Me refiero a las antiguas viviendas del Estado, en el barrio de Santa Cruz. Todos las conocemos. Ahí siguen, cerradas, deteriorándose poco a poco y esperando que alguien se acuerde de que fueron construidas para cumplir una función social, no para convertirse en un monumento al abandono.
Lo más sorprendente es que justo al lado tenemos el ejemplo contrario. Las viviendas que pertenecían a la Junta de Castilla y León, prácticamente iguales, fueron rehabilitadas hace años y volvieron a tener utilidad. Entonces, ¿por qué unas sí y otras no? ¿Qué diferencia hay para que unas administraciones actúen y otras miren hacia otro lado?
Llevamos años escuchando hablar de la despoblación, de la necesidad de atraer vecinos, de fijar población en el medio rural y de facilitar el acceso a la vivienda. Todo eso está muy bien, pero a veces parece que buscamos soluciones complicadas para problemas que ya tienen una respuesta delante de nuestros ojos.
No hace falta empezar de cero. Las viviendas ya están construidas. Solo necesitan una rehabilitación que, a día de hoy, todavía sería asumible. Si se deja pasar más tiempo, el deterioro será mayor y la inversión necesaria también. Al final ocurrirá lo de siempre: se dirá que recuperarlas resulta demasiado caro, cuando en realidad se dejó escapar la oportunidad de hacerlo a tiempo.
Además, rehabilitar estas viviendas tendría un doble beneficio. Por un lado, generaría empleo durante las obras. Por otro, permitiría ofrecer viviendas a familias que hoy las necesitan, favoreciendo que puedan establecerse en Sepúlveda. Y todos sabemos lo que significa una familia más viviendo en el pueblo: más vida, más actividad económica, más niños en las escuelas y más futuro para nuestro municipio.
Por eso creo que ha llegado el momento de que el Ayuntamiento de Sepúlveda y la Delegación del Gobierno se sienten a buscar una solución. Si el Estado no tiene previsto dar uso a estas viviendas, habría que estudiar su reversión o cualquier fórmula que permita recuperarlas para el interés general. Lo importante no es quién figure como propietario, sino que estos edificios vuelvan a cumplir la misión para la que fueron construidos.
La vivienda es hoy uno de los grandes retos del medio rural. Sin viviendas disponibles es muy difícil que lleguen nuevos vecinos o que los jóvenes decidan quedarse. Sin embargo, aquí tenemos un recurso público desaprovechado que podría ayudar a aliviar ese problema con una inversión mucho menor que la construcción de nuevas promociones.
No creo que esta sea una petición desproporcionada. Lo único que pido es sentido común. No podemos permitir que un patrimonio público permanezca abandonado mientras existe una necesidad real de vivienda. Las administraciones tienen la responsabilidad de gestionar estos recursos pensando en las personas y en el futuro de nuestros pueblos.
Ojalá alguien recoja el guante. Porque cada día que pasa estas viviendas se deterioran un poco más. Y cada día que pasa también perdemos una oportunidad para dar respuesta a una necesidad que está ahí, esperando una decisión política.
A veces no hacen falta grandes anuncios ni proyectos millonarios. Basta con abrir los ojos, recuperar lo que ya tenemos y ponerlo al servicio de quienes más lo necesitan.
Emiliano Alonso Ortiz
