Miércoles, 26 Agosto 2026

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El ecologista puro

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Siguiendo los principios de la bioconstrucción, Jorge Juan García ha levantado una casa en Vellosillo que no genera contaminación.

Cuando en España se empezaba a escuchar la palabra Internet, Jorge Juan García ya era un experto en ‘la Red’. A ella se dedicó en cuerpo y alma durante años, hasta que, agotado, quiso dar un cambio radical a su vida. Se subió a un velero y partió, con Ruth Pedraz, a surcar los mares. Cruzó el Atlántico, y fue a parar a Panamá, donde estuvo una larga temporada con una tribu india. La joven pareja, gente de ciudad, aprendió allí otra forma de vivir. “Para los indios, la naturaleza es su madre, la que les da de comer, por eso la cuidan al máximo”, relata García. Y constataron que, aunque vivían de una forma muy humilde, “eran más felices que la mayoría de las personas que habíamos conocido hasta la fecha”.

Aquella experiencia caló hondo en García y Pedraz. Al regresar a España entendieron que ya nunca más podrían vivir al ‘estilo de ciudad’. Pretendían compaginar, de alguna manera, la filosofía de los indios y el modo de vida en un velero. Y, en ese punto, surgió la posibilidad de abandonar Madrid para recalar en Vellosillo, el pueblo segoviano donde García tenía sus ancestros. Tras un largo proceso para adquirir una parcela en este pequeño núcleo dependiente del Ayuntamiento de Sepúlveda, hace un par de años se instalaron definitivamente allí, en una casa diseñada por Ricardo Higueras, uno de los más prestigiosos arquitectos de bioconstrucción.

García y Pedraz tenían muy claro que no querían una casa corriente. No. Su idea era otra. Buscaban una ecológica. “Desde la Segunda Guerra Mundial —sostiene García— hemos intentado imitar el modelo americano de casas grandes y muy confortables; sin embargo, el proceso constructivo de esas casas es altamente contaminante, consumen después muchísima energía y, además, son insalubres para los hombres, pues al estar hechas de cemento y hormigón no transpiran”.

Siguiendo los principios de la bioconstrucción, la casa de García y Pedraz está hecha de barro, material sin impacto para el medio ambiente y transpirable. La cubierta fue elaborada de madera reciclada, dejando espacio en el centro para un óculo, donde se sitúa una gran membrana deformable que almacena agua de lluvia y, al tiempo, sirve de aislante. Desde el exterior, el edificio presenta forma circular, y está orientado al sur y cerrado al norte. “El inmueble se proyectó semienterrado, a un metro de profundidad, para absorber la energía de la tierra, y eso nos permite mantener una temperatura estable dentro de entre 14 y 15º”, explica el propietario. En el perímetro de la construcción se sitúan 17 grandes tinajas de barro, cuya función es recoger el agua de lluvia, dirigida a continuación a varios depósitos.

Por extraño que pueda parecer, el hogar de García y Pedraz está desconectado de la red eléctrica. “Generamos energía con unos paneles solares y un molino”, indica el dueño. Eso sí, la casa recibe agua de la red pública. “Estábamos obligados a ello”, aclara. Para las aguas grises se ha ideado un sistema que permite su filtración en la tierra. Y, en cuanto a las aguas ‘negras’, procedentes de los desechos orgánicos humanos, la pareja adquirió un sistema sueco, de nombre ‘Aquatron’, de depuración de aguas domésticas, que posibilita la obtención de compost, cuyo destino final es una huerta colindante. “En realidad —continúa García— lo que hacemos es lo mismo que hacían estos abuelos, o sea, reciclamos la basura de los animales para que sirva como nutriente de la huerta”.

Dicha huerta, circular, se rige por los principios de la permacultura, un método de agricultura sostenible iniciado en los años 70 del pasado siglo, que trata de favorecer las conexiones naturales entre las distintas especies, y donde no tienen cabida los productos químicos. “Aquí no entran ni fertilizantes ni insecticidas”, subraya García, que se muestra “muy contento” con su producción, y avisa que ahora tiene en proyecto edificar lo que llama una “autotenada”, a modo de las antiguas cuadras, donde quiere meter animales, en lo que sería un paso más hacia el autoabastecimiento.

De acuerdo a los datos que ofrece García, en la actualidad, “entre el 40 y el 50% de las emisiones contaminantes proceden de las viviendas”, un hecho que él considera “insostenible” y que, a no mucho tardar, obligará a cambiar la forma de construir. “Es una locura que traigamos energía de países lejanísimos, con el coste y la contaminación que ello supone, cuando podríamos desarrollar una tecnología que nos permitiera construir de otra manera”, defiende.

La casa de García y Pedraz en Vellosillo, cuyo coste rondaría hoy los 200.000 euros, genera mensualmente un gasto de... “unos cien euros”. Por si a alguien les parecen cifras altas, García está ahora trabajando con un equipo de arquitectos para diseñar un proyecto, que luego será colgado en Internet, de una casa ecológica. “Tendrá un coste de 60.000 euros y un gasto mensual más bajo incluso que la nuestra”. Y ello, sin contaminar nada. Nada de nada. “Hoy en día —concluye García— el hombre sería capaz de construir una casa como quien planta un árbol, esto es, aportando biodiversidad”. Pero para ello hace falta poner voluntad.

Guillermo Herrero

Fuente de la noticia: El Adelantado de Segovia, 3 de mayo de 2015