Martes, 25 Agosto 2026

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Cuatro siglos de caridad

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Sepúlveda recuerda hoy a Pedro Solís, fundador de una obra pía en el siglo XVII que sigue cumpliendo una función social

“In Dei nomine. Amén. Sepan, cuantos esta carta de testamento, última y postrimera voluntad, vieren, como yo, el licenciado Pedro de Solís, vecino y regidor que soy de la villa de Sepúlveda, estando enfermo de la enfermedad que Dios Nuestro Señor fue servido de me dar, y en mi sano juicio y entendimiento, tomando como tomo por señora y abogada a la serenísima Reina de los Ángeles, con los demás santos de la corte celestial, otorgo este mi testamento, en la forma y manera siguiente...”

Así comienza la última voluntad de Pedro Solís, fechada el 9 de enero de 1615, en la que este regidor pide que su cuerpo sea sepultado en la iglesia de San Bartolomé, dando además minuciosos detalles de su entierro y mandando oficiar dos mil misas por su ánima. Asimismo, establece que si algún día se extinguiese su descendencia, los bienes del último heredero pasasen a formar parte de una obra pía, que quedaba instituida a partir de ese momento.

Como esta contingencia acabó acaeciendo, alumbró la obra pía, cuyas rentas, siguiendo el deseo de su fundador, debían dedicarse a los pobres de la parroquia de San Bartolomé más necesitados o para casar una o dos doncellas huérfanas cada año.

Sea como fuere, lo cierto es que la obra pía fue cumpliendo la función para la que fue creada, a pesar de que en algunas épocas hubo de sortear la pillería, como queda expreso en una cita de 1773, en la que se dice “estar experimentando que muchas personas se vienen a vivir a esta feligresía [de san Bartolomé] solo con el fin y pretexto de que se les de limosna, privando de ella a los que verdaderamente corresponde”.

En lo tocante al pago de la dote a las huérfanas se llegó a acumular un largo retraso, como demuestra una petición realizada en 1930 no fue satisfecha hasta 1969.

Los profundos cambios sociales y económicos de la segunda mitad del siglo XX afectaron sobremanera a la institución. Sus responsables acabaron entendiendo que había perdido el sentido dotar huérfanas y dar limosna a los pobres, por lo que impulsaron la conversión de la obra pía en una fundación con fines sociales. Así ha funcionado en los últimos años.

Hoy, Sepúlveda se dispone a conmemorar el cuarto centenario del testamento de Pedro Solís. Para empezar, a las 12.50 horas las campanas de San Bartolomé tocarán clamor en su memoria. Tras la misa, se recuperará la costumbre de colocar una ofrenda de pan y cera sobre la tumba de Pedro Solís, tal y como figuraba en su testamento.

A renglón seguido, los patronos de la fundación celebrarán en el pórtico del templo una breve ‘Junta de Tabla’. La principal novedad de esta reunión será el nombramiento, por vez primera, de una mujer como patrona, un hecho inédito, salvo cuando la villa de Sepúlveda ha estado dirigida por una alcaldesa, dado que la primera autoridad municipal ha presidido siempre el patronato.

Aquellas personas que lo deseen podrán asistir, a continuación, a una comida conmemorativa del cuarto aniversario del testamento de Pedro Solís en el restaurante Cristóbal. Y, para acabar la jornada, el Teatro Bretón acogerá un acto (18.00 horas), en el que intervendrá el alcalde de Sepúlveda, Ramón López; el teniente de alcalde, Miguel Ángel Alonso; y el cronista oficial de Sepúlveda, Antonio Linage.

Alonso se mostró ayer especialmente interesado en divulgar “la multitud de obras de caridad realizadas durante los últimos cuatro siglos”, añadiendo que la actual fundación “sigue manteniendo una función social”. La fundación Pedro Solís es propietaria de un total de 53 tierras en la comarca de Sepúlveda que rentan anualmente cerca de 3.000 euros. Si bien “casi la mitad de ese dinero se dedica al pago del IBI”, los actuales patronos están tramitando la exención de ese impuesto, al entender que la fundación cumple con todos los requisitos para no tener que abonar tal tributo. “Si lo conseguimos —explica Alonso— podremos dedicar todo el dinero que ingresamos cada año a proyectos de interés social”.

En los últimos años, la residencia de personas mayores de Sepúlveda y la escuela de música de la localidad han recibido fondos de la fundación Pedro Solís, así como varios particulares. “Quien se considere necesitado puede solicitar una ayuda”, insiste Alonso, aunque reconociendo que la cuantía no puede ser muy alta.

Hoy, bajo una sepultura situada en el altar mayor de San Bartolomé, el benefactor Pedro Solís comprobará que, cuatro siglos después de su muerte, sus últimas voluntades siguen cumpliéndose.

Guillermo Herrero

Fuente de la noticia: El Adelantado de Segovia, 2 de abril de 2016