El restaurante Villa de Sepúlveda crea un postre con el nombre del grupo folclórico para agradecer a sus componentes el concierto benéfico que ofrecieron en la localidad.
Quedan en Segovia ya pocos bares donde el parroquiano puede, si está alegre y le viene en gana, echar unos cantes. La modernidad impone otras normas de comportamiento. El cante ha quedado como un vestigio de las antiguas tabernas. Y bien que lo sienten los de La Ronda Segoviana, ese grupo que hace ya casi cuatro décadas emprendió su andadura, precisamente para evitar la desaparición de las costumbres musicales de esta tierra.
Casualidades de la vida llevaron una noche a La Ronda Segoviana a cenar al restaurante Villa de Sepúlveda, donde su dueño, Eusebio Fernández, después de ofrecer a los artistas rabo de toro —la especialidad de la casa—, bien acompañado con vino de la Ribera del Duero, y en vista del animado ambiente, se envalentonó, comenzó a tocar las palmas, siguió entonando unas coplas… y aquello acabó en una gran fiesta. Fue, según cuentan, una especie de flechazo. La Ronda Segoviana había encontrado su segunda casa.
Aquella velada nació una buena amistad entre La Ronda Segoviana y la familia de Fernández, fortalecida con el paso de los años. Y, no hará mucho tiempo, el hostelero, en virtud a su confianza con los componentes del grupo folclórico, les pidió un favor. Quería que diesen un concierto en Sepúlveda, en el Teatro Bretón, a beneficio de la residencia de ancianos de la localidad, de Cáritas, necesitada de ayuda económica. La Ronda Segoviana, siempre dispuesta a colaborar con ese tipo de causas, no podía negarse. Y menos si el peticionario era su amigo. Con la colaboración del Ayuntamiento, que cedió el Teatro Bretón, se organizó el acontecimiento. El espectáculo, el pasado 4 de abril, resultó un éxito redondo. El público se divirtió de lo lindo. Y, al final, La Ronda Segoviana nombró miembro honorífico de la formación a Fernández.
Como resultaba obligado, tras el concierto hubo banquete en el restaurante Villa de Sepúlveda, y todos los presentes volvieron a demostrar el poderío de sus cuerdas vocales. Las fotos de famosos toreros que decoran el establecimiento pueden dar fe de la juerga.
Desde entonces, el hostelero llevaba dando vueltas a la cabeza. “Quería corresponder al detalle que tuvieron de ofrecer un concierto benéfico en Sepúlveda”, dice. Finalmente, halló respuesta a sus dudas, ideando un postre, ‘La Ronda Segoviana de caramelo de violeta’. Se trata de una mousse de queso y nata, con el toque personal que siempre imprime Pinar de Miguel, la esposa de Fernández. “Está gustando mucho”, dice con satisfacción Fernández, que ya lo ha incorporado a su carta de postres.
“Hay que dar gracias a La Ronda Segoviana por habernos hecho felices en sus conciertos —señala el hostelero sepulvedano—, pero sobre todo me gustaría destacar que son un grupo con unas cualidades humanas extraordinarias”.
La Ronda Segoviana, pues, se puede escuchar. O se puede comer. Pero esto último solo en el restaurante Villa de Sepúlveda, en el barrio de Santa Cruz, entre los recuerdos taurinos de Fernández y familia.
Fuente de la noticia: El Adelantado de Segovia, 2 de Noviembre de 2015

