El Guardia Civil Gabino Holguín recibirá la medalla al mérito con distintivo rojo

Gabino, marido de la sepulvedana Marisa Segovia, fue uno de los Guardias Civiles que intervino en el rescate del niño Julen caído en un pozo en Totalán (Málaga) el pasado 13 de enero de 2019.

Gabino Holguín, lleva 20 años trabajando en el Sereim (Servicio de Rescate en Montaña) de la Guardia Civil con sede en Navacerrada. Hoy martes recibirá la máxima condecoración del Instituto Armado. Le entregarán la medalla al mérito con distintivo rojo por participar de forma determinante en el rescate del cuerpo sin vida de Julen, el niño de dos años que se precipitó a un pozo en Totalán, Málaga, en enero de 2019.

Este agente es uno de los pocos de España especializado en microvoladuras y bajó hasta 80 metros de profundidad para abrir camino con pequeñas explosiones hasta el lugar donde cayó el pequeño. Acostumbrado a centenares de misiones de alto riesgo en altura y en cuevas, ese día se enfrentó durante una angustiosa jornada a una labor muy complicada en un escenario muy hostil.

«Fue un rescate fuera de lo normal», recuerda Gabino. «Se barajaron muchas hipótesis. Lo más efectivo era perforar un túnel en paralelo a donde estaba al niño y al llegar a ese nivel hacer otro túnel con ayuda de los mineros», explica el agente. «El problema fue que los estratos de la roca tenían capas muy duras. Era una cuarcita de una gran dureza. Los mineros no podían perforar ese tipo de roca con los martillos neumáticos y tampoco se podían hacer voladuras a gran escala», prosigue.

«Trabajábamos conjuntamente los Tedax y del Sereim. Primero entraban los mineros para picar el túnel y luego accedíamos nosotros poniendo cargas explosivas y perforábamos unos 40 o 50 centímetros. Salíamos y entraban los mineros para limpiar y volvíamos a bajar para poner las microvoladuras», cuenta.

Nunca se había hecho un rescate en esas condiciones tan hostiles y a esa velocidad tan vertiginosa. «Normalmente en las cuevas hay ventilación o corrientes de aire. El problema es que empleábamos unos detonadores eléctricos muy sensibles y estábamos dentro de un tubo metálico y además teníamos la complejidad de poner muchas cargas explosivas muy controladas para llegar poco a poco al niño. Cada carga nos llevó más de dos horas ya que había que colocar detonadores, secuenciarlos y realizar conexiones. Era un proceso más largo de lo que parece», comenta.

«Nosotros en rescate en cuevas habíamos bajado a mucha más profundidad en trabajos de Espeleología, pero nunca en esas condiciones y bajando en ese ascensor que no se sabía si iba a funcionar correctamente», recuerda.

«Estuvimos más de 24 horas trabajando a contrarreloj», continua. «Empezamos un jueves sobre las seis de la tarde y finalizamos el sábado 26 de enero a la una de la mañana hasta llegar junto al niño. Entonces bajó un minero y un agente de Policía Judicial de Montaña. Cuando salieron se hizo el silencio. Era una sensación muy mala, pero habíamos hecho nuestro trabajo lo más rápido posible», relata.

En sus 30 años en el Sereim, Gabino ha vivido miles de experiencias en Madrid y provincias cercanas. Incluso estuvo en las inundaciones de Mallorca. «A veces también tenemos rescates gratificantes. Y si son complicados con final feliz pues mejor, pero nada como lo de Julen».

En los últimos años asegura que la gente sale cada vez más a la montaña en la Sierra de Madrid y que su trabajo aumenta: «Hay mucha gente preparada pero también hay personas que salen sin planificación y sin tener conocimiento para esa actividad». «La gente está deseando hacer una salida y no saben que las montañas tienen sus riesgos. Incluso hemos llegado a rescatar a personas en verano en La Pedriza que no llevaban agua, gente que se ha perdido buscando setas o que iban en chanclas en una excursión», señala.

Con todo, dice que en invierno es cuando hay más trabajo. «La nieve atrae mucho. La gente piensa que la sierra es sencilla, pero es muy complicada cuando empeora el tiempo. Hay que tener mucho respeto a la montaña».