tarde) se hizo eco de que “la mayor parte del vecindario despertó sobresaltado por la fuerza del fenómeno”, “se apreciaron claramente movimientos de muebles y lámparas, y en la fábrica de vidrio de La Granja cayeron varias estanterías”.
Fuente de la noticia: El Adelantado de Segovia, 17 de Mayo de 2011

