Jueves, 13 Agosto 2026

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Sepúlveda fue el mirador perfecto durante el histórico eclipse solar total

La villa vivió este miércoles 12 de agosto uno de los acontecimientos astronómicos más excepcionales de las últimas décadas. Vecinos, turistas y aficionados a la astronomía se concentraron principalmente en el entorno de Somosierra y del cementerio para contemplar la totalidad, que alcanzó su momento culminante en torno a las 20:31 horas.

Sepúlveda volvió a ejercer de mirador privilegiado, aunque esta vez la mirada no se dirigió hacia las Hoces del Duratón ni hacia su paisaje monumental, sino hacia el cielo. El eclipse solar total del miércoles 12 de agosto reunió en distintos puntos elevados de la villa a numerosos vecinos, visitantes y aficionados a la astronomía que no quisieron perderse una cita histórica.

El momento más esperado llegó en torno a las 20:31 horas, cuando la Luna ocultó completamente el disco solar y durante unos instantes la luz del atardecer dejó paso a la oscuridad de la totalidad. En localidades próximas del término de Sepúlveda, los cálculos astronómicos situaban igualmente el máximo alrededor de esa hora. 

La situación geográfica y la orografía de Sepúlveda resultaron especialmente favorables para seguir el fenómeno. Al producirse el eclipse a última hora de la tarde, era necesario contar con un horizonte occidental lo más despejado posible. El Instituto Geográfico Nacional había advertido precisamente de esta circunstancia, ya que el Sol se encontraba muy bajo sobre el horizonte durante la fase de totalidad.

Somosierra, punto de encuentro

Entre los lugares elegidos por quienes acudieron a contemplar el eclipse destacó especialmente el paraje de Somosierra y los alrededores del cementerio, cuya posición elevada y sus vistas abiertas hacia poniente permitieron seguir las diferentes fases del fenómeno.

Desde horas antes del máximo fueron llegando aficionados a la astronomía, turistas y vecinos provistos de las correspondientes gafas de protección y material para observar y fotografiar el eclipse. La expectación fue creciendo a medida que la Luna avanzaba sobre el disco solar hasta alcanzar la totalidad.

La concentración de público se desarrolló en un ambiente festivo y seguro, convirtiendo esta zona de Sepúlveda en un improvisado observatorio al aire libre.

La elección de Somosierra añadió además un componente histórico al acontecimiento. Este cerro forma parte de los espacios vinculados a los orígenes más antiguos de Sepúlveda. La documentación turística provincial sitúa en la Edad del Hierro el origen de la villa como un castro celtibérico arévaco, antes de que en época romana el principal núcleo de población se desplazara hacia Duratón.

Más de dos mil años después, el mismo entorno elevado desde el que se domina buena parte del paisaje sepulvedano sirvió como escenario para mirar mucho más lejos.

Astronomía y paisaje, un nuevo atractivo para Sepúlveda

La expectación generada por el eclipse dejó también una imagen poco habitual en la villa: grupos de personas repartidos por sus puntos elevados y mirando simultáneamente hacia el horizonte mientras descendía la luz de la tarde.

El acontecimiento sumó así un atractivo extraordinario a un municipio conocido por su patrimonio histórico, su conjunto monumental y su proximidad al Parque Natural de las Hoces del Río Duratón. Durante unos minutos, el cielo se convirtió en protagonista y el paisaje sepulvedano en el escenario desde el que contemplarlo.

España fue uno de los principales territorios europeos desde los que pudo observarse la totalidad y el fenómeno despertó un notable movimiento de astroturismo, especialmente hacia localidades rurales situadas dentro de la franja del eclipse.

Para quienes eligieron Sepúlveda, la espera terminó poco después de las ocho y media de la tarde. Con el Sol apenas a unos grados sobre el horizonte, la Luna completó su recorrido hasta cubrirlo por entero y durante aproximadamente minuto y medio cambió por completo la luz del paisaje.

Un instante breve para un acontecimiento excepcional que dejó a Sepúlveda convertida, por una tarde, en un gran mirador hacia el cielo