Lunes, 24 Agosto 2026

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El día en el que Segovia enmudeció

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El 18 de septiembre de 1614 un rayo calcinó el chapitel de madera que coronaba la torre de la Catedral

Los incendios por causa humana o natural han devastado a lo largo de los últimos siglos el patrimonio y estructura de numerosas catedrales, como fue el caso de la Catedral de Segovia. Hace 401 años, un jueves 18 de septiembre de 1614, un rayo calcinó el antiguo chapitel de madera que perfilaba la torre del templo, «más alta que la de Sevilla y más ancha que la de Toledo».

La Catedral había sido construida en 1525 por el empeño de el rey Carlos I y todas las instituciones y vecinos de la ciudad se implicaron en realizar un templo de referencia. El arquitecto Juan Gil de Hontañón fue el encargado de dar forma a este proyecto, en el que la torre tendría especial importancia. A su muerte heredaron la supervisión de las obras su hijo, Rodrigo Gil de Hontañón y el aparejador García de Cubillas. El chapitel era la parte más vulnerable debido a la ausencia de sistemas de conducción, lo que les convertía en polos de atracción a la caída de rayos, según recuerda el Cabildo al recordar el aniversario del suceso.

La tormenta que cambió Segovia empezó después de la oración, según cuenta el historiador segoviano Diego de Colmenares, autor de ‘Historia de la insigne Ciudad de Segovia y compendio de las historias de Castilla’ (1637). Su relato da una idea de la conmoción que vivieron todos los segovianos ese 18 de septiembre de 1614, inmersos en los actos para recibir al rey Felipe III.

Sin embargo, esa alegría se vio enturbiada cuando empezó a soplar el viento de forma huracanada. Los relámpagos encendieron el cielo y uno de los rayos provocó la llama que derritió el plomo que revestía el chapitel. Cuenta el relato que todos los vecinos acudieron a los alrededores para sofocar el fuego de todas las maneras posibles. Una vez consumido el plomo y la madera, quedaron tranquilos al ver que las campanas no habían sufrido daños importantes.

Pero la calma se volvió a romper cuando una centella alcanzó la bóveda de la Capilla Mayor, momento en el que todos los vecinos acudieron de nuevo. Todas las iglesias sacaron el Santísimo Sacramento para misericordia y clemencia «a tan grande castigo», y el pueblo entero acudió a los ruegos de San Frutos.

A la tormenta seca le siguió una tempestad de agua que apagó el fuego, pero provocó inundaciones en el templo. Al día siguiente fueron visibles los estragos en la Catedral y sus alrededores. Cantidades de cenizas y carbón cubrían los tejados colindantes y de la torre ya solo se alzaban los cuatro botareles góticos que rodeaban en su base al chapitel. Aunque el fuego no llegó a las imágenes del Altar Mayor.

A pesar de que numerosas personas ayudaron a sofocar el fuego de la Catedral tampoco hubo constancia de ningún herido. El archivo catedralicio, muy valorado en la época, permaneció a salvo. Y por lo que parece, la Catedral fue la más perjudicada por esta tormenta, ya que en el resto de la ciudad tan solo se observó el incendio de un ciprés en el jardín del convento de Santo Domingo.

El viernes 19 de septiembre, el Ayuntamiento celebró dos sesiones, una para dar el pésame al Cabildo de la Catedral y ofrecer la madera de su pinar de Valsaín para la reconstrucción, y una segunda para dejar constancia del estremecedor sentimiento en el que se hallaba la sociedad segoviana. Unos meses después, el 3 de febrero de 1615, el Cabildo recibió 360 pinos de Valsaín para las obras.

A los dos días del incendio, el sábado 20 de septiembre, el Cabildo dio las gracias a la través de los canónigos Luís Coronel y el arcediano de Sepúlveda. Además, el Ayuntamiento y el Cabildo acordaron nombrar dos caballeros para «que les ayuden a pedir en la ciudad a los vecinos de ella» en compañía del corregidor y recoger limosna destinada a la reconstrucción de la torre. También se solicitó a Felipe III la aprobación de impuestos para sufragar los gastos de la restauración: las aportaciones populares ascendieron a 13.000 ducados, mientras que diversas autoridades e instituciones también aportaron su ayuda económica.

El espacio dejado por el antiguo chapitel fue sustituido por la estructura diseñada por el arquitecto del barroco segoviano, Pedro de Brizuela, que conservó los cuatro botareles góticos sobre los que se apoyaba la estructura de madera y se levantó un cuerpo octogonal, cubierto por una media naranja y cupulín.

Fuente de la noticia: El Norte de Castilla, 20 de septiembre de 2015